Introducción: El contexto del año franciscano y la atemporalidad del Poverello
En plena conmemoración del año franciscano, la figura de San Francisco de Asís cobra un protagonismo especial que invita a redescubrir las múltiples aproximaciones culturales e históricas inspiradas por su radical mensaje de paz, pobreza y comunión con la naturaleza. Entre todas las adaptaciones cinematográficas concebidas a lo largo de las décadas, pocas han generado tanta fascinación, belleza estética y debate como Hermano sol, hermana luna (Fratello sole, sorella luna), dirigida por el maestro italiano Franco Zeffirelli. Lejos de limitarse a una hagiografía convencional, esta obra se adentra en la juventud del santo y en un profundo ejercicio de reinterpretación visual que continúa resonando con fuerza en la actualidad.
La presentación oficial y el despliegue técnico inicial
La película tuvo un momento destacado al ser presentada de forma oficial, en una función fuera de competición, como la Gala de Clausura en el Teatro Victoria Eugenia del Palacio del Festival de Barcelona y San Sebastián. Esta ambiciosa producción cinematográfica corrió a cargo de Paramount Films y fue distribuida por Cinema International Corporation. El proyecto se consolidó mediante una coproducción internacional italo-inglesa impulsada por Euro International Films de Roma y Vic Film (Productions) Ltd. de Londres.
La dirección de la película estuvo firmada por Franco Zeffirelli, mientras que la producción principal recayó en Luciano Perugia, acompañado por Dyson Lovell en las labores de productor asociado. A nivel técnico, el filme destaca por haber sido rodado por completo en los sistemas de Technicolor y Panavision, buscando recrear con la máxima fidelidad visual los escenarios y la atmósfera de la época.
El argumento y la transformación de Francisco de Asís
La historia original y el guion, elaborados conjuntamente por Suso Cecchi d'Amico, Kenneth Ross, Lina Wertmüller y el propio Franco Zeffirelli, sitúan los inicios de la trama en Francisco, hijo de Pietro Bernardone. Pietro era un comerciante acomodado de bienes adquiridos principalmente en Provenza, de donde trajo a su esposa Pica, y cuyo patrimonio se incrementó notablemente debido a la venta de armas. Francisco creció y fue educado como cualquier otro muchacho de su clase social en los oscuros siglos que precedieron al Renacimiento, destacando por ser un joven alegre por naturaleza al que le gustaban las cosas bellas. Su padre albergaba grandes ambiciones para él, le mimaba y sentía orgullo de su inteligencia, su buen gusto y su instinto comercial.
Cuando estalló la guerra entre las ciudades de Asís y Perusa (Perugia), Francisco y sus amigos cercanos —Silvestre, Giocondo, Pablo y Bernardo— tomaron parte en la contienda luciendo magníficas armaduras procedentes del negocio de Bernardone. Durante el transcurso de la batalla, sus compañeros son hechos prisioneros, pero Francisco logra escapar y regresa a Asís sumamente enfermo y con las fuerzas agotadas. Al ser recogido en la carretera por sus padres, permanece postrado en cama día tras día, pálido y sin fuerzas siquiera para hablar, momento en el que se opera un cambio radical en su interior al comenzar a valorar las bellezas de la naturaleza, el olor de la tierra y el canto de los pájaros.
El perfil biográfico y la trayectoria artística de Franco Zeffirelli
Nacido en Florencia el 12 de febrero de 1924, Franco Zeffirelli vivió una infancia y adolescencia muy difíciles. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, se unió a las fuerzas de la Resistencia y se ocultó en las montañas, una etapa clave donde la figura de San Francisco y su pacífica rebeldía contra el orden establecido se convirtieron en una vaga pero constante presencia en su mente. Concluida la contienda, cursó estudios en la facultad de arquitectura de la Universidad de Florencia hasta que, en 1947, decidió volcarse de lleno en la carrera teatral.
Instalado en Roma, ejerció como ayudante de dirección del propio Visconti en tres títulos fundamentales del cine clásico: La tierra tiembla, Bellísima y Senso. Su labor escénica nunca se detuvo, diseñando decorados y vestuarios para obras teatrales de Tennessee Williams o Chéjov bajo la batuta de Visconti. En el ámbito de la ópera, debutó en La Scala de Milán con la puesta en escena de La Cenicienta, iniciando una trayectoria lírica de prestigio internacional que le llevó a dirigir Payasos en el Covent Garden de Londres.
Zeffirelli consolidó su fama mundial como experto shakespeariano dirigiendo obras como Otello, un célebre Hamlet protagonizado por Giorgio Albertazzi y Falstaff junto al director Leonard Bernstein en el Metropolitan Opera House de Nueva York. En el terreno cinematográfico, su maestría estética se consagró previamente con las superproducciones de La fierecilla domada y Romeo y Julieta, obras que cautivaron a la crítica y al público global gracias a su exquisito cuidado del detalle renacentista.
El proceso de casting y los perfiles de los protagonistas
Para dotar a la película de una espontaneidad absoluta y huir de los rostros previsiblemente condicionados por la fama, Zeffirelli optó por buscar a jóvenes completamente desconocidos tras un rastreo que se prolongó durante dos años en Europa y América:
Graham Faulkner (Francisco): Nacido el 26 de septiembre de 1947 en Londres, Faulkner creció en un colegio debido a la separación de sus padres, lo que fomentó su carácter solitario volcado en la literatura, la poesía, el arte y el dibujo. Tras trabajar como tramoyista y en compañías aficionadas de Leicestershire, ingresó en la Leicester Drama Society y posteriormente en la prestigiosa Academia de Arte Dramático Webber-Douglas, donde estudió canto e interpretó piezas de Ibsen, George Bernard Shaw, Turguénev y Eurípides. Aunque es de religión protestante metodista, Zeffirelli encontró en él una mirada pura, gracia física y una gran afinidad con el espíritu del santo.
Judi Bowker (Clara): Nacida en Shawford el 6 de abril de 1954, Bowker pasó su infancia en Zambia debido al trabajo de su magistrado padre, estudiando en un convento dominico a pesar de no ser católica. De regreso a Inglaterra, cursó estudios en el "London Art & Technical College" y tomó clases de danza. Fue descubierta por Zeffirelli de forma casual a través de la fotografía de un periódico que mostraba a la joven montando a caballo. De entre mil candidatas, el director la escogió por poseer una magia inexplicable y una luminosidad interior capaz de irradiar pureza desde la pantalla.
El talento consagrado de los intérpretes secundarios
El reparto coral se completó con figuras de dilatada trayectoria internacional:Valentina Cortese ,Adolfo Celi (El Cónsul) o Alec Guinness que rodó una única escena en el filme como el Papa Inocencio III. Este papel revistió para él un significado espiritual doble y muy íntimo debido a su reciente conversión al catolicismo. El reparto incluyó también a Leigh Lawson en el papel de Bernardo, Kenneth Cranham como Paolo, Michael Feast encarnando a Silvestro, Nicholas Willatt como Giocondo, John Sharp como el Obispo Guido, y Francesco Guerrieri interpretando a Deodato.
Apartado técnico: Guion, fotografía, música y producción
La estructura técnica del equipo artístico y de rodaje refleja el mimo y la exigencia estética que caracterizaron el proyecto:
Guion e historia original: Elaborados de forma conjunta por Suso Cecchi d'Amico, Kenneth Ross, Lina Wertmüller y el propio Franco Zeffirelli, estructurando una narrativa que equilibra el conflicto generacional y el lirismo religioso.
Dirección de fotografía: A cargo de Ennio Guarnieri (A.I.C.), cuyo trabajo sobresale por el uso meticuloso de la luz y una atmósfera pictórica capaz de evocar la pintura renacentista italiana
Dirección artística y diseño de producción: Liderados por Lorenzo Mongiardino y Gianni Quaranta, encargados de recrear con autenticidad los entornos medievales y la suntuosidad de la corte papal.
Diseño de vestuario: Firmado por Danilo Donati, diferenciando visualmente la opulencia de los mercaderes y la nobleza frente a la tosquedad y austeridad de los sayales franciscanos.
La música: Un apartado un tanto lioso entre Riz Ortolani, Donovan y la versión italiana
La gestión de la banda sonora de la película resulta un tanto liosa debido a la convivencia de diferentes fuentes musicales y versiones comerciales. Por un lado, la música incidental y orquestal sobria y de carácter sinfónico fue compuesta por el célebre músico italiano Riz Ortolani, aportando la atmósfera emotiva y mística de la época. Por otro lado, las canciones principales fueron compuestas, escritas e interpretadas por el célebre cantautor Donovan, con la coordinación y dirección musical de Ken Thorne. Esta propuesta combinó una delicada atmósfera clásica con un tono folk, acústico y pacifista que sintonizó con la sensibilidad contestataria y juvenil de los años setenta, transformando los temas en himnos atemporales.
Además, para complicar un poco más las cosas, existió una versión italiana específica para el estreno en el país transalpino. En dicha variante, Franco Zeffirelli contó con la voz del joven cantautor Claudio Baglioni para interpretar las adaptaciones locales de los temas creados por Riz Ortolani, destacando el fenómeno cultural y litúrgico que supuso el tema "Dolce è sentire".
En determinados artículos se suele confundir la autoría de esta canción atribuyéndosela a Donovan, pero la existencia por las redes de la versión italiana con distinto montaje sin las canciones de este, dejan claro que la música de la canción principal es de Ortolani, aunque Donovan la versionara también. Joan Padrol en su Diccionario de bandas sonoras menciona que la versión estrenada en España era la versión inglesa y cuya banda sonora se reunió en un disco que jamás vio, puedo dar fe de ello porque en su momento lo busqué y llegué a pedir en una tienda de discos ya desparecida y nunca llegaba. También señala que ese tema principal ya aparecía en la versión de Michael Curtiz, aunque este dato no lo he podido percibir
Las confesiones de Zeffirelli en Nueva York: Accidentes, giros de guion y el desnudo
Durante una conferencia impartida en Nueva York, el propio Franco Zeffirelli desveló los entresijos más íntimos de la producción. Al ser interrogado sobre qué le condujo a adaptar la vida de San Francisco, el director señaló que partía de sus vivencias de infancia en Florencia, donde Asís se percibía como una extensión natural y su leyenda impregnaba la cultura local. Asimismo, rememoró los difíciles años del fascismo en Italia, su huida a las montañas para unirse a los partisanos de la Resistencia y cómo la imagen de Francisco plantando cara a las autoridades de su época sirvió de inspiración constante en su juventud.
El rodaje se enfrentó a notables contratiempos prácticos, como el descubrimiento de que la Asís contemporánea estaba plagada de antenas de televisión y heladerías modernas, lo que imposibilitó rodar allí y obligó a reconstruir tramos urbanos en localizaciones de la Toscana. Sin embargo, el obstáculo más dramático fue el gravísimo accidente de tráfico que sufrió el propio director, el cual lo dejó al borde de la muerte y requirió cinco operaciones quirúrgicas y meses de hospitalización. Zeffirelli confesó que este trance transformó por completo su concepción del filme: mientras que el plan original contemplaba una película moderna y efectista repleta de cortes técnicos directos y música pop protagonizada por The Beatles, su experiencia ante la muerte le llevó a buscar una sobriedad absoluta, optando por una narrativa limpia, pacífica y fiel a la inocencia del santo.
Dentro de esta búsqueda de pureza y ruptura con los convencionalismos sociales, cobra especial relevancia el tratamiento del desnudo en el filme. En el desarrollo argumental, cuando Francisco decide romper por completo con su pasado y con su familia, se dirige con absoluta calma a su progenitor Pietro Bernardone para pronunciar las palabras determinantes: "Yo ya no soy tu hijo. Te devuelvo todo lo que te pertenece". Inmediatamente después, se despoja de sus ropas y queda casi completamente desnudo, mostrando una figura delgada y frágil como la de un niño en medio de la multitud, antes de recorrer descalzo y cantando las calles de Asís. La crítica cinematográfica de la época no pasó por alto este recurso y señaló que esta secuencia ponía de manifiesto la marcada proclividad de Franco Zeffirelli por la exhibición del desnudo masculino, un sello de identidad visual que ya había empleado de forma notoria en su aclamada adaptación previa de Romeo y Julieta para retratar la vulnerabilidad física y la juventud.
Frente a las críticas iniciales que tildaban de locura rodar sobre un santo en plena era del erotismo y la violencia comercial, el director defendió su propuesta argumentando que el cine buscaba conectar a las personas de manera pura. Estableció un paralelismo directo entre la urgencia física de los amantes en Romeo y Julieta —como la escena en la que el protagonista trepa por el muro del balcón— y el momento de profunda intimidad en el que Francisco corta el cabello a Clara, defendiendo ambos actos como expresiones de amor exentas de artificios.
La recepción crítica en España y Europa
A su llegada a los cines españoles tras su paso por el Festival de San Sebastián —donde fue galardonada con el premio de la O.C.I.C.—, la película generó opiniones encontradas en la prensa de la época. Por un lado, revistas y diarios aplaudieron unánimemente el prodigioso despliegue de medios técnicos, la excelente dirección de fotografía y la capacidad de Zeffirelli para emular con precisión cromática la pintura del Renacimiento italiano. Por otro lado, críticos más severos tildaron la obra de excesivamente azucarada, catalogándola como un mero "álbum de estampas" cuyo esteticismo moroso restaba profundidad dramática y banalizaba la figura histórica al instrumentalizarla para reflejar las tensiones generacionales y los ideales de la contracultura juvenil de los años setenta.