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28/07/2026

Cotton Club (Francis Ford Coppola, 1984)

 

Richard Gere en Cotton Club, película de Francis Ford Coppola ambientada en el Harlem de los años veinte.
Cotton Club: jazz, gánsteres y Fred Gwynne en su centenario

En 1984, Francis Ford Coppola estrenó Cotton Club, una ambiciosa película que combinaba cine de gánsteres, melodrama romántico y musical. Ambientada en el Harlem de finales de los años veinte y comienzos de los treinta, recreaba el esplendor y las contradicciones del legendario club neoyorquino.

Por su escenario pasaron algunos de los mejores músicos, cantantes y bailarines afroamericanos de la época. Sin embargo, mientras ellos triunfaban sobre las tablas, el público del local estaba formado principalmente por blancos. Esta paradoja histórica ocupa un lugar importante en la película de Coppola.

Coppola, Evans y Puzo

El proyecto de Cotton Club fue impulsado por Robert Evans, una de las figuras esenciales del Hollywood de los años setenta. Como responsable de producción de Paramount, Evans había protegido y supervisado desde el estudio una película tan decisiva como El padrino, aunque el productor acreditado fuera Albert S. Ruddy. Años después quiso recuperar aquel universo de ambición, violencia y poder con una gran superproducción que mezclara gánsteres, jazz, romance y espectáculo. Para desarrollar la historia recurrió a Mario Puzo, autor de la novela El padrino y coguionista de su adaptación cinematográfica.

La llegada de Francis Ford Coppola parecía reunir de nuevo a parte del equipo responsable de aquella obra maestra, pero la relación entre el director y Evans fue muy complicada. Los dos tenían ideas diferentes sobre la película: Evans buscaba un gran espectáculo comercial centrado en Richard Gere y en la trama mafiosa, mientras que Coppola quería dar mayor importancia a los artistas afroamericanos, a los números musicales y al trasfondo racial del Cotton Club. Los desacuerdos sobre el guion, el presupuesto y el montaje convirtieron el rodaje en una producción conflictiva y ayudan a explicar que el resultado final sea una película tan deslumbrante como irregular.

El argumento de Cotton Club

La historia sigue a Dixie Dwyer, interpretado por Richard Gere, un músico que salva accidentalmente la vida del poderoso gánster Dutch Schultz. Como consecuencia, Dixie entra en su círculo de confianza y queda atrapado en un mundo dominado por la corrupción, las rivalidades criminales y los ajustes de cuentas.

La situación se vuelve todavía más peligrosa cuando se enamora de Vera Cicero, interpretada por Diane Lane, la joven amante de Schultz. Dixie tendrá que proteger su vida mientras intenta escapar del control del mafioso.

Paralelamente, la película narra la historia de Sandman Williams, encarnado por Gregory Hines, un extraordinario bailarín de claqué que intenta abrirse camino junto a su hermano.

Su relación con la cantante Lila Rose Oliver, interpretada por Lonette McKee, muestra la otra cara del espectáculo: la de unos artistas afroamericanos admirados sobre el escenario, pero discriminados fuera de él.

Una mezcla de musical y cine de gánsteres

Coppola une en Cotton Club dos mundos aparentemente opuestos: la elegancia de los espectáculos musicales y la violencia de las organizaciones criminales.

Los números de jazz y claqué no aparecen como simples interrupciones. Forman parte de la narración y, en algunos momentos, el director alterna el baile sobre el escenario con asesinatos y enfrentamientos entre bandas.

Este contraste entre la belleza del espectáculo y la brutalidad del crimen constituye una de las ideas más poderosas de la película.

El espectacular aspecto técnico de Cotton Club

Uno de los principales atractivos de Cotton Club es su extraordinaria ambientación.

La fotografía de Stephen Goldblatt utiliza luces doradas, sombras, humo y tonos cálidos para crear una atmósfera elegante y decadente. Los decorados, el vestuario, los automóviles y la recreación de las calles de Nueva York contribuyen a convertir la película en una gran producción de época.

El Cotton Club aparece como un lugar lleno de glamour, música y sofisticación, aunque detrás del escenario se escondan el racismo, la corrupción y la violencia.

Gregory Hines y la fuerza del claqué

Las escenas protagonizadas por Gregory Hines se encuentran entre los mejores momentos de la película. Su interpretación combina talento dramático, energía física y un extraordinario dominio del claqué.

Junto a su hermano Maurice Hines, ofrece algunos de los números musicales más vibrantes de Cotton Club. Estas secuencias permiten que la historia de los artistas afroamericanos tenga tanta importancia como la trama protagonizada por Richard Gere.

La música, inspirada en las composiciones de Duke Ellington y otros grandes nombres del jazz, refuerza la personalidad de la película.

Fred Gwynne, mucho más que Herman Munster

En el reparto también aparece Fred Gwynne, cuyo centenario se celebra en 2026. El actor nació el 10 de julio de 1926 y alcanzó una enorme popularidad gracias a su interpretación de Herman Munster en la serie La familia Monster.

En Cotton Club, Gwynne muestra una faceta completamente diferente. Interpreta a George “Big Frenchy” DeMange, socio del gánster Owney Madden y una de las figuras relacionadas con el funcionamiento del club.

Su elevada estatura, su voz profunda y su imponente presencia física encajan perfectamente en el ambiente mafioso de la historia. Aunque su papel es secundario, consigue llamar la atención cada vez que aparece en pantalla.

El encasillamiento de Fred Gwynne

El éxito de Herman Munster convirtió a Fred Gwynne en un rostro conocido internacionalmente, pero también condicionó su carrera. Durante años, muchos productores fueron incapaces de verlo alejado del entrañable monstruo de la televisión.

En la última etapa de su trayectoria logró demostrar su capacidad como actor de carácter. Participó en títulos como Atracción fatal, El secreto de mi éxito, Cementerio viviente, Sombras y niebla y Mi primo Vinny.

Especialmente recordada es su interpretación del juez Chamberlain Haller en Mi primo Vinny, donde su seriedad y su voz grave contrastaban de forma muy divertida con el personaje de Joe Pesci.

¿Fue Cotton Club un éxito?

A pesar de su espectacular producción, Cotton Club no fue un éxito comercial. Su presupuesto fue muy elevado y la recaudación resultó insuficiente para recuperar la inversión.

Los problemas durante la producción, la gran cantidad de personajes y la acumulación de tramas perjudicaron su recepción. Durante años, la película fue recordada más por su fracaso económico que por sus cualidades cinematográficas.

La crítica también quedó dividida. Se elogiaron la ambientación, la música, las coreografías y la interpretación de Gregory Hines, pero se consideró que la narración era demasiado dispersa.

Una película recuperada con el paso del tiempo

Con los años, Cotton Club ha ganado prestigio. Actualmente se valoran mucho más su riqueza visual, su música y su capacidad para combinar el espectáculo con una mirada crítica sobre el racismo y la segregación.

También se aprecia mejor la forma en que Coppola relaciona el mundo del jazz con el de los gánsteres. Ambos espacios aparecen dominados por el dinero, el poder, la ambición y la búsqueda de reconocimiento.

The Cotton Club Encore, la versión de Coppola

En 2019, Francis Ford Coppola presentó una nueva versión titulada The Cotton Club Encore.

Este montaje recuperaba escenas eliminadas, ampliaba los números musicales y concedía una mayor presencia a Gregory Hines, Lonette McKee y los demás personajes afroamericanos.

La nueva versión mejoró el equilibrio entre las dos historias principales y permitió comprender mejor la intención original del director.

Una obra irregular, ambiciosa y fascinante

Coton Club quizá no alcance la grandeza de las obras maestras de Coppola, pero continúa siendo una película visualmente fascinante y musicalmente poderosa.

Su narración puede resultar algo recargada, aunque contiene interpretaciones, coreografías e imágenes difíciles de olvidar. También representa el deseo de Coppola de recuperar la grandeza del cine clásico de Hollywood y combinarla con el tono violento de sus películas de gánsteres.

En el centenario de Fred Gwynne, Cotton Club ofrece además una buena oportunidad para recordar que detrás del inolvidable Herman Munster había un actor culto, versátil y dotado de una extraordinaria presencia cinematográfica.

El coleccionista. Cine y Cultura – Carlos Muñoz Muriedas

29/05/2024

Tucker, un hombre y su sueño (1988)

 


Ya que estos días en el Festival de Cannes hemos vuelto a ver a Francis Ford Coppola y a George Lucas he pensado en hablar de una película que reunió a ambos, se trata de Tucker, un hombre y su sueño del año 1988. La carrera del director no iba bien, monumentales fracasos como Corazonada (1981) o proyectos que en su momento tampoco tuvieron la respuesta comercial esperada como Rebeldes (1983) o títulos más de autor con grandes divisiones en la crítica como Cotton Club (1984) o Jardines de piedra (1987). La sombra de El padrino resultó larga y su cine dejó de interesar al gran público.


A finales de los 80 pensó en rescatar un viejo proyecto, se trataba de la vida de Preston Tucker, quien diseñó en los 40 un nuevo coche de combustión interna dotado de un sistema de seguridad entonces revolucionario que incorporaba elementos luego imprescindibles como los frenos de disco o el cinturón. El temor de los otros fabricantes hizo que le acusaran de fraude y lo llevasen a juicio y aunque lo ganó, se arruinó y finalmente murió en 1958. “Tucker es una película que quería realizar (…). La llevo en el corazón por razones personales de familia. La vida y los ilusionados proyectos de Preston Tucker me tienen fascinado” comentaba.

El padre del director, Carmine Coppola, invirtió en acciones de Tucker y había llevado a su hijo a ver el tan llamativo coche, este conserva dos coches de los 51 que se fabricaron. Se dice que George Lucas tiene otros dos, el director de Star Wars le produjo la película ya que Coppola apenas la podía financiar, en su momento él le había  producido el American Graffiti (1973) cuando nadie creía en esta y fue una forma de agradecimiento de dos amigos que se habían distanciado. Aunque el nombre de Lucas suele ser mal visto por más de uno, hay que agradecer que pusiera dinero en una película que bien sabía que no iba a ser rentable. En EEUU apenas se vio, en España solo acudieron 210.413 espectadores, cifra pésima para una producción que había costado 24 millones de dólares.

El rodaje de esta fue en secreto según apunta la prensa de la época, Jeff Bridges fue el escogido para dar vida a Tucker, anteriormente había hablado con Burt Reynolds ya que, según él, se parecía físicamente (la verdad es que viendo las fotos originales, cuesta ver esa similitud). Destaca en el reparto un Martin Landau el cual conseguiría una nominación al Oscar, el año siguiente volvería a estarlo por su rol en Delitos y faltas (1989) de Woody Allen, un magnífico actor que tuvo que esperar hasta 1993 en obtener la estatuilla por Ed Wood con su inolvidable encarnación de Bela Lugosi. Encontramos también a un habitual del director como Frederic Forrest o un jovencito Christian Slater. Dean Stockwell también llena la pantalla metiéndose en la piel de Howard Hughes en una escena bastante sombría que se aleja del tono restante.

La fotografía corrió a cargo de Vittorio Storaro que se había revalorizado aun más al ganar el Oscar por El último emperador (1987), la cuidada decoración artística a cargo de Dean Tavoularis y Armin Ganz y el vestuario a cargo de Milena Canonero también estuvieron nominadas a la estatuilla preciada. Es una película muy cuidada en todos sus aspectos, la música corría a cargo de Joe Jackson y resultaba pegadiza.

Desde finales de los 60 hasta 1988 el director había pensado varias maneras de llevar a la pantalla tal historia, primero pensó en una comedia sin grandes pretensiones, luego ideó tratarla en plan Ciudadano Kane, después darle forma de musical, hasta mantuvo contactos con Leonard Bernstein, pero el fracaso de Corazonada hizo que no se atreviese, finalmente pensó en rodarla en plan muy clásico, con muchas influencias del cine de Frank Capra. Así Jeff Bridges es como un Gary Cooper en Juan Nadie luchando contra todos, un personaje muy quijotesco. “El talento creativo en mi país estalló con la II Guerra Mundial (…) Yo he querido librarme de la esclavitud de las grandes empresas de producción fundando mi propia productora” declaraba Coppola. No obstante, ya he mencionado que tuvo que recurrir a George Lucas, una película como esta en la que criticaba a su país, el capitalismo y dejaba en evidencia a las grandes marcas de coches de entonces apenas iba a ser promocionada

Enfático como es todo el film, presenta además muchas escenas familiares, la esposa está muy presente en los momentos más difíciles de él, la actriz Joan Allen aborda su papel con gran psicología de miradas y gestos, una buena contraposición al tipo de actuación de Jeff Bridges nerviosa en el buen sentido de la palabra y con mucho brío, en la versión original su tono de voz es siempre fuerte y animosa, con una sonrisa presente en casi todo el metraje, el guion recoge un hábil diálogo en el que ella le dice que tiene la sonrisa de Clark Gable. Como curiosidad, aparece el padre del actor, Lloyd Bridges, en el papel de un oscuro senador.

Quizá puestos a encontrar defectos, la pasión de Coppola hacia el personaje y sus coches le hace cruzar la línea roja de lo que es una biografía de una hagiografía. En lo que es la estética, ritmo y montaje esto no tiene efecto, pero podría pasar que el público más distante hacia el tema y la época no se viera reflejado por el mensaje final de que lo importante es tener éxito como persona, tener siempre fe en uno mismo, saber defender las ideas y la creatividad individual, aunque eso acabe pagándose con el fracaso.

En todo caso, Tucker es una película notable y optimista, quizá de lo mejor en esta etapa irregular de no saber encontrarse a sí mismo y contradecirse. Al cabo de un año tendría que rodar El padrino III para recuperar la confianza en el gran público que pasaba de largo con sus obras personales. 

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