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23/03/2026

Nazarín (Luis Buñuel, 1958)


Primer plano en blanco y negro de Francisco Rabal interpretando al cura Nazarín en la película de 1958 dirigida por Luis Buñuel. Muestra una expresión seria y cansada, con barba y vestimenta de clérigo pobre. Portada para el artículo sobre el centenario de su nacimiento.

Con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de Francisco Rabal, seguimos nuestro homenaje repasando su filmografía y resulta imprescindible volver la vista hacia Nazarín (1958): el encuentro entre la recia humanidad de Rabal y la mirada subversiva de Luis Buñuel. A través de este análisis, observamos cómo el actor logró dar vida al complejo misticismo galdosiano, convirtiéndose en el rostro universal de una de las piezas más audaces del siglo XX.

Antes de continuar, te invito a que veas mi análisis en mi canal de YouTube y que le des, muy importante, a suscribirse, por favor.😉      

1. El Paralelismo Cervantino: La Locura de la Bondad

La crítica histórica establece que Benito Pérez Galdós creó en Nazarín un paralelismo del Quijote en plena posesión de su personalidad literaria. Como señala la prensa de la época (ABC Madrid, 18/03/1947):

"A Don Quijote le guía el pensamiento que pone en Dulcinea y a Nazarín le guía la luz del Evangelio".

Mientras Don Quijote dispone de un "mediano pasar", Nazarín habita un "desmantelado cuarto" en Madrid y se lanza a la aventura sin poseer nada. Esta escena inicial del mesón enfatiza que para el clérigo la libertad nace de la carencia total. Octavio Paz, quien defendió la cinta con pasión en el Festival de Cannes, argumentó que esta bondad no es pasiva, sino una "crítica de la ilusión de Dios", donde la caridad de Nazarín, lejos de salvar al mundo, levanta reacciones agresivas en una sociedad estéril. Para Paz, el tema de Buñuel no es la culpa del hombre, sino la de Dios.

2. Estética y Fotografía: El Ascetismo de Figueroa

La adaptación, ganadora del Gran Premio Internacional de Cannes en 1959, definió un estándar visual basado en un estilo que "huye de cualquier complacencia y rechaza todo lirismo sospechoso".

  • El realismo sucio: Gabriel Figueroa recibió de Buñuel la orden de capturar la aridez del camino, huyendo del preciosismo. El historiador francés Georges Sadoul destacó en Cahiers du Cinéma la "pureza absoluta" de este filme, donde la iluminación plana y la atmósfera polvorienta subrayan cómo el idealismo del cura choca contra la urgencia física de la muerte.

  • El espacio como castigo: Los planos generales donde Nazarín parece diminuto frente a la inmensidad del paisaje refuerzan su soledad. Según el material de producción, Buñuel buscaba una "visión integral de la realidad" que incluyera la angustia social por encima del drama privado.

3. Francisco Rabal: El Actor frente al Ascetismo

Rabal siempre consideró que Nazarín fue el papel que le obligó a "vaciarse". La crítica destaca su "talla expresiva de rango internacional", lograda mediante una economía de gestos absoluta.

  • Anécdota de la "Cara de Nada": Rabal contaba que Buñuel le prohibía cualquier atisbo de interpretación psicológica. En una de las escenas más tensas, cuando Nazarín es insultado por los presos, Rabal intentó poner una expresión de "sufrimiento cristiano". Buñuel detuvo el rodaje y le dijo: "Paco, no me pongas cara de santo, pon cara de nada. Eres un hombre que camina, nada más". Esta instrucción permitió que Nazarín fuera un personaje enigmático, cuya bondad no nace del sentimentalismo, sino de una voluntad férrea.

  • La fisicidad del rodaje: El actor tuvo que caminar descalzo por terrenos pedregosos bajo el sol de Morelos. Esta fatiga real se traslada a la pantalla en su andar pesado y su mirada exhausta, lo que refuerza la veracidad del "atleta de la caridad".

4. Personajes Secundarios: La Sombra del Misticismo

El misticismo de Nazarín no se entiende sin las figuras de Andara y Beatriz. Buñuel utiliza a estas mujeres para representar las dos caras de la devoción. Max Aub, gran amigo del director, resaltó en sus famosas Conversaciones con Buñuel que no existe en toda su obra escenas de amor tan tiernas como las del enano Ujo y la prostituta Andara: "Nunca llegará a tanta ternura ni en diálogo ni en imagen".

En la escena del milagro del niño, la cámara no se centra en lo sobrenatural, sino en la reacción febril de las mujeres. Nazarín, fiel a su ascetismo, se muestra molesto por ser objeto de una adoración mundana, subrayando su independencia galdosiana frente al culto institucional.

5. El "Cristo que ríe" y el Malentendido Eclesiástico

Un elemento subversivo es el cuadro del "Cristo que ríe" en la habitación de Nazarín, que valida su alegría en la "locura moral". Aunque la obra fue recibida con recelo, en Cannes el jurado católico de la OCIC creyó ver en ella un posible camino de conversión. Buñuel recibió esto con ironía, manteniendo su "ateísmo agónico" (ABC Sevilla, 04/11/1977) y su convicción de que la caridad pura es invivible: "Se puede ser relativamente cristiano, pero el ser absolutamente puro, inocente, está derrotado de antemano".

6. Recepción y Legado: El Misterio de la Piña

La película culmina en una escena final calificada como "ambigua para muchos y luminosa para otros". Nazarín, derrotado y escoltado, recibe una piña de una mujer desconocida. Mientras resuenan los tambores de Calanda, la expresión de Rabal transita de la duda al llanto contenido.

El director John Huston llegó a decir: "Desde el fin de la guerra, las dos grandes películas que yo he visto son 'Ladrones de bicicletas' y 'Nazarín'. Me hubiera enorgullecido dirigirla". Es el momento en que el personaje comprende que la caridad no es un dogma rígido, sino un gesto humano inesperado; como señaló Aub, Nazarín ha perdido a Dios, pero ha encontrado la fraternidad humana.


Fuentes y Críticas Citadas:

  • ABC Madrid / Sevilla: Crónicas de Cannes (14/05/1959) y Ensayos (1977, 1984).

  • Paz, O. (2012): Luis Buñuel: El doble arco de la belleza y la rebeldía. FCE.

  • Aub, M. (1985): Conversaciones con Buñuel. Aguilar.

  • Sadoul, G. (1959): Críticas en Cahiers du Cinéma y Les Lettres françaises.

  • Huston, J.: Declaraciones recogidas en el Pressbook oficial de Peli-Mex.

05/10/2021

Claret, la madurez del actual cine religioso

 


Hace unos días, mientras repasaba los estrenos, di sorprendentemente con una de la que no había oído absolutamente nada, se trataba de Claret, la película, biopic del santo dirigido por Pablo Moreno, realizador especializado en cine religioso. Se tenía que estrenar el año pasado conmemorando el 150 aniversario de su muerte, pero por culpa del COVID hubo que esperar un año más.

Remarco lo de la sorpresa, pues siendo una película española, no hay apenas información de ella en programas de televisión ni de radio, salvo aquellos que sean religiosos o vinculados con la Iglesia como la COPE o la TRECE. He aquí un problema doble: por una parte, el de nuestros informadores cinematográficos que deberían, se supone, informar de todo aquello que se estrena, les guste o no. Y por otro lado, el del cine religioso que da la sensación de estancarse solo para un público creyente.

Más de uno me dirá  que este cine goza de buena salud, y de hecho con ciertos datos podrá corroborar su afirmación: Hay mucha más cantidad que en los tiempos que tales películas gozaron de una edad de oro, sin embargo, no logran la trascendencia de aquellas. Vidas de santos como las de San Juan Bosco o San Felipe Neri que van mucho más allá de su obra, han sido tratadas como anodinos telefilmes, pensados para ser exhibidos únicamente por televisión o en alguna sala parroquial. Resultan agradables e interesantes de ver, pero no van más allá de una realización plana que con el paso de los años acabarán olvidándose.

Un hombre para la eternidad  (1966) Fuente: Amazon

Atrás quedan esas grandes películas como Un hombre para la eternidad, Becket, Monsieur Vincent, Francisco, juglar de Dios, La pasión de Juana de Arco… que siguen visionándose en las principales Filmotecas y que son recordadas por distintas generaciones sin la necesidad de pertenecer a ninguna religión. Por tanto, acudí a ver Claret, la película con el miedo de encontrarme con los defectos que veo en este cine, aunque había algún dato que me llevaba a pensar que estaría por encima de la media actual.

Pablo Moreno lleva década y media dirigiendo, con la experiencia que ha ido adquiriendo mejora, no ya solo en el guion, sino en el aspecto técnico del que sigue habiendo carencias, pues ha de saber moverse con un presupuesto modesto. Muestra sensibilidad y atención con sus proyectos, creo que es conocedor de las virtudes y defectos del cine religioso y con Claret logra una madurez que puede ser el inicio de una carrera que le lleve, por fin, a superar esta barrera que se ha interpuesto entre este cine y la crítica.

Para empezar, la película logra ampliar el espectro de un círculo reducido de espectadores, y nos muestra la curiosa investigación que Azorín (Carlos Cañas) hizo del santo y todas esas biografías en el siglo pasado, que por intereses oscuros tergiversaron la vida de este y de la que el escritor también cayó en el error, no hablando como debiera de Claret en su libro La voluntad (1902). En 1938, supo rectificar en un artículo publicado en "La prensa" de Buenos Aires el 22 de mayo y vio las injusticias que se habían acometido contra él y que también era de aquella quimérica "Tercera España".

Fotograma de la película. Fuente: Claret La película
Así pues, entre este trabajo del escritor, el cual lo vemos cercano, mostrando sus temores a su mujer,
preocupándose por el "guerracivilismo" que se palpaba o charlando con su amigo Pío Baroja, se va intercalando la vida del santo, desde sus inicios en la rama del textil, para casi inmediatamente ya verlo con el hábito y fundando su congregación, años más tarde será nombrado Arzobispo de Cuba.

En esta etapa el director se detiene más tiempo, personalmente me hubiese gustado más una profundización de los primeros años, pero el biopic no permite pararse demasiado y una vez analizado todo el metraje se logra entender donde ha tenido que resumir para conseguir un metraje que sigue siendo generoso, pero equilibrado.

Vemos al Padre Claret siguiendo sus principios, lucha contra la esclavitud, encuentra enemigos incluso desde dentro, pero no le merman para nada, hay escenas bastante conseguidas y un esfuerzo considerable en el actor que lo interpreta, Antonio Reyes. Bien es cierto que no le vemos predicar mucho, en eso el Santo era todo un maestro, pero puede responder esa falta a no querer recargar el filme y hacerlo más ligero buscando más público, que el ritmo narrativo no cese, y buscando unas imágenes que valgan más que mil palabras.

Es precisamente ahí, donde uno se da cuenta de que esta vez no se ha hecho una película abusando de la tópica hagiografía, algo que sucede en otras actuales y que a veces hasta logra conseguir el efecto contrario de lo pretendido, sino que el propio espectador ya se va dando cuenta de quién era el Padre Claret y empatiza con él. Moreno logra un filme valiente en su terreno, sabiendo mezclar la objetividad con la emotividad, criticando donde debe, aun sabiendo que puede comportar algún malestar entre su público más ortodoxo. En todo el metraje podemos ver las luces y sombras de esa Iglesia que Claret quería renovar y que en más de una ocasión era y es incapaz de aplicar las palabras de Jesucristo de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

Fotograma de la película. Fuente: Claret, la película

La película aun se hace más interesante en el momento en que es llamado a ser el confesor de la Reina Isabel II (Alba Redondo), a esta la vemos retratada como infeliz, débil, desdichada, sola… Se nota que ha habido un gran trabajo ahí detrás de investigar y saber componer un perfil indicado, más de una escena resulta conmovedora como los diálogos que mantiene con el santo o cuando se moja en el mar, como símbolo de intentar encontrar una pureza, aunque su ropaje no se lo permita.

 Ingeniosamente, Pablo Moreno va trazando paralelismos entre aquel revuelto siglo XIX, las guerras carlistas, el liberalismo, etc. y el ambiente que generó la Guerra Civil del 36, el clímax va subiendo y la película crece. Es de agradecer, que no tome partida por ningún bando, ya digo que el director muestra, luego el público ya opinará, no hay el maniqueísmo tan pesado que suele tener el cine español ya sea desde un bando o desde el otro.

Así pues, el espectador atento conseguirá empatizar con el Padre Claret, perfecta la escena en su primer diálogo con la Reina, vemos claramente que es un trabajo que no desearía ni desea, pero ante todo está la obligación también de cumplir con lo mandado, y el de saber estar con la persona, sea un rey o un esclavo, y lo veamos con aura o sin ella.

Claret se ve obligado a acompañar a la Reina en el exilio, Azorín también tuvo que coger otro tren e irse, el director los empalma y ciertamente se nos pone un nudo en la garganta. Los paralelismos de tales acciones no dejan de ser una lección de historia y una reflexión del problema de las dos Españas que por desgracia sigue estando ahí.

Fotograma de la película (Fuente: Claret, la película)
Bienvenida sea esta Claret, la película. Ojalá nuestros tan queridos informadores cinematográficos le
hubieran prestado la atención requerida. Azorín, que fue también un gran aficionado al cine, supo rectificar, esperemos que sigan su ejemplo. Sin duda alguna cabe felicitar a Pablo Moreno por su trabajo a contracorriente y que nos siga deparando sorpresas en su cine, seguro que sí.

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