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11/03/2021

Miguel Picazo y su San Juan de Dios: El realismo frente a la mística en "El hombre que supo amar"

Póster original de la película 'El hombre que supo amar' (1978), dirigida por Miguel Picazo. En la imagen se ve a un joven Timothy Dalton caracterizado como San Juan de Dios, sosteniendo a una persona enferma en un entorno de luz cálida y dramática. El cartel incluye los nombres del reparto principal: Antonio Ferrandis, Jonathan Burns y Queta Claver.
Carátula de la película

En la trayectoria de Miguel Picazo, existe una pieza fundamental que a menudo queda a la sombra de "La tía Tula", pero que palpita con una fuerza humanista y sobrecogedora: "El hombre que supo amar" (1978). En esta obra, Picazo se aleja de la hagiografía tradicional y de la "estampita" religiosa para ofrecernos un retrato de Juan Ciudad, el futuro San Juan de Dios, que es tanto una crónica de época como un profundo estudio psicológico sobre la caridad extrema.

José Cruset: La base literaria y el rigor de la biografía

El guion de la película bebe directamente de la biografía escrita por José Cruset, titulada precisamente "San Juan de Dios. El hombre que supo amar". Reconocido poeta y biógrafo, fue quien rescató la dimensión más profundamente humana y terrenal del santo. Picazo encontró en su prosa el material perfecto: una narrativa que huía de lo sobrenatural para centrarse en la "locura de amor" de un hombre que, tras una crisis espiritual en la Granada del XVI, decide entregar su vida a los desposeídos. La influencia se nota en la estructura de la película, que prioriza el calvario psicológico y la incomprensión social que sufrió Juan Ciudad antes de ser reconocido como una figura de santidad.

La mirada de Picazo: Del Manicomio de Granada a la Orden Hospitalaria

A diferencia de las versiones cinematográficas previas, Picazo aborda la figura desde el Nuevo Cine Español. Su protagonista no es un ser etéreo rodeado de halos dorados, sino un hombre de carne y hueso que sufre el impacto de la miseria y la injusticia. Utiliza su formación y sensibilidad para explorar la línea divisoria entre la iluminación espiritual y la locura social. Presenta a un hombre cuya empatía resulta subversiva para las estructuras de poder de su tiempo, transformando el concepto de santidad en una forma de resistencia contra el abandono de los más desfavorecidos. Retrata con crudeza el paso de Juan Ciudad por el manicomio de Granada, un lugar de tortura física que Picazo filma con la mirada de quien conoce la represión institucional.

Timothy Dalton: Un Juan Ciudad humano y atormentado

El acierto del casting internacional fue determinante para dotar a la película de una dimensión universal. Un joven Timothy Dalton (antes de su etapa como James Bond) ofrece una interpretación magistral, cargada de una intensidad física (fue determinante el parecido con el busto del santo de Alonso de Mena) y una mirada febril que comunica perfectamente el tormento de quien ve el dolor ajeno como propio. Huye de cualquier rastro de histrionismo místico para encarnar la mansedumbre y, a la vez, la determinación inquebrantable de quien decide fundar un hospital donde otros solo ven "despojos humanos". Junto a él, un reparto de secundarios de lujo como Antonio Ferrandis, José María Prada, Queta Claver, Ángela Molina, Victoria Abril o Fernando Hilbeck terminan de dar cuerpo a esta cruda realidad histórica.

La atmósfera visual: El claroscuro de Manuel Rojas y el espíritu de Ribera

Uno de los pilares de la película es su rotunda factura técnica, donde la dirección de fotografía de Manuel Rojas (colaborador habitual de Garci) resulta fundamental para entender la propuesta de Picazo. Bajo su óptica, la cinta huye de cualquier colorido artificial para abrazar una estética tenebrista que remite directamente a los pinceles de Ribera y a la sobriedad mística de Zurbarán. A través de sombras profundas y una paleta de colores terrosos, la cámara establece una dialéctica visual: diferencia el lujo gélido de las instituciones eclesiásticas frente a la crudeza orgánica de los hospitales de sangre y las celdas de reclusión.

La iconografía del incendio: De Gómez-Moreno a la pantalla

Uno de los momentos cumbres de la cinta es la recreación del incendio del Hospital Real de Granada. Picazo construye una evocación plástica del célebre cuadro de Manuel Gómez-Moreno ("San Juan de Dios salvando del incendio a los enfermos"), cuyo original se custodia en el Museo de Bellas Artes de Granada. Al igual que en el lienzo, vemos a un Juan Ciudad heroico, entrando y saliendo de las llamas con los enfermos en brazos, una imagen que los visitantes pueden reconocer también en la copia que alberga el Museo de San Juan de Dios (Casa de los Pisa). Esta secuencia refuerza la idea del "alter Christus": un hombre que se despoja de sus ropas para tapar al desvalido o que entierra a un niño bajo una lluvia torrencial.


La música de Pérez Olea y el enigma del disco de Columbia

La banda sonora de Antonio Pérez Olea es una pieza singular que rompe con los cánones del cine religioso. Es una música áspera, compuesta expresamente para incomodar y diferenciarse de lo que sería la partitura a la que uno está acostumbrado en este tipo de producciones. Sin embargo, el punto de mayor interés es el disco editado por Columbia. En él se incluyeron dos canciones del grupo Madroñal que, curiosamente, no aparecen en el metraje final de la película. Se dice que estas letras estaban demasiado subidas de tono para la época, con versos tan valientes como: "Granada cristiana, mora y medieval. Junto a cada iglesia se alza un lupanar...". Este rastro sonoro es un testimonio más de la audacia de Picazo.

Crítica y recepción: Lo que dijo López Sancho en ABC

Estrenada con retraso en pleno proceso de cambio político en España (1978), la película fue recibida por la crítica con un respeto hacia la honestidad de Picazo. Críticos como López Sancho en el diario ABC destacaron la capacidad del director para "servir a la figura histórica sin caer en el panfleto", alabando la nobleza y la profesionalidad técnica de su planteamiento. Sin embargo, es fundamental recordar la visión de la joven crítica de la época, representada por figuras como Fernando Trueba, que la tildó de "penosa superproducción".

El legado de Picazo: El cineasta de las periferias emocionales

"El hombre que supo amar" reafirma a Miguel Picazo como el gran analista de las frustraciones y las represiones. Si en sus obras anteriores exploró la represión sexual y social, aquí analiza la represión de la caridad. Su San Juan de Dios es un hombre que incomoda porque su bondad pone en evidencia la hipocresía del sistema. Esta película, que destaca por su ambientación de la Granada renacentista, queda como un testimonio imprescindible del cine español de finales de los 70; una obra de resistencia psicológica que hoy recuperamos con todo su valor en el blog "No sin los títulos de crédito". Si quieres saber más, consulta mi análisis en vídeo en mi canal de YouTube "El coleccionista" (acuérdate de darle a sucribirse😉si quieres que este tipo de cine y de análisis puedan seguir)




Ficha Técnica:

  • Director: Miguel Picazo.

  • Basado en la obra de: José Cruset ("San Juan de Dios. El hombre que supo amar").

  • Guion: Miguel Picazo y Santiago Moncada.

  • Fotografía: Manuel Rojas.

  • Reparto: Timothy Dalton, Antonio Ferrandis, José María Prada, Ángela Molina.

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