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10/08/2026

Lady Halcon (Richard Donner, 1985)

 

Rutger Hauer y Michelle Pfeiffer en Lady Halcón, película de Richard Donner en la que un eclipse permite que Navarre e Isabeau rompan su maldición.


Lady Halcón (1985): el eclipse que rompió la maldición

 

 El próximo 12 de agosto de 2026, España vivirá un eclipse solar que oscurecerá por completo el cielo en buena parte del norte y del este de la Península y en Baleares. En otras zonas, como Granada, será parcial, pero también alcanzará una magnitud considerable. El fenómeno llegará al atardecer, con el Sol muy bajo sobre el horizonte, lo que puede producir una de las imágenes más hermosas y extrañas de los últimos años. Será el primer eclipse total visible desde la Península Ibérica en más de un siglo.

Para un cinéfilo, resulta inevitable recordar Lady Halcón, la película de Richard Donner en la que un eclipse consigue lo que parecía imposible: reunir durante unos instantes el día y la noche y permitir que dos amantes malditos vuelvan a encontrarse bajo su forma humana.

Una película que recuerdo desde 1985

Lady Halcón se estrenó en el verano de 1985 y todavía la asocio a aquellos cines de Barcelona —el Alexandra, el Aquitania o el Waldorf— en los que esta clase de aventuras podían encontrarse con un público muy amplio. Parecía una película pensada para jóvenes, con caballeros, huidas, castillos y animales misteriosos, aunque su melancólica historia de amor también podía interesar plenamente a un espectador adulto.

Cuando volví a escribir sobre ella en 2021 lo hice de manera improvisada, poco después de la muerte de Richard Donner. Aquel texto era más un recuerdo agradecido al director que un verdadero análisis. Donner había firmado La profecía, Superman, Los Goonies, Arma letal y muchas otras películas capaces de llegar al gran público sin renunciar al oficio cinematográfico.

No todos los directores tienen que ser autores atormentados o maestros venerados en las filmotecas. Entre la obra maestra y la película desastrosa existe un territorio muy amplio: el del cine comercial bien narrado, con personajes atractivos, ritmo, emoción y sentido del espectáculo. Richard Donner conocía perfectamente ese terreno.

Dos amantes que nunca pueden encontrarse

La premisa de Lady Halcón continúa siendo magnífica. Navarre e Isabeau están condenados por el obispo de Aquila, consumido por los celos y por su deseo de poseer a la joven. Durante el día, Isabeau se convierte en halcón. Cuando llega la noche, recupera su cuerpo humano, pero Navarre se transforma entonces en lobo.

Viven juntos, recorren los mismos caminos y duermen casi uno al lado del otro, aunque nunca pueden mirarse plenamente como hombre y mujer. Apenas disponen de unos segundos durante el amanecer y el atardecer, cuando una transformación termina y comienza la otra

“Un día sin noche y una noche sin día”

Imperius, el viejo sacerdote interpretado por Leo McKern, encuentra una posible salida. La maldición podrá romperse cuando Navarre e Isabeau se presenten juntos ante el obispo como seres humanos durante “un día sin noche y una noche sin día”.

Navarre cree que se trata de una nueva locura del sacerdote. Sin embargo, durante el enfrentamiento final en la catedral, una abertura deja ver el cielo y aparece un eclipse solar. Durante unos instantes, el día se oscurece como si hubiera llegado la noche. Isabeau y Navarre pueden existir al mismo tiempo bajo su forma humana y enfrentarse juntos al hombre que los condenó


Michelle Pfeiffer, entre mujer y aparición

Michelle Pfeiffer posee en Lady Halcón una belleza casi irreal. Su Isabeau no necesita demasiadas palabras para transmitir tristeza, cansancio y una cierta serenidad. Aparece muchas veces como una figura observada por los demás, rodeada de luz, de bosques o de ruinas, aunque la actriz consigue evitar que el personaje se reduzca a una presencia decorativa.

Quizá uno de los defectos de la película sea que Isabeau dispone de menos desarrollo del deseable. Sabemos lo que Navarre sufre por ella, conocemos la culpabilidad de Imperius y acompañamos constantemente a Philippe Gaston, pero se nos permite entrar menos en el pensamiento de la propia Isabeau. Aun así, Pfeiffer es el centro emocional de la película. Cuando recupera fugazmente su forma humana, comprendemos todo lo que significa para Navarre volver a verla.

La noble rudeza de Rutger Hauer

Rutger Hauer aporta a Navarre una combinación de fuerza, autoridad y amargura. Su aspecto encaja perfectamente con el caballero medieval que lleva años sobreviviendo acompañado por un halcón al que ama, sabiendo que al llegar la noche será él quien deje de ser humano.

Hauer podía transmitir amenaza y fragilidad dentro de una misma escena. Su Navarre está endurecido, habla poco y en determinados momentos parece más interesado en la venganza que en la esperanza de recuperar a Isabeau. Su interpretación contrasta con la delicadeza de Michelle Pfeiffer y con la energía más ligera de Matthew Broderick.

Matthew Broderick y un héroe inesperado

Philippe Gaston, apodado el Ratón, es quien conduce al espectador por esta historia. Tras escapar de las mazmorras de Aquila, se encuentra con Navarre y termina implicado en una aventura que al principio no comprende.

Broderick introduce humor mediante sus conversaciones con Dios, sus huidas y su capacidad para sobrevivir a situaciones imposibles. En ocasiones, su interpretación parece demasiado contemporánea para el mundo medieval de la película. Sin embargo, esa aparente falta de solemnidad permite que el relato respire y evita que la historia de amor caiga en un tono excesivamente grave. Bajo su comicidad también hay cierta tristeza. Philippe está solo, no pertenece a ningún lugar y utiliza la palabra como defensa. Al ayudar a Navarre e Isabeau, encuentra algo parecido a una familia.

El obispo y la corrupción del poder

John Wood interpreta al obispo de Aquila como un hombre frío, autoritario y dominado por los celos. Su condición religiosa agrava su perversidad: utiliza su poder espiritual para castigar a Isabeau por no corresponder a sus deseos. Se sirve de su posición para satisfacer una obsesión personal y convierte el amor de la pareja en un delito contra su autoridad.

El personaje podría haber aparecido más y tener una presencia dramática mayor. Aun así, representa con claridad uno de los temas más oscuros de Lady Halcón: la facilidad con la que un hombre poderoso puede confundir el amor con la posesión y la autoridad con el derecho a decidir sobre la vida ajena.

Vittorio Storaro y la frontera entre la luz y la oscuridad

El gran valor técnico de Lady Halcón está en la fotografía de Vittorio Storaro. Pocos directores de fotografía podían resultar tan apropiados para una historia en la que el día, la noche y los instantes de transición determinan el destino de los protagonistas. El amanecer y el crepúsculo dejan de ser simples momentos del día para convertirse en los únicos puntos en los que los amantes casi pueden coincidir.

Los paisajes reales dan a la película una consistencia que muchas fantasías posteriores han perdido. Se perciben la piedra, el frío o el peso de las armaduras Donner crea un mundo fantástico que parece haber existido antes de la llegada de los personajes.

Una música que todavía divide

La banda sonora de Andrew Powell, vinculada al universo musical de "The Alan Parsons Project", fue y continúa siendo el aspecto más discutido de Lady Halcón. La partitura combina orquesta y sintetizadores. En determinados momentos románticos acompaña muy bien la melancolía de la historia. Durante algunas persecuciones, en cambio, los ritmos electrónicos parecen chocar violentamente con los caballos, las espadas y las fortalezas medievales.

Hay espectadores que consideran que esta música ha envejecido mal, otros creen que precisamente esa extravagancia da a la película una identidad única. Probablemente ambas cosas sean ciertas. Suena absolutamente a los años ochenta, pero también resulta imposible imaginar Lady Halcón completamente separada de ella.

Lo que dijo la crítica

La acogida crítica fue favorable, aunque estuvo lejos de ser unánime. Se valoraron la fotografía, las localizaciones, la historia romántica y la calidad del reparto. También se reprocharon el ritmo irregular, la dificultad para combinar la aventura, la comedia y el romance, y una música considerada anacrónica por parte de la prensa.

Algunos críticos vieron una hermosa fábula medieval. Otros pensaron que Donner no conseguía encontrar el tono adecuado y que la película avanzaba con más lentitud que sus propios caballos.  El tiempo, sin embargo, ha jugado a favor de Lady Halcón. No se convirtió en un gran clásico inmediato, pero fue encontrando un público que recordaba su argumento, sus paisajes, su pareja protagonista y, naturalmente, la imagen del eclipse.

Una película difícil de clasificar

Lady Halcón llegó en una época especialmente fértil para la fantasía cinematográfica. Durante aquellos años aparecieron títulos como Excalibur, Conan el Bárbaro, Cristal oscuro, Legend, Dentro del laberinto o La historia interminable.

La película de Donner era más romántica que algunas de ellas, menos oscura que otras y demasiado adulta para ser considerada únicamente una aventura infantil. Esa mezcla pudo dificultar su promoción, pero también explica su permanencia.

El eclipse de 2026 y una película que merece regresar

El 12 de agosto de 2026, la franja de totalidad atravesará España de oeste a este y pasará por numerosas provincias. En Barcelona, el sol quedará oculto casi por completo y en muchos puntos de Cataluña se alcanzará la totalidad. En Madrid la ocultación también rozará el 100 %, mientras que la mitad sur contemplará un eclipse parcial. El fenómeno sucederá al atardecer, por lo que será necesario buscar un horizonte occidental despejado.

Conviene recordar algo menos cinematográfico, pero imprescindible: el eclipse debe contemplarse únicamente con gafas provistas de filtros solares certificados. Las gafas de sol corrientes, los cristales oscuros, las radiografías y otros inventos caseros no protegen la retina.

 Mientras millones de personas esperen ese breve oscurecimiento del cielo, la película de Richard Donner volverá a recordarnos por qué los eclipses han sido interpretados durante siglos como anuncios, amenazas, milagros o puertas abiertas hacia otro mundo.

Cuatro décadas después, sigue siendo muy difícil mirar un eclipse sin recordar a Navarre e Isabeau. Durante unos segundos, el día parecerá noche. El Sol y la Luna ocuparán el mismo cielo. Y quienes amamos esta película podremos imaginar que, en alguna catedral perdida, un caballero y una mujer convertida en halcón vuelven por fin a encontrarse.

22/07/2021

Grease 2: Secuelas que no funcionan

 



Suele ser casi un ritual del verano ver Grease cada año, a muchos nos recuerda el final del colegio, las vacaciones de verano, cierta alegría efímera, pero que siempre vuelve. La película estrenada en 1978 es de las más repuestas en televisión, y uno de los pocos musicales que da buenos resultados de audiencia. La han sabido comercializar muy bien, cuando la estrella de Travolta estaba olvidada se reeditó su banda sonora en 1991 que de nuevo fue número 1 y el filme volvió a resucitar para otra generación.  El actor encontró de nuevo el éxito ese año, aunque no bailando en Mira quien habla, luego vendría Tarantino y su carrera volvería a elevarse.




Grease tuvo una secuela algo tardía en 1982 y que constituyó todo un fracaso tanto de público como artístico. Estaba protagonizada por una Michelle Pfeiffer aun desconocida y que tampoco hacía presagiar que tuviera una gran carrera y por otro lado teniamos a un actor británico Maxwell Caulfield, del que se decía que era el nuevo Richard Gere, pero cuya filmografía fue finalmente bastante anodina y tuvo que conformarse con alcanzar cierta popularidad en un papel de malo de la serie Los Colby, el actor se casó con Juliet Mills, la hermana de Hayley y que muchos la recordamos por ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?

 Los personajes y actores que repitieron sus papeles de la primera incluían a Didi Conn como Frenchy, Eve Arden como la directora McGee, Dody Goodman como Blanche Hodel, Sid Caesar como el entrenador Calhoun y Eddie Deezen como Eugene, el cual deduzco que viviría en el colegio y eso que parecía buen estudiante. Dick Patterson, quien interpretó al Sr. Rudie en el original, interpreta al Sr. Spears y Dennis Stewart, quien interpretó al miembro de los Scorpions en el original, interpreta a Balmudo. 

Entre las incorporaciones teníamos a dos veteranos como Connie Stevens y especialmente a Tab Hunter en el papel de un profesor Mr. Stuart que se reservaba una canción. Del resto del reparto, el único que logra una interpretación eficaz fue Adrian Zmed como Nogerelli, como curiosidad tenemos el debut cinematográfico  de Lorna Luft, hija de Judy Garland y del productor Sidney Luft, pero que no logró tampoco convencer.




 Según el IMDB, el mismo Tom Cruise se presentó para el papel protagonista, pero la directora lo rechazó por su baja estatura, otros nombres fueron Shaun Cassidy, Greg Evigan, Andy Gibb y Rick Springfield.  El problema no era el cásting, sino el argumento y las canciones. La historia es bastante ridícula, Michael Carrington (Maxwell Caulfield), un joven inglés refinado llega al instituto norteamericano donde se enamora de Stephanie Zinone (Michelle Pfeiffer), líder del grupo de animadoras, pero ésta sólo se fija en los miembros del club de chicos local, y solo quiere salir con alguien motorizado, entonces Michael empezará a entrenarse para saber llevar una y con unas gafas oscuras ocultar su identidad a ella. Como pueden leer, una historia exclusiva para adolescentes



Las cinco primeras canciones del principio no están mal, pero a medida que avanzan parecen de relleno, no logran que se queden en la cabeza, incluso son largas y con coreografías algo horteras. Hay también más de un error en el argumento, el personaje de Frenchy desaparece de repente sin saber por qué, Maxvell Caulfield falla tanto en su rol de estudiante educado y guaperas como en el de convertirse en un “rebelde sin causa”. Y de la Pfeiffer está tan mal perfilado su papel que uno olvida enseguida que era ella la que salía.




 Patricia Birch fue la directora de esta secuela, había sido la coreógrafa de la primera parte, y se nota
que lo suyo no era eso, la historia estaba escrita por Ken Finkleman, su nombre no sonará a más de uno, pero ese mismo año él dirigió la secuela de otro éxito como Aterriza como puedas, también envuelta de cierta polémica ya que los directores originales de la primera no quisieron saber nada de ella por desacuerdos, así como de algunos de sus actores como Robert Stack que no quiso salir, ya que veía el guion como una especie de pastiche del primero. Al ser una película de gags más o menos afortunados por encima del argumento, el resultado quedaba más disimulado y era divertida, aunque la originalidad ya quedara en entredicho y la taquilla tampco quisiera saber mucho.

 El fracaso de Grease 2 hizo que otras dos secuelas previstas, más una serie quedaran almacenadas en un cajón, la Disney los desempolvó hace ya más de una década para los High School Music que como pudieron comprobar guardaban gran parecido y que tuvieron en su momento bastante popularidad. 

                                                     ¿Es Grease? No, es High School
                                               
Mejor recurrir cada año a la primera parte, aunque Grease 2 es tan mala que incluso quién sabe si acaba volviéndose buena. En una de estas noches de verano bochornosas quizá hasta te entretenga, no seamos tan malévolos tampoco con ella.

08/07/2021

Recuerdo improvisado a Richard Donner y su Lady Halcon

 

Richard Donner (Fuente: Wikipedia)


El pasado lunes nos dejaba el director Richard Donner, de sus manos salieron títulos míticos para la denominada generación del EGB, ahí tenemos su Supermán, que a día de hoy es ya un clásico y probablemente la mejor película de superhéroes que se haya rodado, luego vinieron Su juguete preferido, Los goonies, Arma Letal, Los fantasmas atacan al jefe y mención aparte merecería su primer trabajo conocido La profecía, excelente película de terror y que personalmente siempre he preferido a los excesos de El exorcista, pues el film de él mantenía una tensión “in crescendo” sin necesidad de efectos especiales y el tan repelente gore, además de ese sorprendente e irónico final y el famoso triciclo que luego Kubrick copiaría.



 Entre estas hay Lady Halcon, película por la que siento un especial afecto, bien es cierto que me gustaba más hace algunos años, pero uno sigue disfrutando de ella a pesar de sabérsela de memoria. Volver la vista atrás y recuperar esa ingenuidad adolescente como la que tiene el personaje pícaro encarnado por Mathew Broderick supone un ejercicio incluso saludable, siempre que no se abuse demasiado de ello.



Fuente: Filmaffinity

 Lady Halcon
apareció en nuestras carteleras un verano de 1985, sin hacer mucho ruido ya que en EEUU no tuvo la resonancia esperada, en Barcelona fue en los cines Alexandra, Aquitania (la que fue posteriormente Filmoteca) y Waldorf. Los estrenos de verano antes no eran los más significativos, casi se diría que era una película para llevar a los críos al cine y así entretenerlos y gozar de dos horas de aire acondicionado.

 La película reunía la cualidades necesarias para que el público adulto no se aburriera, su espléndida fotografía de Vittorio Storaro te transportaba a esa Edad Media en los montes Apeninos con sus castillos y paisajes rembrandtianos, que luego supimos que habían sido propiedad de Luchino Visconti. 

(Michele Pfeiffer: Fuente: Filmaffinity)

 Michelle Pfeiffer que aun no se había asentado del todo en la industria con esa secuela de Grease tan odiada, nos mostraba una belleza incomparable, aunque a ella no le gustó mucho el papel. Ofrecía, además, un curioso contraste con el tosco Rutger Hauer.

 Su argumento ya lo conocerán, relata la diabólica venganza del Obispo de Aquila, que consiste en hacer imposible el amor entre Navarre (Rutger Hauer) e Isabeau Anjou (Michelle Pfeiffer). Aliándose con las fuerzas del mal, el Obispo consigue hechizar a los amantes: ella se convertirá en halcón durante el día, y él será un lobo por la noche. Eternamente unidos y separados, encontrarán un aliado en el joven lacayo Philippe Gaston (Matthew Broderick), que intentará ayudarlos a conjurar la maldición del obispo.

Rutger Hauer (Fuente: Filmaafinity)
La historia fue escrita por Edward Khamara, pero en la publicidad se dijo que estaba basada en una
leyenda popular, lo cual llevó al guionista a querellarse. Seguramente en esa historia tomara como fuente de inspiración otras como la de "Eloísa y Abelardo", "La bella y la bestia", etc En un principio el guion estaba lleno de monstruos y elementos fantásticos que a Donner no le convencían ya que veía el guion flojo y quería centrarse en la historia de amor imposible, llamó a David Peoples (Blade Runner) pero tampoco le convenció, finalmente Michael Thomas y Tom Mankiewickz redactaron la historia como pretendía el director. 

 A pesar de cierta apariencia superficial, la película va más allá, su historia de amor tiene un dramatismo que otras de esa época no tienen, reflexiona sobre un periodo de la historia y ciertos cabecillas de una Iglesia que tenía de todo menos caridad o tras el aparente papel simpático de Broderick hay una persona triste, de aquellos que parecen nacidos para perder siempre…

El propio Donner en una entrevista a “l´Ecran Fantastique” remarcaba que el principal problema era vender la película ya que ni era de magia y brujería, tampoco de hechizos, ni una comedia”. Lady Halcon, vista hoy cuatro décadas más nos puede seguir sorprendiendo, pero sobre todo el hecho de elaborar un cine comercial con ciertos toques de autor. 

 He querido hoy con este artículo improvisado homenajear a Richard Donner, y me llama la atención que más de uno que despreciaba su cine, ahora lo tilde de gran maestro, tampoco hay que exagerar. Tal como decía él mismo, sus películas eran previsibles con final feliz y para tal tarea, también son necesarias unas dotes de gran director. Hoy en día, parece que ya no exista el término medio, algo es malo o una obra maestra, situación que lleva a auténticos disparates. Tal vez la industria necesitaría más del talento de Richard Donner para esas películas actuales que nacen ya con fecha de caducidad...  



Lady Halcon (Richard Donner, 1985)

  Lady Halcón (1985): el eclipse que rompió la maldición    El próximo 12 de agosto de 2026, España vivirá un eclipse solar que osc...