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13/07/2026

¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (Billy Wilder, 1974)

Miniatura de Avanti! de Billy Wilder, con Jack Lemmon y Juliet Mills sobre un fondo de costa italiana, un ataúd y unas maletas, destacando el título español ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? y el título original Avanti!.

 

Avanti!: Billy Wilder, Jack Lemmon y el consuelo de volver cada verano a Italia

El verano como refugio secreto

Cada verano queda el consuelo de volver a Avanti!. Cuando el cine actual se pone demasiado ruidoso, demasiado urgente o demasiado calculado, la película de Billy Wilder aparece como una vieja habitación de hotel frente al mar: no promete grandes sobresaltos, pero acaba dejando una tristeza luminosa, una sonrisa amarga y la sensación de haber visto una comedia mucho más sabia de lo que parecía.

Estrenada en 1972 y conocida en España con el título más comercial de ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, Avanti! empieza con dos cadáveres y termina convertida en una de las comedias más extrañamente vitales de Wilder. Un ejecutivo norteamericano viaja a Italia para recoger el cuerpo de su padre, muerto en accidente de coche. Allí descubre que el respetable difunto viajaba acompañado de su amante inglesa, con la que llevaba años compartiendo un mes secreto de felicidad en Ischia.

La hija de ella llega también para hacerse cargo del cadáver de su madre. Y entonces la película se abre como una puerta de hotel: pasillos, maletas, funcionarios, criados, chantajes, desayunos, baños desnudos, viejas canciones italianas y una revelación incómoda. Los hijos han ido a enterrar a sus padres, pero terminan descubriendo que aquellos muertos habían vivido con más intensidad que ellos.

Ese es el secreto de Avanti!: bajo su apariencia de comedia pícara y mediterránea, Wilder habla del tiempo perdido, de la felicidad clandestina y de esos paréntesis que algunas personas se conceden cuando la vida oficial ya no les da oxígeno.

Un Wilder crepuscular frente al nuevo Hollywood

Billy Wilder dirige Avanti! en un momento delicado para el cine clásico norteamericano. Hollywood estaba cambiando de piel. Llegaban otros ritmos, otras violencias, otros rostros, otros desencantos. El cine de los setenta caminaba hacia territorios más ásperos, más políticos, más nerviosos. Frente a ese paisaje, Wilder entrega una película larga, dialogada, elegante, con aire de vieja comedia sofisticada y sabor mediterráneo.

El guion, escrito junto a I. A. L. Diamond, parte de una obra teatral de Samuel A. Taylor, autor vinculado también a Sabrina. Wilder toma la situación de partida y la convierte en territorio propio: un escándalo familiar, un muerto respetable, una amante secreta, un hijo puritano, una mujer inglesa llena de pudor y un hotel italiano donde cada empleado parece conocer mejor la vida que los propios protagonistas.

El material promocional español insistía en esa mezcla de comedia, picardía y choque cultural. Presentaba a Wendell Armbruster Jr. como un alto ejecutivo norteamericano, prepotente e insensible, y a Pamela Piggott como una muchacha inglesa rubia, redondita y encantadora. La promoción intentaba vender una comedia de enredo con su punto atrevido, aunque la película tiene mucha más hondura.

Wilder filma una comedia moral sobre la vida que se escapa entre obligaciones, reuniones, matrimonios respetables y entierros cuidadosamente organizados.

El título español y el equívoco de la picaresca

El título original, Avanti!, tiene una elegancia que el título español pierde. “Avanti” significa adelante, pase, continúe. Hay en esa palabra una invitación a cruzar una puerta, a seguir viviendo, a no quedarse atrapado en el duelo ni en la vergüenza. El título español, ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, buscaba la curiosidad inmediata, el morbo familiar, la comedia picante.

La crítica de ABC, firmada por Lorenzo López Sancho en 1973, lo vio con claridad. Reconocía que el título español podía ser más taquillero, pero mucho menos adecuado al espíritu de la película. Para él, Wilder había hecho una demostración admirable: la comedia cinematográfica al antiguo modo seguía viva, refinada y llena de posibilidades.

Ese contraste entre título y película resulta muy revelador. La distribuidora parecía prometer un vodevil de padres pillados en falta. Wilder entregaba una fábula amarga sobre la respetabilidad, el deseo y la posibilidad de vivir unos pocos días al año con verdadera libertad.

Jack Lemmon: el americano que quiere organizar hasta la muerte

Jack Lemmon interpreta a Wendell Armbruster Jr., ejecutivo norteamericano recién ascendido, cargado de tensión, úlcera, llamadas, obligaciones y esa seguridad antipática de quien cree que el mundo entero debería funcionar como una oficina. Llega a Italia para resolver el traslado del cadáver de su padre con eficacia empresarial. Quiere identificar el cuerpo, firmar los papeles, evitar el escándalo y regresar cuanto antes a Baltimore.

Italia le responde con otra lógica: almuerzos, demoras, propinas, burocracia, sonrisas, favores, chantajes, habitaciones de hotel y empleados que conocen todos los secretos. Wendell cree estar gestionando una muerte. En realidad está entrando en una educación sentimental.

Lemmon construye el personaje desde la rigidez. Aquí resulta más seco, más crispado, más desagradable al principio. Esa contención hace que su transformación tenga más peso. Primero se irrita. Luego se desconcierta. Después empieza a escuchar. Finalmente comprende que su padre era algo más que un empresario respetable: un hombre que durante un mes al año escapaba de su propia estatua.

ABC resumía esa doble vida con una frase magnífica: once meses en Baltimore como hombre de empresa y un mes en Ischia como perfecto enamorado romántico. La reseña veía en la película una protesta fina contra ciertas costumbres norteamericanas y un canto al amor, al sol, a la naturaleza y a la sonrisa frente a las convenciones.

Ese es uno de los grandes hallazgos de Avanti!: Jack Lemmon llega a Italia para recoger un muerto y acaba descubriendo que el muerto había sabido vivir mejor que él.

Juliet Mills: Pamela Piggott y la dulzura herida

Juliet Mills es uno de los grandes encantos de la película. Hermana mayor de Hayley Mills e hija del gran Sir John Mills, encontró en Avanti! uno de sus papeles cinematográficos más hermosos. Después no tuvo en el cine la carrera que este trabajo podía anunciar, aunque siguió muy activa en televisión y teatro. Viendo la película, cuesta no lamentarlo.

Su Pamela Piggott entra con una mezcla preciosa de pudor, inseguridad, ironía y ternura. Es la hija de la amante muerta. También ella llega a Italia para hacerse cargo de un cadáver, aunque pronto deberá enfrentarse a algo más incómodo que la muerte: la verdadera vida de su madre.

Pamela tiene complejos, vergüenza, sensibilidad y una dignidad tranquila. Wilder la mira con una ternura especial. Su cuerpo, su timidez y su manera de relacionarse con Wendell permiten que la película se aleje del simple chiste de adulterio y alcance una melancolía mucho más profunda.

La crítica española fue muy generosa con ella. ABC llegó a decir que Juliet Mills era un descubrimiento, y no exageraba. Su trabajo sostiene buena parte del tono emocional de la película. Ella suaviza al personaje de Lemmon, lo descoloca, lo obliga a mirar aquello que preferiría despachar como un asunto vergonzoso.

Pamela comprende poco a poco que su madre fue algo más que “la amante”. Fue una mujer que durante años compartió un ritual secreto de felicidad. Un mes al año, en Italia, lejos del juicio de los demás. La película observa esa relación como una forma imperfecta, clandestina y profundamente humana de resistir a la vida oficial.

El baño desnudo: una escena atrevida con alma de comedia clásica

Una de las escenas más recordadas de Avanti! es el baño desnudo de Wendell y Pamela. Ella entra en el mar sin ropa. Él, escandalizado al principio, acaba siguiéndola. La escena tenía un evidente atractivo promocional y el pressbook español la subrayaba con descaro, pero Wilder la utiliza con inteligencia.

La escena funciona como un desarme. Los dos personajes se desprenden de la ropa, de la rigidez, de la vergüenza, del luto mal llevado y de esa moral heredada que les impide entender a sus propios padres.

Y cuando la película podría abandonarse al romanticismo, Wilder mete el aguijón cómico: Bruno, el criado del hotel, los fotografía con una Polaroid. Después intentará cambiar esas imágenes comprometedoras por un pasaporte americano. El deseo se convierte de pronto en chantaje, papeleo y enredo. Puro Wilder: el momento íntimo nunca queda a salvo de la maquinaria cómica.

Clive Revill: el hotelero que conoce todos los pecados

Clive Revill interpreta a Carlo Carlucci, director del hotel. Es una de esas creaciones secundarias que acaban sosteniendo una película entera. Carlucci posee elegancia, paciencia, picaresca y una cortesía llena de doble fondo. Dirige el hotel y administra secretos.

Wilder había pensado en actores italianos como Nino Manfredi, Alberto Sordi o Romolo Valli para el papel, pero necesitaba a alguien con dominio del inglés y ritmo suficiente para enfrentarse verbalmente a Jack Lemmon. Eligió a Revill, neozelandés, actor de enorme oficio teatral, capaz de dar a Carlucci una italianidad estilizada, eficaz y encantadora.

Carlucci entiende la historia de los amantes muertos mejor que nadie. Observa, protege, arregla, demora y empuja los acontecimientos con suavidad. Representa una Italia flexible, discreta y emocionalmente mucho más sabia que el mundo del que procede Wendell.

ABC lo elogió como actor cómico sobrio, fino y convincente. La definición encaja perfectamente. Cada aparición suya mejora el ritmo de la película. Carlucci es el sacerdote laico del hotel, el hombre que sabe que la vida se compone de habitaciones cerradas, favores, mentiras piadosas y sonrisas oportunas.

Edward Andrews y la llegada del establishment

Edward Andrews aparece como J. J. Blodgett, diplomático americano y representante de la autoridad oficial. Su presencia introduce de golpe el mundo que Wendell empieza a dejar atrás: la embajada, la reputación, el traslado del cadáver, el orden institucional, la voz del poder.

Wilder explicó en el material promocional que veía a Blodgett como parte del establishment y que lo había estilizado casi como un personaje de dibujo humorístico. Su función resulta clara: traer de vuelta el mundo de la oficina, el helicóptero, el cargo y la respetabilidad.

Blodgett llega cuando Wendell empieza a sentirse atraído por Pamela y por la filosofía vital que respira el hotel. Su aparición recuerda que toda aventura tiene fecha de regreso. La vida oficial aguarda al otro lado del mar, con su esposa, sus negocios, sus cargos y su fachada respetable.

Los secundarios italianos: picaresca, burocracia y humanidad

Los actores italianos dan a Avanti! su sabor popular. Gianfranco Barra como Bruno, Franco Angrisano, Franco Acampora, Pippo Franco, Giselda Castrini y otros rostros secundarios convierten la película en una pequeña comedia coral de funcionarios, empleados, hermanos chantajistas, criados listos y testigos silenciosos.

Hay tópicos italianos, desde luego: la propina, la demora, el papeleo, el almuerzo, el arreglo por debajo de la mesa. Wilder juega con ellos con placer, aunque la sátira apunta con más fuerza hacia el americano rígido que pretende dominarlo todo. Italia aparece caótica, interesada y teatral, también más viva, más sensual y más comprensiva.

Los italianos de Avanti! funcionan como contrapunto moral. Frente a la eficiencia fría de Wendell, ellos introducen tiempo, ceremonia y elasticidad. Frente al escándalo, ofrecen discreción. Frente a la muerte, rutina. Frente al amor clandestino, comprensión práctica.

Rodaje: Ischia, Sorrento, Capri y una Italia de postal con veneno

Aunque la acción se asocia sobre todo a Ischia, el rodaje construye su Italia emocional con Sorrento, Capri, la costa amalfitana, Roma y estudios italianos. El hotel funciona como gran escenario de comedia: recepción, pasillos, habitaciones, teléfonos, puertas, camareros, ascensores y maletas. Wilder conserva algo del origen teatral de la historia, pero lo abre al paisaje mediterráneo.

El sur de Italia se convierte en un personaje más. La luz, el mar, las terrazas, las rocas y la música empujan la transformación de Wendell. El protagonista llega con prisa, pero el espacio lo obliga a respirar. Llega para cerrar un expediente y acaba descubriendo una emoción.

La fotografía de Luigi Kuveiller aporta una calidez decisiva. Es una luz de postal setentera, sí, pero una postal atravesada por la muerte, el adulterio y la sátira. Wilder coloca cadáveres bajo el sol. Ese contraste resulta fundamental. La película habla de ataúdes, certificados y cuerpos trasladados, pero la imagen respira verano, mar y deseo.

La dirección artística mantiene ese equilibrio entre realidad turística y decorado de comedia clásica. El hotel parece real y teatral a la vez. Cada espacio está preparado para que el diálogo avance, para que el equívoco circule y para que los personajes entren y salgan como en una pieza de relojería.

La música de Carlo Rustichelli: canciones italianas, vacaciones y despedida

La música de Carlo Rustichelli resulta esencial para que Avanti! no quede en simple comedia turística. No subraya el chiste ni aplasta la emoción. Crea una atmósfera italiana de canción popular, romanticismo suave, melancolía y ligereza. Suena a vacaciones, aunque en el fondo acompaña una despedida.

La crítica de ABC ya destacaba en 1973 que la película tenía una música “felicísima” y “adecuadísima”, y no era un elogio menor. En Avanti!, la música ayuda a sostener ese tono tan difícil: cadáveres, adulterio, burocracia, chantaje y, al mismo tiempo, sol mediterráneo, baños en el mar, terrazas y deseo tardío.

Rustichelli trabaja con una sensibilidad muy italiana, apoyándose en melodías que parecen venir de la canción popular, de la canción napolitana, del hotel junto al mar y de esas radios que suenan en verano como si el mundo no tuviera prisa. Entre las canciones asociadas a la película aparecen temas como “Senza fine”, “Un’ora sola ti vorrei” y “Palcoscenico”, que encajan de maravilla con la historia.

“Senza fine” tiene algo de amor suspendido, de relación que parece resistirse a terminar. Es perfecta para esa historia de los padres muertos, que durante años repitieron el mismo ritual secreto en Italia. “Un’ora sola ti vorrei” parece escrita para el corazón melancólico de la película: solo una hora contigo, solo un pequeño margen de felicidad antes de volver a la vida oficial. Y “Palcoscenico”, con esa idea de escenario, encaja muy bien con el hotel de Wilder, convertido en teatro de secretos, entradas, salidas, mentiras y revelaciones.

La banda sonora funciona casi como una memoria sentimental. Los amantes muertos ya no pueden hablar, pero la música parece hablar por ellos. Cada melodía sugiere que aquel adulterio tuvo la forma de una costumbre amorosa, un calendario secreto, una fidelidad escondida que solo existía durante unos días al año.

Ese contraste es precioso. La música invita al paseo, al vino blanco, al baño, al almuerzo lento y a la terraza frente al mar. Pero la historia gira alrededor de dos cadáveres y de una revelación familiar. Rustichelli entiende el tono de Wilder: la muerte puede estar bañada por el sol, el duelo puede tener ritmo de comedia y una canción italiana puede hacer más comprensible un pecado que cualquier sermón moral.

Por eso la música de Avanti! parece música de vacaciones, aunque en realidad es música de despedida. Mientras Wilder coloca ataúdes, certificados y funcionarios, Rustichelli recuerda que aquellos dos muertos tuvieron una vida secreta quizá más viva que la de quienes han ido a enterrarlos.

La banda sonora de Avanti! acompaña el recuerdo de una felicidad clandestina. Sus canciones suenan ligeras, casi veraniegas, pero debajo llevan la tristeza de quienes solo pudieron vivir de verdad durante un mes al año.

Una duración generosa para una comedia a contracorriente

Avanti! ronda las dos horas y media. Es mucho para una comedia romántica. En su momento, esa duración pudo jugar en contra. Algunos la vieron lenta, demasiado relajada, incluso algo anticuada. El Wilder de Con faldas y a lo loco, El apartamento o Uno, dos, tres parecía moverse con una precisión más afilada.

Aquí el ritmo es otro. La película se toma tiempo para que el hotel respire, para que las comidas se alarguen, para que los trámites se acumulen, para que el deseo aparezca sin prisa. Ese tempo puede desconcertar a quien busque una comedia de gag continuo. Pero también constituye su encanto. Avanti! habla de un hombre que aprende a dejar de tener prisa. La forma acompaña esa transformación.

Vista hoy, esa lentitud tiene algo de lujo. Wilder permite que el espectador se instale en la película como en un hotel antiguo. Uno entra, deshace la maleta y acepta el ritmo de la casa.

La recepción española: comedia deliciosa con alfileres

La reseña de ABC fue entusiasta. Hablaba de una historia tiernísima e ingeniosa, de diálogo burbujeante, de gags verbales, ironías y sorpresas. También destacaba la pintura de Ischia, los tipos italianos, el personaje del director del hotel y escenas como el entierro acompañado por violines y guitarras napolitanas.

Lo más interesante llega al final de esa crítica: bajo la sonrisa, Wilder habría instalado “alfileritos” de sátira contra las nalgas respetables de la organización burguesa-capitalista occidental. La imagen es estupenda. Resume muy bien el mecanismo de la película. Avanti! sonríe, pero pincha. Acaricia, pero deja marca.

El artículo de Filmoteca de Catalunya, años después, la presentaba bajo una idea muy certera: secretos de familia. Esa lectura ilumina el centro de la película. Wendell y Pamela descubren una vida oculta de sus padres, una intimidad que contradice la imagen oficial que tenían de ellos.

Secretos de familia y felicidades clandestinas

La película tiene una tristeza muy particular porque el gran amor que la sostiene ya nos llega muerto. Apenas vemos a los amantes. Los reconstruimos a través de habitaciones, empleados, rutinas, objetos, canciones, comentarios y cadáveres. Es un romance contado desde sus restos.

Wendell y Pamela heredan una revelación. Sus padres tenían una doble vida. Durante años se encontraban en Italia, repetían rituales, ocupaban el mismo hotel, compartían baños, comidas, noches y amaneceres. Esa constancia convierte el adulterio en algo más complejo que una simple aventura. Había rutina amorosa, fidelidad secreta, una forma de matrimonio paralelo sin papeles.

Wilder mira esa relación con ironía, ternura y comprensión adulta. La pregunta que deja flotando es incómoda: ¿qué ocurre cuando la vida respetable se vuelve tan estrecha que la felicidad solo puede existir a escondidas?

Esa pregunta da a Avanti! su melancolía. Los muertos no pueden explicarse, pero su historia transforma a los vivos. Pamela entiende mejor a su madre. Wendell empieza a entender a su padre. Y el espectador comprende que la película habla de una felicidad imperfecta, discutible, clandestina, pero verdadera.

Una comedia antigua con una herida moderna

Avanti! parece una comedia clásica colocada en pleno cine de los setenta. Tiene diálogos cuidados, secundarios deliciosos, equívocos, ritmo teatral, música sentimental y una estructura de transformación moral. Bajo esa apariencia elegante asoma una herida muy moderna: la sospecha de que la vida oficial puede ser una impostura.

El matrimonio, la empresa, la reputación, el apellido familiar y la respetabilidad aparecen como decorados sociales. Frente a ellos, el hotel italiano ofrece un espacio provisional donde los personajes pueden permitirse otra identidad. Durante unos días, las reglas se aflojan. La muerte abre una grieta por la que entra la vida.

Por eso la película gana con los años. Quizá no tenga la perfección geométrica de los grandes Wilder. Quizá su duración pese en algunos tramos. Quizá su Italia resulte por momentos tópica. Pero su tono, su tristeza soleada y su defensa de los momentos robados la convierten en una obra mucho más valiosa de lo que indica su fama secundaria.

El muerto que enseña a vivir

El gran chiste de Avanti! es amargo: los vivos llegan a enterrar a los muertos, pero son los muertos quienes les enseñan a vivir. El padre de Wendell, que parecía una figura respetable y convencional, escondía una vida secreta más luminosa que la de su hijo. La madre de Pamela, reducida en apariencia al papel incómodo de amante, había construido una historia de amor que sobrevivía en las rutinas del hotel, en la memoria de los empleados y en las canciones italianas.

La película empieza con un trámite funerario y acaba convertida en una invitación a respirar. Wilder coloca cadáveres, sellos, chantajes, diplomáticos y maletas, pero deja al fondo una pregunta dolorosa: ¿cuánta vida auténtica cabe dentro de una existencia respetable?

Avanti! es una comedia de verano con sombra de cementerio. Una película larga, cálida, imperfecta, elegante y profundamente humana. Una obra que cada año apetece recuperar cuando llega el calor, porque su Italia imaginaria sigue ofreciendo algo que el cine actual rara vez concede: tiempo para mirar, para escuchar, para sonreír con tristeza y para recordar que a veces la felicidad llega tarde, escondida y durante muy pocos días.

Por eso seguimos volviendo a ella. Porque Billy Wilder empieza con dos cadáveres y termina hablándonos de la vida. Porque Jack Lemmon viaja a Italia para recoger un cuerpo y encuentra una emoción. Porque Juliet Mills convierte la timidez en encanto. Porque Clive Revill administra secretos como quien sirve el desayuno. Porque Rustichelli hace que una despedida suene a canción de verano.

Y porque, al final, Avanti! nos deja una verdad incómoda y hermosa: hay muertos que han vivido mucho más que los vivos.




15/03/2026

¡Qué me importa el dinero! (Frank Tashlin, 1962)


Primer plano de Jerry Lewis interpretando a Lester March con una expresión de sorpresa y confusión, vestido como técnico reparador de televisores.

 El eslabón perdido de la comedia visual 

A menudo, la historia del cine tiende a simplificar la carrera de Jerry Lewis dividiéndola entre sus años con Dean Martin y su explosión como director total. Sin embargo, en ese intermedio creativo se alza ¡Qué me importa el dinero! (1962) (It´s Only Money), una película que funciona como el puente de oro definitivo. Bajo la dirección del visionario Frank Tashlin y con un guion de John Fenton Murray, esta obra consolidó la independencia de Lewis, además de servir de laboratorio técnico para lo que sería, apenas un año después, El profesor chiflado. En el marco del centenario del nacimiento de Jerry Lewis (1926-2026), redescubrir esta cinta es entender la arquitectura misma de su genio.

Sinopsis: El detective por accidente

La trama nos presenta a Lester March (Jerry Lewis), un ingenuo reparador de televisores cuya verdadera pasión es emular a los duros sabuesos de las novelas pulp. Su vida da un vuelco surrealista al descubrir que es el único heredero de la inmensa fortuna de la familia Albright. A partir de aquí, la narrativa se convierte en un ingenioso juego del ratón y el gato: mientras Lester intenta ejercer de detective en la mansión familiar, el abogado corrupto de la familia (Zachary Scott) orquesta una serie de disparatados intentos de asesinato para eliminarlo. El film culmina en un prodigio de técnica visual donde Lester debe sobrevivir a una horda de cortadoras de césped radio-controladas, una secuencia que cristaliza la obsesión de Frank Tashlin por la rebelión de los objetos contra el hombre y que convierte una intriga criminal en una coreografía de caos absoluto.

La Estética del "Noir" en Blanco y Negro: La mano de W. Wallace Kelley

Uno de los aspectos más fascinantes y menos discutidos del film es su fotografía. Aunque Lewis era un ferviente defensor del color, la decisión de rodar en blanco y negro bajo la lente de W. Wallace Kelley fue una elección artística estratégica. Kelley, quien más tarde capturaría la explosión cromática de El profesor chiflado, utiliza aquí una iluminación de alto contraste que evoca las sombras del cine negro de los años 40. Este claroscuro sirve para enmarcar la elasticidad facial de Lewis en una atmósfera de misterio real. Como señalaba la crítica retrospectiva del ABC (07/03/1997), esta ausencia de color permite que la película se perciba como un "homenaje al cine mudo", donde la pureza del gag visual se impone sobre cualquier artificio decorativo.

Jack Weston y el Reparto de Contraste: La Seriedad como motor cómico

El éxito de esta producción reside en la sabiduría de Tashlin para rodear a Lewis de actores de un peso dramático incuestionable. Destaca por encima de todos Jack Weston, en el papel del mayordomo Leopold. Weston, un actor de una versatilidad extraordinaria que interpreta a un secuaz mayordomo que oscila entre lo amenazante y lo patético, creando una química de caos contenido frente a la energía desbordante de Jerry.

Acompañando a Weston, encontramos a Zachary Scott, cuya frialdad de villano clásico de la Paramount eleva la apuesta: cuanto más serio es el entorno, más hilarante resulta la torpeza de Lester March. No podemos olvidar a Mae Questel, la voz de Betty Boop, quien aporta esa energía de dibujo animado que tanto buscaba Tashlin.

El Guion de John Fenton Murray: La deconstrucción del Héroe

El guion de John Fenton Murray es una pieza de relojería que trasciende el simple sketch. Murray, conocido por su habilidad para situar a personajes inadaptados en entornos profesionales complejos —como haría más tarde en Su juego favorito para Howard Hawks—, construye aquí una sátira sobre la identidad. La premisa del reparador de televisores que aspira a ser detective es la excusa perfecta para parodiar la obsesión americana por la tecnología y la herencia.

Esta relevancia temática se vio reflejada en la ingeniosa campaña de marketing en España. El diario ABC (19/12/1964) publicó anuncios que simulaban una búsqueda real de un heredero llamado "Lester Marzo", ofreciendo recompensas de 100.000 dólares. Esta maniobra desdibujaba las fronteras entre la ficción y la realidad, convirtiendo el estreno en un evento social.

El ADN de la torpeza: De Lester March a la sombra de Clouseau, Drebin y Mr. Bean

El personaje de Lester March se erigió como el molde genético para los grandes detectives torpes que dominarían la comedia décadas después. Su mezcla de una confianza ciega en sus nulas habilidades y una asombrosa capacidad para sobrevivir al desastre por puro azar sentó las bases de lo que más tarde veríamos en el Inspector Clouseau de Peter Sellers, en la solemnidad ante el absurdo del Frank Drebin de Leslie Nielsen o incluso en la conflictiva relación con los objetos cotidianos de Mr. Bean y Johnny English de Rowan Atkinson. Esa lógica del error y la lucha física contra un entorno hostil son el ADN que Lewis y Tashlin legaron a la posteridad, convirtiendo a este reparador de televisores en el antepasado directo de los sabuesos más inútiles, queridos y universales de la gran pantalla

El Laboratorio de la Destrucción Mecánica

La película es recordada por su clímax: la persecución de las cortadoras de césped. Este ballet de destrucción fue un suplicio técnico en el set. Jerry siempre obsesionado con el timing, se enfrentó a máquinas que, debido a interferencias de radio, parecían cobrar vida propia. Esta lucha del hombre contra el objeto es el núcleo de la filosofía de Tashlin, quien veía en Lewis a un instrumento rítmico capaz de dialogar con la tecnología de forma cómica.

Conclusión

Al acercarnos al 2026, ¡Qué me importa el dinero! se reivindica como la declaración de principios de un autor que ya desarrollaba su madurez. Es una película que, sesenta años después, sigue demostrando que la risa es una cuestión de precisión, sombras y un poco de caos mecánico. Como bien resumió la crítica del ABC en su estreno en Sevilla: "un sorprendente clima cómico durante toda la proyección".

Bibliografía y Fuentes para el Blog:

  • Hemeroteca Histórica ABC (Ediciones 1964, 1965, 1997, 2001).

  • Neibaur, J. L. (1995). The Jerry Lewis Encyclopedia.

  • Lewis, J. (1971). The Total Film-Maker. Random House.

  • Entrevistas de Peter Bogdanovich a Frank Tashlin (1962-1970).

27/07/2023

Jour de Fete (Día de fiesta) de Jacques Tati

 


Ya en pleno verano suelo ver cada año Las vacaciones de Monsieur Hulot de Jacques Tati, un cineasta que creo que vuelve a estar en el olvido últimamente a pesar de una filmografía fácil de encontrar y  presentada de manera brillante en un pack que editó "A Contracorriente", pero he optado por hablar de su primera película Jour de Fete (Día de fiesta) (1947), quizá porque me consta que a más de uno le cuesta conectar con él y quizá con esta le sea más fácil entrar en su universo.

 

Tati fue como un símbolo para varias generaciones asiduas a los cineclubs y a las llamadas "salas de arte y ensayo", recuerdo en la biblioteca de la Filmoteca en Barcelona la cantidad de material que se podía hallar de él. Sin embargo, a diferencia de Chaplin,  Keaton o Lewis, no gozó de la popularidad del gran público, realizó solo 7 películas en 30 años...Perfeccionista hasta el límite, Tati se endeudó mucho después de Mí tío y tuvo muchos problemas personales. Fue un cineasta que no quiso tampoco aceptar ayudas a cambio de alterar su concepción del celuloide. Se definía como payaso y que le alegraba más la sonrisa de un niño que la de su banquero.

Cuando uno ve una película suya ya no sabe qué versión ha visto, en el pack antes citado tenemos varias, pasando por metrajes añadidos o suprimidos o cambiando el ritmo de la banda sonora. Jour de Fete  fue rodada en un sistema experimental llamado "Thomsoncolor" que pretendía ser una alternativa al Technicolor, por si acaso la rodó con otra cámara en blanco y negro e hizo bien porque los problemas posteriores para revelarla hicieron que tal copia quedara inutilizada.

Tras su muerte en 1982, su hija al cabo de cinco años encontró unos rollos que habían sido tirados a la basura en 1971 y por suerte salvados, tras arduo trabajo y con fidelidad al guion original de Tati, en 1995 se estrenó tal versión. Era tal la admiración hacia su figura que la información copaba la primera pagina de la sección de cultura y espectáculos de varios diarios.

Jour de Fete es una película entrañable, sencilla, amable… El argumento es mínimo: la llegada de un grupo de feriantes entremezcladas con las aventuras del cartero del pueblo interpretado por Tati que se obsesiona al ver cómo los americanos están más "modernizados".


   

 El cariño con que el autor mira esa aldea, que tal vez no aparezca ni en los mapas, está cargado de gran sensibilidad, de ahí la importancia de personajes como la abuela que siempre está en la calle y conoce a todo el mundo, arquetipo de una vida feliz sin apenas medios, o echar la mirada hacia la infancia con los niños entusiasmados detrás de los caballitos. 

Tati, aunque aun no era "Monsieur Hulot" ya mostraba muchas características de él y la película tiene los caracteres típicos de su obra, aunque no tan materializados. El sonido, por ejemplo, es un personaje más, da muchas veces la sensación como de estar leyendo un cómic, a ello se añadían unas bandas sonoras pegadizas e inolvidables que no paran de sonar. Los gags son geniales, aquí mostrados también con más ligereza, en su obra posterior hasta es difícil poder captar todo lo que la pantalla ofrecía, de ahí que sus películas pierdan en televisión.

Ver Jour de Fete en color supone también una gran introducción a cómo iría empleándolo, para las imágenes correspondientes al pueblo utiliza diversas tonalidades de gris, el propio Tatí decía:  me costó mucho trabajo hacer esta película en color, que pintaran muchas puertas de gris bastante oscuro en el pueblecito, que los campesinos se vistieran con chaquetas negras para que no existiera casi ningún color en la plaza. El color lo traían los feriantes, el tío vivo, los caballitos de madera y las casetas de los feriantes.”

Aparte de las ediciones en DVD de Tati, tienen sus películas en Filmin que aparecen y desaparecen, aunque la copia que exhiben es la de en blanco y negro, sirva esto para recordar la importancia del formato físico. Por último, no pasa absolutamente nada si no les gusta Tati, pero no lo dejen de lado y pruébenlo de tanto en tanto, llegará un día quizá que les atrape, su obra debería ser exhibida en cualquier museo de arte moderno.

21/01/2021

100 años de El chico de Chaplin: Risas y tal vez unas lágrimas

 

Se cumplen cien años del estreno de El chico de Charles Chaplin el 21 de enero de 1921 en el Carnegie Hall de la ciudad de Nueva York, dentro de una función benéfica. Para celebrarlo, "A Contracorriente Films", la reestrenará en cines restaurada en 4 K el próximo 5 de febrero. Fue el primer largometraje oficial de su autor y evidentemente un punto de inflexión en su carrera. Después de su etapa exitosa en la Mutual decidió que era hora de innovar y dejar a un lado los cortos para elaborar un largo. 

Ya establecido en la First National empieza a dirigirla en 1919 y se alargará un año por diversos problemas. En octubre de 1918, Chaplin se había comprometido en un matrimonio apresurado con una actriz de 17 años, Mildred Harris. La pareja tenía poco en común y el director se sentía bloqueado artísticamente y sufrió un trauma agudo cuando quedó embarazada y dio a luz a un niño deforme, que murió después de tres días. Una semana y media después de que enterraran a su propio hijo, comenzó a idear lo que sería su primer largo, aquello le hacía tener de nuevo ilusión y la historia en la que el pequeño vagabundo se convertiría en el padre sustituto de un niño abandonado también le haría recuperar su creatividad artística.

 Uno de los pilares de la obra es sin duda Jackie Coogan, actor infantil que empatiza perfectamente con él. Las escenas con los dos juntos alcanzan una de las cotas más entrañables y sensibles de la historia del cine, más de uno tenemos en casa algún póster con ellos y seguro que si van a cualquier tienda  verán alguno.









 La química fuera de la pantalla era tan fuerte como su relación dentro. Todos los domingos, durante las primeras semanas de rodaje,  lo llevaba a parques de atracciones y otras actividades. Algunos han visto su relación  como un intento para reclamar su propia infancia infeliz, mientras que otros la han interpretado en un intento de refundir a Coogan en el niño que acababa de perder. Charlie T. Robinson escribió lo siguiente: "Yo sé de modo cierto que el asunto de El chico no es, en realidad, más que un capítulo de la infancia de Charles Spencer Chaplin. El mismo Charlot me lo afirmado, y que yo sepa, es ésta una confidencia que nunca hizo a nadie más."

 Para los devotos de Chaplin, entre los que me cuento, esta es quizá la película que más veces hayan visto, reúne toda una serie de características  sabiamente encajadas que la convierten en una obra de arte donde como dice el rótulo del principio, soltaremos sonrisas y alguna que otra lágrima, caracteristica chapliniana por excelencia. Sobre su obra diría: “Quería hacer un filme serio qué, entre muchos incidentes cómicos o burlescos, encerrase una ironía capaz despertar la piedad con un sentido de sátira que destacara los aspectos más bufos” 

En El chico observamos varios temas, Chaplin perdona la acción de la madre, que pasa del suicidio al arrepentimiento y a buscar a su hijo abandonado, en cambio deja de lado al padre, el cual parece arrepentirse durante varios segundos cuando por error tira una foto de ella al fuego, pero inmediatamente la vuelve a arrojar. La reivindicación de una caridad real y no fingida está presente en cada uno de los fotogramas, se critica el poco cariño hacia las personas con detalles como el de una maternidad cuyas puertas parecen las de una cárcel, o asimismo el camión del orfanato que más bien parece llevar ganado.

 

Hay señales de cierto cristianismo también, no más comenzar vemos la silueta del Cristo llevando la cruz, se bendice la mesa (algo que Coogan hacía de una manera entrañable y graciosa), reza antes de acostarse, el sueño final con los personajes vestidos de ángeles y la entrada de los demonios… Precisamente en esta escena última se puede hacer una lectura de que todos en un principio somos buenos, pero que el mal es el que ha ido entrando como si la tentación de Eva siguiera en la sociedad. En cuanto escenas inolvidables, seguramente estarán pensando en la del niño rompiendo cristales a pedradas y dándose a la fuga para que luego aparezca Charlot que pasaba por ahí y ofrecerle sus servicios.

   

Otras que han pasado a la historia son todas aquellas en las que los dos, como he mencionado antes, aparecen juntos, ya sea cuando le hace la comida (divertida inversión de papeles), la moneda del contador de gas, la escena amorosa con la vecina que es la mujer del policía o aquellas persecuciones por los tejados que forman parte ya de la historia del cine. 

 

En todas sus películas siempre hay un momento que alcanza tal cota de sensibilidad que es imposible no soltar alguna lágrima ni llegar más alto, muchos pensarán en el momento en que se llevan al niño al orfanato, pero yo me quedo con la escena de cuando la madre va a visitar a los niños de la calle y coge a  uno delante de la casa de él sin saber que es ahí donde está, de pronto la puerta se abre y sale él.

   

El Chico fue un éxito en taquilla y Chaplin que había fundado la "United Artists" mientras la rodaba daría un nuevo impulso a su carrera. No obstante, Charles Chaplin sufrió el divorcio de su primera esposa, Mildred Harris, mientras rodaba esta película, la cual quiso secuestrarla, es por este motivo que la tuvo que finalizar en secreto en un estudio. 

 Curiosamente en El Chico aparece la que sería su segunda esposa, Lita Grey, que interpreta a un ángel tentador del sueño y que tenía 12 años. Empezó a tener una aventura con él a los 14 y lo engañó para que se casara con ella cuando tenía 15 diciendo que estaba embarazada, a pesar de que era falso. Se divorciaron dos años después y dio a luz a dos hijos durante su matrimonio.

 Como norma habitual en sus películas, les puso música a principios de los 70, para esta creó una partitura que más de uno conocerá porque ha sido utilizada varias veces en campañas contra carteristas en el metro de Barcelona y en otras ciudades también la he escuchado en espectáculos ambulantes. Contiene también una variación de la Sinfonía nº6 de Chaikovsky

   

Para todo aquel que no la conozca o que quiera de nuevo reír y soltar alguna lágrima tiene una cita en los cines en breve para volver a disfrutarla en pantalla grande, siempre que las circunstancias actuales nos lo permitan. Esperemos también que pronto puedan volver a salir en DVD/Blu-ray sus películas, ya nos dieron una gran alegría cuando salieron con los inicios del DVD y repletas de extras y gran calidad. El listón está alto para "A Contracorriente"

10/12/2020

Dos Capras navideños que no son "¡Qué bello es vivir!

La proximidad de las fechas navideñas nos hace cada año pensar en los clásicos que por este tiempo se suelen revisar, películas como De ilusión también se vive, La mujer del obispo, Muchas gracias Mr. Scrooge, Entre pillos anda el juego o Polar Express seguro que las volvemos a ver (vean mi antiguo artículo sobre cine navideño aquí, pero hay una que reina sobre todas ellas y esa es ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra. Sin embargo, no voy a hablar de ella, sino de otras dos ambientadas en Navidad que el realizador hizo: Juan Nadie y Un gángster para milagro

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Juan Nadie (1941) trata sobre un magnate que compra un periódico y despide a casi todo el personal, entonces una periodista publica una falsa carta que lleva la firma de Juan Nadie. En ella se anuncia el suicidio de uno de los empleados despedidos. El éxito del artículo es tal que el periódico decide crear un Juan Nadie y, con este fin, contrata a un vagabundo que acaba convirtiéndose en un personaje extraordinariamente popular.  Gary Cooper que había trabajado con él en El secreto de vivir ofreció una de sus mejores interpretaciones, Capra solo lo veía a él en el papel, igualmente Barbara Stanwick estaba maravillosa, el director fue quien la hizo debutar en papeles importantes en los 30 y poder desarrollar su carrera. 

 Se trata de una parábola política como la mayoría de sus películas que seguían los principios del "New Deal" propugnado por Roosevelt para acabar con las secuelas de la Gran Depresión. Aborda los temas del sensacionalismo periodístico, la corrupción política, o la explotación de los desheredados en época de crisis social. Se estarán dando cuenta de que por desgracia son temas actuales hoy en día.

 El cine de Capra se basaba sobretodo en la creencia firme de las buenas intenciones del ser humano, los buenos sentimientos podían cambiar el mundo. Es así, pues, que la mayoría de sus filmes acaban bien a pesar de la oscuridad de sus temas. Eso hace que, a veces, público exigente no vea sus películas como realistas, sino más bien blandas, con una pérdida de perspectiva social y cierto sensacionalismo carrinclón. Tal consideración la veo injusta, una película que acabe mal no ha de ser mejor en teoría, además rodar buenos finales esperanzadores exige también un gran trabajo para que todo quede bien atado y el director era un maestro en eso.

 De todas maneras, Juan Nadie es probablemente su película más pesimista y con un final que, aunque sigue el patrón de sus obras no deja la misma sensación. Rodó cuatro finales diferentes, pero todos fueron rechazados durante las vistas previas, una carta de un miembro de la audiencia sugirió un quinto final, que al director le gustó y usó en la película terminada. El escritor Robert Riskin, su guionista aquí, tuvo la oportunidad de mostrar películas recientes de Hollywood en diversos países europeos mientras los aliados los liberaban de los nazis, pero se negó a incluir Juan Nadie, ya que veía que transmitiría una visión demasiado oscura de América.

 El hecho de que tampoco veamos esta cinta por Navidad con la frecuencia de ¡Qué bello es vivir! también nos avisa, en cierto modo, de que es un Capra singular, a ello se añade que los derechos de autor originales nunca se renovaron y pasó a ser de dominio público con copias bastante malas y ediciones cutres, aunque en España hubo una versión cuidada por parte de Versus hace unos años. 

 Así pues, el director que fue calificado peyorativamente por Juan Antonio Barden como “nuestra abuelita” era capaz también de dejarnos fríos una vez acabada la proyección y ver cómo el país de las oportunidades tampoco ofrecía muchas posibilidades.

 La otra película es Un gangster para un milagro (1961), remake de su filme Dama por un día de 1931. Ambientada en la época de la Ley Seca (1920-1933), Dave es un contrabandista de alcohol que está a punto de cerrar un trato importante con un mafioso de Chicago. Como las manzanas de la mendiga Annie siempre le han dado suerte, envía a uno de sus hombres a buscarla para cerrar la operación. Pero Annie está completamente desesperada: su hija, a la que no ve desde hace muchos años, llega de Europa acompañada de su novio y de su suegro, unos aristócratas italianos, y Annie tendrá que convertirse en una gran dama para no defraudarla. 

 

El argumento, que ha sido muy imitado en multitud de comedias, sin ir más lejos Ocho apellidos vascos bebía bastante de esta premisa, es un relato agradable donde el optimismo hace superar los convencionalismos de la trama. Su humor limpio y emotivo desdramatizará los momentos más duros de la película. Es bastante superior a su original, la cual ha perdido bastante fuerza. 

 Supuso el canto de cisne de Capra, y un enorme fracaso en el momento de su estreno que él no esperaba, su mundo parecía ya no tener cabida. Aparte de esto, no guardaba buen recuerdo del rodaje, en su autobiografía explica que la producción fue "moldeada en el fuego de la discordia y filmada en una atmósfera de dolor, tensión y aversión". Entre Frank Capra y Glenn Ford, no hubo de todas maneras una discusión real de estar enfadados, pero sí muchos puntos de vista que disgustaban al director, Ford era coproductor e impuso a Hope Lange y cambió otros detalles, no se llevaba bien con Bette Davis y discutían, según Ford él le había ayudado a que fuera la elegida para el papel, a lo que Davis llegó a escribir que "ese cabrón no me hubiera ayudado nunca a salir de la alcantarilla". Capra se quejó en su autobiografía sobre la actitud del actor, y Glenn Ford le reprochó haber esperado tanto tiempo para discutir en lugar de decírselo cara a cara durante la producción de la película. 

 

Frank Capra estaba decepcionado con el resultado final, calificándolo de "película miserable". Sin embargo, estaba más que feliz con la actuación de Peter Falk, refiriéndose a ella como "la única chispa brillante". De todas formas, creo que infravaloró el trabajo que hizo con Bette Davis que hacía un gran papel y demostraba que aun podía dar bastante, a pesar de haber entrado ya en los años de decadencia. En el reparto también tenemos a Thomas Mitchell, el médico borracho de La diligencia, o el debut de Ann Margret que logran que una película de 136 minutos pase rápido a pesar de cierta dificultad en el arranque, originalmente tenía que durar 96. 

El filme contiene además el primer uso en Hollywood de "padrino" como sinónimo de jefe de la mafia. Algunos expertos citan al jefe de la mafia Joe Valachi como el creador del término en la lengua vernácula popular, pero esta película es anterior a su testimonio. A pesar del fracaso y que se la catalogaba como naif, desfasada y anclada en un tiempo que ya había pasado, en los últimos años se fue reivindicando. En el desaparecido programa de "Qué grande es el cine" de José Luis Garci fue proyectada con grandes elogios, hablando incluso de obra maestra y Ángel Fernández Santos la elogiaba en "El País": “El explosivo contraste entre la farsa torrencial y la comedia sentimental serena, vuelven a fundirse con sorprendentes aciertos"

 

Si ven estas Navidades de nuevo "Qué bello es vivir" acuérdense de estos dos títulos, lo mismo el año que viene serán tres los Capras que deberán desempolvar.

26/11/2020

Mejor solo que mal acompañado (John Hughes, 1987)

 

 Este jueves es el "Día de Acción de Gracias" en EE.UU., un tema que hemos visto y conocemos sobre todo gracias al cine, es como una celebración de Navidad con el pavo y toda la familia reunida... No se preocupen que no les voy a hablar de esto, pero sí de una película: Mejor solo que mal acompañado, título español del original de Planes, Trains and Automobiles (1987) dirigida por John Hughes. A medida que el título se desplaza por la pantalla, escuchamos el sonido de ellos al mismo tiempo.

 Hace ya más de una década que este director nos dejó, en sus últimos tiempos se centraba más en escribir y producir. No era muy dado para las entrevistas, de ahí que poco puedo aportar de él como viene siendo característica en mis artículos. A Hughes, muchos de mi generación lo tenemos como el gran director que supo retratar la generación EGB sin recurrir a la comedia grosera, algunos de sus títulos son ya míticos como El club de los cinco (1985), plagiada descaradamente y sin decirlo en la serie de TV3 Merlí, su siguiente gran título fue Todo en un día (1986), referenciada en Deadpool


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 En 1987 quiso variar y rodar la película de la que hablo. El cole, el instituto o la universidad quedaban aparcados por una historia de un ejecutivo que ha de ir a pasar con su familia el citado día de "Acción de Gracias", pero que se verá impedido constantemente en el viaje y conocerá a un vendedor de cortinas con el que tendrá que ir conviviendo. John Hughes, en una entrevista en el DVD "Those Aren't Pillows", dijo que se sintió inspirado para escribir la historia de la película después de un vuelo real en el que estaba de Nueva York a Chicago. El vuelo fue desviado a Wichita, Kansas, y tardó cinco días en llegar a casa.

 El filme, en apariencia, una película cómica, está protagonizada por Steve Martin y el malogrado John Candy, algunos críticos vieron en su día como un intento de resucitar el estilo de cine de “El gordo y el flaco” y creo que aunque pueda tener alguna similitud, no era esa la intención, y lo digo sobre todo porque como he apuntado, la comicidad que vemos es aparente, detrás hay algo más. Mejor solo que mal acompañado consigue la risa y prácticamente en todo el metraje, las situaciones son incluso para carcajada, aunque te estés riendo de cosas que poca gracia te harían si te pasase a ti.

 Pero también consigue la lágrima y emocionarte, algo que sin duda alguna sorprende porque uno no se lo espera. Tal situación me pasó la primera vez que la vi, al finalizar me hizo pensar en ella y en sus personajes, no quiero desvelar mucho para quien no la haya visto, pero digamos que detrás de esa comicidad hay una historia de empatía entre dos personas distintas, donde detrás de cada una no hay siempre lo que en un principio pueda parecer.

  
Efectivamente, de cada persona nos hacemos en muchas ocasiones un cierto prejuicio, como si ya la conociéramos de toda la vida, creo que Hughes estuvo muy atinado en el guion y da una lección de las apariencias, hablaba antes de una empatía entre los dos personajes como si fuera La extraña pareja, pero también la logra con el espectador. Cuando murió John Candy, su compañero en esta película Steve Martin dijo de él que era un tipo bondadoso, muy amigable, pero que se dio cuenta de que tenía el corazón roto. También el crítico Roger Ebert, que definía esta película como una obra maestra, relataba que, una vez que se lo encontró, le dijo que lo tenía todo, pero que sin embargo estaba deprimido.

   

Esta película, que antes se pasaba mucho por televisión, no logró en España una buena crítica, en “El País” podíamos leer las siguientes líneas del crítico Ángel Luis Inurria: “El conflicto que surge de la dispar idiosincrasia de ambos personajes alimenta un guion que busca la comicidad, no siempre con acierto en sus resultados, que recurre a la ternura en un mensaje solidario que denuncia el egoísmo y cae en el ternurismo blandengue y descafeinado.” Carlos Aguilar en su Guía del videocine la dejaba muy mal y recurría al tema de intento de recuperación de Stan Laurel y Oliver Hardy. En general casi todas las críticas en nuestro país fueron malas. 

Yo me sentía como un bicho raro al recomendar la película, es cuando aparece internet y veo que no era el único extraterrestre que le gustaba, en el IMDB casi tiene un 8 de nota, algo complicado de obtener y más por ciertas fobias que comporta Steve Martin, algún día tendría que escribir sobre él y defenderlo, porque me parece un gran actor con algunos títulos también míticos. Por cierto, que Candy no fue la primera elección, Hughes quería a John Travolta que en aquel año estaba cosechando fracasos sonoros, la Paramount se negó porque lo consideraba “veneno para la taquilla”, la verdad es que no me imagino la película con él. 


El rodaje fue largo, incluso se habla de cierto metraje perdido que podía llegar a una película de más de dos horas. Al recibir el guion a través de su agente, Steve Martin se sorprendió al descubrir la longitud de 145 páginas del guion, con una comedia que normalmente apunta a 90 páginas. Cuando Martin se reunió con John Hughes, le preguntó si tenía alguna intención de cortarlo. Según Martin, Hughes lo miró con extrañeza y dijo "¿Cortar?", haciendo que Martin se diera cuenta de que no tenía intención alguna de hacerlo.

Si tienen la ocasión de ver la película por primera vez, creo que se llevarán una buena sorpresa. Ahí dejo mi recomendación, por cierto, vean los títulos de crédito, que después sale algo…

11/09/2020

¡Felicidades Apartamento !

El apartamento de Billy Wilder cumple 60 años, hay películas por las que uno siente algo más que cierta pasión cinéfila y esta es una de ellas. Tendría unos 10 años cuando la vi por primera vez, en aquel visionado había aspectos que por mi edad aun no entendía del todo, pero ya me llamó la atención, hasta tal punto que cada vez que había un pase televisivo la volvía a ver. Por aquel entonces las críticas que salían en los diarios eran más completas y ayudaban bastante a hacerte una pequeña introducción de lo que ibas a ver, el papel del crítico es y tendría que seguir siendo ese. También había bastante oferta de programas cinematográficos de los que ya hablé y Billy Wilder era de los directores que más se hablaba. En toda mi EGB y luego Bachillerato y el COU jamás me dijeron nada de Billy Wilder, y en general nada de cine clásico, solo nos pasaban El nombre de la rosa de Annaud, y en Filosofía El pequeño salvaje de Truffaut. Nunca entenderé por qué el cine está tan olvidado de la enseñanza. El apartamento está en mi lista de 10 películas que me hicieron amar el cine, una vez en un juego de Facebook me las pidieron y acepté, a lo mejor ahora variaría la lista porque han sido afortunadamente muchas más. 

 Pero ver El apartamento no solo me hace seguir el séptimo arte con devoción, los geniales guiones que firmaban Wilder con I.A.L Diamond también me adentraban a la literatura y ese tema musical no se me iba de la cabeza, luego me enteré de que no era original de la película sino de Charles Williams y su título es “Jealous Lover” descubriéndolo en un policíaco español que se llama ¿Crimen imposible? de César F. Ardavín de 1954, pero la elección de ese tema encajaba perfectamente en los fotogramas de Wilder.  

 Hay un momento de la película en que el personaje de Shirley McLaine le dice a Jack Lemmon que en esta vida hay "víctimas y aprovechados, usted es víctima". Sin duda alguna es una de las mejores definiciones de esta sociedad en la que vivimos. Wilder era un genio, tanto podía criticar aquí el capitalismo como el comunismo después en Uno, dos tres. Él no se casaba con nadie, al contrario de lo que pasa hoy en día, donde cada vez más la gente se convierte en un juguete de lo que impera en la mediocre política, en los medios de comunicación, en la moda efímera, etc. y es incapaz de tener un pensamiento propio. El apartamento me adentró en la filmografía de Wilder, entonces no estaba toda editada en vídeo, fui grabando lo que emitían, que por cierto era bastante de él. Abarcó todos los géneros menos el oeste y la ciencia ficción, aunque él defendía que Bésame tonto se podría definir como una especie de western, humor nunca le faltó. Según muchos críticos, El apartamento es la mejor película de Wilder, difícil elección teniendo en cuenta la cantidad de gran cine que hizo. Pasa como con Hitchcock, en este caso se elige Vértigo, pero bien podía haber otras. También como suele pasar con cada autor hay las llamadas películas menores que en el caso wilderiano cada vez me gustan más. Sabrina es una de ellas y me alegro de que ya haya gente que la considere obra maestra, de todas maneras tampoco hay que obsesionarse con si una película es de cinco estrellas, de cuatro o de tres, tiene que haber de todo y ya se sabe que “Nadie es perfecto”. Y otra que fue muy mal recibida por la crítica fue Avanti (estrenada como ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?), confieso que son mis vacaciones de cada año, esas dos horas y cuarto me relajan, me desconectan y encima me río y hago turismo. 

En fin, felicidades por estos 60 años, alguien dirá que estoy personalizando una película y que me he vuelto loco, pero para mí ese DVD pelado de extras por desgracia al ser introducido en el reproductor me hace sentir muy, pero que muy acompañado y me hace creer que hay otro tipo de mundo, de personas, de principios y de justicia social. Redescúbranlo si aun no lo han hecho.

04/09/2020

40 años de Aterriza como puedas

Este año cumple los 40 una de las comedias más famosas y que contra todo pronóstico inicial se ha hecho un hueco en la historia del cine, se trata de “Airplane”, aquí estrenada con el título ya mítico de Aterriza como puedas. En 1980 ya quedaban lejos los tiempos gloriosos de la comedia clásica americana que había empezado a cambiar a finales de los 60. Comenzaron las parodias de géneros cinematográficos con el cine de Mel Brooks, las comedias de Blake Edwards iban perdiendo calidad a pesar de tener aun algunas destacables o Jerry Lewis ya entraba con los años en una fase algo decadente, dedicándose más a la televisión.

  Aterriza como puedas fue un gran éxito de taquilla y un balón de oxígeno para el cine cómico, era el debut en la dirección de tres directores, Jim Abrahams, David y Jerry Zucker, más conocidos como los ZAZ, que tres años antes habían escrito la comedia de John Landis Made in USA poco conocida en España y ahora revisada gracias a su edición en DVD, y que está considerada de culto ya que destaca por su estilo atrevido, paródico e irreverente. Los ZAZ mientras grababan la programación de medianoche dieron con una antigua película de desastres en un avión llamada Suspense…Hora cero protagonizada por Dana Andrews y compraron los derechos para parodiarla. Al estar de moda entonces este tipo de cine por la saga Aeropuerto, pensaron que sería buena idea hacer un largo. Andrews también había hecho otra película similar, El cielo coronado, donde los pasajeros van recordando sus vidas a la espera del fatal desenlace anunciado en el avión.

 Una de las claves del éxito fue su reparto ya que incluía a actores que no habían hecho comedia, el público al verlos lejos de sus roles habituales aun reiría más, Robert Stack, Lloyd Bridges, Peter Graves o Leslie Nielsen aceptaron, aunque algunos no lo veían claro, caso de Graves, que encontraba la película un espanto y temía su papel “pederasta” con las famosas preguntas que le hace al niño en la cabina (por cierto, en el guion original eran aún más fuertes) o Bridges que tampoco veía con agrado su participación. Otros como Nielsen no pusieron problemas y aquí encontró él un relanzamiento de su carrera, dejando de hacer papeles secundarios para ser toda una estrella de la comedia. Stack también demostró buen humor y su interpretación es perfecta, entendió perfectamente que se trataba de una autoparodia y no le importó reírse de sí mismo. Los ZAZ habían pensado en más actores, Christopher Lee o Vincent Price rechazaron participar, algo de lo que se arrepintieron más tarde en entrevistas. También se quiso a George Kennedy por su papel en Aeropuerto, pero la Universal le amenazó con romper el contrato si salía, no se veía con buenos ojos que se hiciera una parodia de lo que estaba siendo un gran éxito para ellos, más tarde Kennedy rodaría con ellos la saga de Agárralo como puedas como compensación. La Paramount, productora de Aterriza como puedas, no creía demasiado en el primer proyecto presentado y exigió que la película fuera en color, ya que originalmente los ZAZ querían rodar en blanco y negro. Estos convencieron a sus ejecutivos diciendo que la película sería como Desmadre a la americana en un avión, aunque no era esta su verdadera intención. La película acabó gustando y está considerada como de las más divertidas que se han hecho, incluso Woody Allen la ha alabado más de una vez, contrató a su actriz Julie Hagerty un año después para La comedia sexual de una noche de verano. Tuvo una secuela que Paramount se empeñó en que se hiciera, aunque sus directores no la querían hacer ya que argumentaban que no tenían más ideas, no hubo acuerdo y la productora de la montaña cogió a un director desconocido de la casa, pero los resultados no fueron los mismos y una anunciada tercera parte ya no se hizo. A los ZAZ les sentó muy mal esta secuela.  Posteriormente  hicieron las paces con Paramount y rodaron con el mismo estilo Top Secret satirizando el cine de espías y más tarde la saga de Agárralo como puedas retomando el personaje que Nielsen hacía en la serie de Police Squad parodiando esta vez las series de televisión con gran éxito en la taquilla. Los tres directores probaron también suerte en solitario y Jerry Zucker dio en la diana dirigiendo en 1990 Ghost. Más allá del amor.Sin embargo, no fue muy prolífico y tardó cinco años en volver a ponerse detrás de la cámara para hacer El primer caballero y otros seis años para Ratas a la carrera una especie de remake de El mundo está loco, loco, loco. Abrahams probó con una comedia con Bette Midler, Ensalada de gemelas en 1988, que resultó un fracaso y una más alabada por la crítica, pero sin grandes resultados económicos dos años más tarde, Aquí te pillo, aquí te mato, por lo que decidió volver a la fórmula de Aterriza como puedas con Hot Shots, parodia de Top Gun y posteriormente con Mafia ¡estafa como puedas! David Zucker probó  con películas que apenas tuvieron repercusión, y finalmente retomó la saga de Scary Movie para rodar la tercera y cuarta parte, pero poca cosa más ya ha hecho.

Los tres juntos también probaron suerte en dirigir una comedia lejos del cine paródico con ¡Por favor, maten a mi mujer! en 1986.

21/08/2020

Gracias por seguir levantado, Groucho

Cada agosto se celebran los aniversarios luctuosos de tres grandes: Marilyn Monroe, Elvis Presley y Groucho Marx, esto nos sirve para refrescar la memoria y en el caso del último volver a reír con sus películas. Las efemérides son la excusa perfecta para hablar de alguien y si es de Groucho aun lo hacemos con más ganas. Teniendo en cuenta los tiempos tristes e inciertos que corren, recurrir al humor surrealista de él y sus hermanos es una buena medicina para ir sobreviviendo. Su nombre real era Julius Henry Marx, nació en Nueva York un 2 de octubre de 1890 en el seno de una familia de inmigrantes judíos, era el cuarto de seis hermanos. Con Chico, Harpo y Zeppo debutan en el cine después de un exitoso paso por el teatro con Los cuatro cocos (1929). Tras la que para muchos es su obra maestra Sopa de ganso (1933) firman un contrato con la MGM que se inicia con la que quizá sea su película más popular Una noche en la ópera (1935), el esquema se va repitiendo luego en posteriores películas. Personalmente siempre me han gustado todas las de los Marx excepto la fallida Amor en conserva (si se puede considerar como una película de ellos, claro). Groucho en solitario después no tuvo mucha suerte y salió en algunas películas que estaban a años luz de su talento, una lástima. Se barajó su nombre para el papel del médico de El apartamento, pero Wilder no lo veía muy claro. Guardo muy buen recuerdo de aquellos sábados por la tarde en lo que antes se llamaba “Primera sesión”, en la que emitían una de ellos cada mes en los 80, fue una especie de ciclo encubierto que me dio la oportunidad de ver prácticamente todas y descubrirlos, luego las fui recuperando gracias a que se fueron editando en VHS y luego en DVD. Actualmente apenas se ven por las televisiones. Quisiera hacer mención de los actores de doblaje que tuvo, a Groucho en versión original es muy difícil seguirle por lo que no era tarea nada fácil. La voz que yo prefiero es la de Vicente Bañó, admiro también otros dobladores que tuvo como Josep Maria Angelat, pero creo que el primero le dio un toque personal y una ironía que el segundo tenía de diferente manera, recordemos que Angelat era la voz sobretodo de Louis de Funes, trabajo que hizo perfectamente. Bañó seguía más el estilo del gran José María Ovies cuyos doblajes no se han guardado muchos. (En el primer vídeo la voz es de Angelat, en el segundo de Bañó) Hay quien cree que los Hermanos Marx no tuvieron un gran director, a excepción de Leo McCarey en Sopa de ganso , pero ellos funcionaban solos: Harpo sería el elemento surrealista, Chico hacia el diálogo hilarante con Groucho, luego había los números musicales de ellos, Groucho cantaba, Chico tocaba el piano y Harpo el arpa. Y sobretodo había los encontronazos entre Groucho y Margaret Dummont, de la cual él dijo que no se enteraba de nada. Una vez el cine de los Marx fue perdiendo espacio, quedaron para la posteridad las apariciones de Groucho en televisión y sus geniales frases, en muchas de ellas podemos ver un fiel reflejo de nuestros políticos, por ejemplo, en la de “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”. La política la definía de esta manera: “Es el arte de buscar problemas, encontrarlos en todas partes, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar las soluciones equivocadas.” Seguramente más de uno estamos pensando en varios nombres al leer esto Groucho sabía reírse de todos y de él mismo, ya dijo que “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”. En la década de 1950, fue invitado a realizar un recorrido por la Bolsa de Valores de Nueva York. Mientras estaba en la cabina de observación, tomó el auricular del sistema de megafonía y comenzó a cantar "Lydia the Tattooed Lady". Al escuchar el silencio que venía del piso de negociación, apareció ante la vista, los comerciantes le dieron un fuerte aplauso y gritó: "Señores, en 1929 perdí ochocientos mil dólares en este piso, ¡y tengo la intención de obtener el valor de mi dinero! " Durante quince minutos, cantó, bailó, contó chistes y, durante todo este tiempo, el indicador bursátil de Wall Street se quedó en blanco. Precisamente esa pérdida de dinero le acarreó problemas de salud como un insomnio crónico del que jamás se recuperó. Durante bastantes años nos hicieron creer que en su epitafio se leía “Perdone que no me levante”, pero parece que no es verdad. Han pasado 43 años de su muerte y no hacía falta que pidiera disculpas porque bien levantado sigue estando.

06/08/2020

5 películas para este agosto


Empezamos un agosto extraño y difícil, el cine nos asegurará al menos un buen rato sin pensar en las mascarillas, en si hay nuevos brotes o perder el tiempo en el google buscando cuándo habrá un remedio para tan dichoso virus. Vamos a intentar desconectar con 5 películas ambientadas en verano: 

 Calabuch (1956) Uno de esos Berlangas que no suele estar entre la crítica de entre los mejores, incluso Truffaut mostró su cara menos amable al verla y escribió: "Viendo esta película uno desea que la bomba atómica caiga por fin, pero sobre la cabeza del director". Menos mal que no se cumplió y Berlanga nos regaló obras mejores, pero esta no tiene nada que desmerecer, ya encontramos muchos de sus temas. Rodada en una Peñíscola que cinco años más tarde sería escenario de El Cid, Calabuch es de esos lugares en el que uno se quedaría a vivir, pero la visión atenta del filme ya nos dice que esto no es así y que detrás de ese bienestar hay también dramas como la soledad, el contrabando, la pobreza...Pero por encima de los problemas hay una bondad y humanidad en sumo grado que es lo que nos irradia esas ganas de visitarlo cada año o las veces que haga falta en nuestra pantalla. La escena: El cohete y las letras de Calabuch.

  Las vacaciones de Monsieur Hulot (1953) El director Jacques Tati logró con su segundo largo su película más popular no exenta de su habitual perfeccionismo, tanto es así que se podría hacer una tesis con las diversas versiones que hay de sus películas con metrajes distintos, cambios en la música, color, etc...Acompañan sus fotogramas esa música de Alain Romans que solo al oírla nos evoca ya esa brisa del mar y nos relajará bastante, además de reírnos ya que la película tiene muchos gags brillantes, pero yo siempre me quedo con ese plano de los niños cuando ven por primera vez el mar. Por cierto, es Monsieur Hulot el único que disfruta de unas verdaderas vacaciones.

 La tentación vive arriba (1955) La parodia del personaje del Rodríguez escrita por Axelrod y que Wilder se las ingenió para que quedara como una obra inmortal que supiese esquivar a la censura. Ropa interior en el refrigerador y una Marilyn más divertida que nunca nos harán olvidar el calor, vale la pena que nos caiga una tomatera si el resultado es este, poco importará que a ella no le guste Rachmaninov 

 ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (1972) Otra de Wilder y con esa habilidad de hacer un cine de autor y a la vez popular. Avanti (este es su título original) es uno de sus mejores ejemplos, hay en ella muchos temas profundos y una gran acidez en la forma de tratarlos, pero también una comedia mediterránea a la italiana que se ríe mucho de sus costumbres, algo que en Italia siempre han sabido aceptar. Visiten cada año ese hotel y ya verán que encuentran cosas nuevas. Por cierto, me encantaría en un hotel encontrar a un director como Clive Revill, está genial. 

Pandora y el holandés errante (1951) Dejamos las comedias y entramos en esta enigmática película que entraría dentro de aquello que algunos llaman “cine literario”. De la misma manera que si uno visita el Museo del Prado ha de tener cierto conocimiento cultural para entender las obras, aquí pasa lo mismo. Pero en Pandora no solo encontraremos la mitología, también el universo de Lorca se nos hace presente con ese color verde constante que la protagonista lleva en todo momento. Fue la película que hizo conocer internacionalmente la Costa Brava, rodada especialmente en Tossa, también podemos encontrar paisajes de S´Agaró, Sant Feliu de Guíxols, Playa de Aro o una plaza de toros ya para el recuerdo de Girona.

Lady Halcon (Richard Donner, 1985)

  Lady Halcón (1985): el eclipse que rompió la maldición    El próximo 12 de agosto de 2026, España vivirá un eclipse solar que osc...