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09/06/2026

Gente corriente (Robert Redford, 1980)



Cartel de Gente corriente (Ordinary People, 1980), debut de Robert Redford como director, con Donald Sutherland, Mary Tyler Moore y Timothy Hutton en un drama familiar sobre culpa, duelo, suicidio y salud mental.

Gente corriente: Robert Redford, el dolor familiar y la falsa normalidad americana

Que Gente corriente figure entre las películas favoritas del papa León XIV dice bastante de la película. No estamos ante una obra religiosa, pero sí ante una historia muy humana sobre la culpa, el duelo, el suicidio, la necesidad de ser escuchado y la dificultad de perdonarse después de una tragedia.

Y se entiende que pueda interesarle. Esta habla de heridas profundas: una familia rota, un hijo que no sabe cómo seguir viviendo y unos padres incapaces de mirar de frente lo que ha ocurrido. Bajo su apariencia de drama familiar burgués, la película plantea una pregunta muy incómoda: ¿qué pasa cuando una familia prefiere fingir que todo va bien antes que decir la verdad?

El galán que se puso detrás de la cámara

Robert Redford no eligió una película cómoda para debutar como director. Venía de ser uno de los grandes rostros del Hollywood de los setenta, el galán elegante de Dos hombres y un destino, El golpe, El gran Gatsby o Todos los hombres del presidente. Pero en 1980 decidió colocarse detrás de la cámara con una historia seca, íntima y dolorosa.

La prensa española de la época lo presentó casi como un “cambio de oficio”: Redford, a los cuarenta y tres años, dejaba momentáneamente la imagen de estrella para probarse como realizador. Él mismo decía que dirigir era una forma natural de controlar mejor el proceso creativo, y definía Gente corriente como una película “visceral” e incluso “política”, porque mostraba “lo que no marcha bien en América”.

Una familia perfecta, una herida invisible

La película nos lleva a una casa acomodada de Lake Forest, cerca de Chicago. Todo parece limpio, correcto y respetable. Pero esa apariencia se sostiene sobre una tragedia: Buck, el hijo mayor de los Jarrett, ha muerto en un accidente navegando con su hermano.

El superviviente, Conrad —Timothy Hutton—, no consigue vivir con la culpa. Ha intentado suicidarse, ha pasado por un hospital psiquiátrico y vuelve a casa sin saber cómo encajar en una familia que prefiere seguir funcionando como si nada hubiera pasado.

Su padre, Calvin —Donald Sutherland—, intenta acercarse a él con ternura, miedo y torpeza. Su madre, Beth —Mary Tyler Moore—, se aferra a la apariencia. Y ahí está el gran drama de la película: se está hundiendo una familia incapaz de hablar de lo que le duele.

El silencio como forma de violencia

Uno de los grandes aciertos es que no convierte este material en un melodrama de gritos. La película funciona de otra manera. Todo está medido.

La casa es elegante, los personajes hablan con educación, las comidas familiares parecen normales...En Gente corriente, el verdadero drama es que nadie sabe qué hacer con esa muerte. Conrad la vive como culpa y Beth parece querer borrarla de la vida familiar. Y esa diferencia acaba destruyendo lo poco que quedaba unido.

La crítica española la recibió con respeto

Cuando se estrenó en España, la crítica vio en Gente corriente algo más que el capricho de una estrella que quería dirigir. Pedro Crespo, en ABC, habló de una “iniciación de lujo” para Redford y destacó que la película exigía sobriedad, concisión y una interpretación sin fallos.

También subrayó algo fundamental: Redford sabía dirigir a los actores. Y eso se nota. La película  deslumbra por la precisión con que coloca a sus personajes en una situación emocional cada vez más insoportable.

Psiquiatría, suicidio y culpa

Vista hoy, una de las cosas más modernas de Gente corriente es su tratamiento de la salud mental. El intento de suicidio de Conrad no se usa como golpe morboso. Redford lo presenta como consecuencia de una culpa terrible: Conrad ha sobrevivido al accidente en el que murió su hermano, y no sabe cómo aceptar esa supervivencia.

Ahí entra el doctor Berger, interpretado por Judd Hirsch. Sus escenas con Conrad son de lo mejor de la película. Berger no es un psiquiatra distante ni solemne. Es directo, a veces brusco, pero también profundamente humano. La consulta se convierte en el único lugar donde Conrad puede decir lo que en casa nadie se atreve a escuchar.

La terapia es más bien una grieta abierta en la mentira familiar. Curarse no significa olvidar, sino dejar de fingir. Por eso resulta tan importante la idea señalada por la crítica de la época: la sinceridad aparece como “el único camino con futuro”.

Beth, la madre incómoda

La película también permite una lectura más crítica. Esteve Riambau, años después, señaló el componente machista de Gente corriente.

La película reparte la comprensión de forma desigual. Conrad es el hijo herido. Calvin es el padre que aprende a escuchar. Berger es el terapeuta que ayuda a sacar la verdad. Beth, en cambio, queda fijada como la madre fría, elegante, rígida, casi culpable de que la familia no sane.

Mary Tyler Moore está extraordinaria precisamente porque no suaviza al personaje. Beth no es una madre melodramática. Es una mujer que ha decidido sobrevivir a base de control, apariencia y distancia. Pero la película apenas le concede un verdadero espacio interior. Vemos el daño que produce en Conrad y en Calvin, pero sabemos mucho menos de su propio dolor.

Ahí está la parte discutible de la película: Redford es muy severo con la madre. Eso no destruye Gente corriente, pero puede verse a la vez como un gran drama sobre el trauma y como una obra marcada por su tiempo, donde la figura materna carga con buena parte del fracaso emocional de la familia.

Un reparto en estado de gracia

El reparto es esencial. Donald Sutherland ofrece una de sus interpretaciones más contenidas y dolorosas. Su Calvin es un padre que quiere amar bien, pero no sabe cómo hacerlo. Es un hombre que empieza la película intentando sostener la familia y termina comprendiendo que quizá esa familia ya no puede sostenerse igual.

Mary Tyler Moore, famosa por su imagen televisiva, sorprende con un personaje durísimo. Su Beth incomoda porque nunca se rompe como esperamos. Redford la filma casi siempre desde la distancia, y eso aumenta su frialdad.

Timothy Hutton, hijo del actor Jim Hutton, debutaba en el cine con este papel. Su Conrad transmite fragilidad sin caer en el exceso. Por este trabajo ganó el Óscar al mejor actor de reparto, aunque su presencia en la película tiene un peso casi protagonista.

Y Judd Hirsch, como el doctor Berger, aporta la energía que falta en la casa de los Jarrett. Frente al silencio familiar, Berger representa la palabra directa.

Aspecto técnico: la elegancia del dolor

Técnicamente, Gente corriente es una película muy sobria. La fotografía de John Bailey evita el brillo espectacular. Los interiores tienen algo frío, limpio, casi aséptico. La casa de los Jarrett parece perfecta, pero esa perfección resulta inquietante.

Redford utiliza los espacios para mostrar la separación emocional. Muchas veces los personajes están juntos, pero parecen aislados dentro del encuadre. Comparten mesa, salón, habitación, pero no comparten realmente el dolor.

 La película avanza con pausas, conversaciones y silencios. Es una dirección que se nota poco, pero está muy pensada. Redford quiere que el espectador vaya descubriendo, poco a poco, que la normalidad puede ser una forma de violencia.

La música de Marvin Hamlisch utiliza de forma muy eficaz el Canon de Pachelbel. Esa melodía de apariencia serena funciona como contraste: una música ordenada, casi perfecta, sobre una familia rota. Poco después, José Luis Garci utilizaría también el Canon en Volver a empezar, aunque allí con un sentido más nostálgico y elegíaco.

Los Óscar y la polémica con Toro salvaje

Gente corriente fue un gran éxito de prestigio. Ganó cuatro Óscar: mejor película, mejor director para Robert Redford, mejor actor de reparto para Timothy Hutton y mejor guion adaptado para Alvin Sargent.

Su victoria más discutida fue frente a Toro salvaje, de Martin Scorsese. Con el paso del tiempo, muchos han visto aquella decisión como una injusticia, porque Toro salvaje ha quedado como una de las grandes obras maestras del cine americano. Pero eso no debería convertir a Gente corriente en una película menor. La de Redford es menos deslumbrante formalmente, pero posee una fuerza íntima muy rara.

Una película que sigue doliendo

Lo más interesante de Gente corriente es que no ha perdido vigencia. Hoy hablamos más de salud mental, de depresión, de terapia, de suicidio... Pero la película ya estaba ahí, en 1980, tratando esos temas con una seriedad poco habitual en el cine comercial americano.

Redford no filma una película religiosa, pero sí una película sobre la sanación. Y esta llega cuando los personajes dejan de representar el papel de familia perfecta y empiezan a aceptar que el dolor ha cambiado sus vidas para siempre.

Por eso tiene sentido que pueda interesar al papa León XIV. Gente corriente habla de algo muy humano y muy profundo: la necesidad de perdonarse, de ser escuchado y de abandonar la mentira de que todo está bien.




04/07/2024

Donald Sutherland in memoriam: Amenaza en la sombra (1973)

 


El pasado 20 de junio fallecía a los 88 años Donald Sutherland, prácticamente no paró de actuar hasta sus últimos días, fue un actor singular, ya su físico se apartaba de los arquetipos de estrella y a pesar de su gran profesionalidad nunca fue nominado al Oscar. Intervino en casi 200 películas, su popularidad le vino especialmente gracias a Robert Altman en MASH (1970), pero en sus inicios intervino en varias películas de terror curiosas hoy en día como El castillo de los muertos vivientes (1964), Doctor Terror (1965) o Te espera la muerte, querida del mismo año.

Para rendirle un pequeño homenaje he elegido otra de este género, aunque con más medios y en su día una película que dio bastante que hablar, se trata de Amenaza en la sombra (Don´t Look Now) de Nicolas Roeg, en ella da vida al arquitecto John Baxter que para intentar superar la muerte de su hija se traslada con su mujer Laura (Julie Christie) a Venecia con el encargo de restaurar una vieja iglesia. Durante su estancia conocerán a un par de ancianas que dicen haber entrado en comunicación con su difunta hija y que les advierten de un peligro inminente.


Roeg fue un director cuyo estilo fue alabado por cineastas posteriores como Ridley Scott o Christopher Nolan y no tanto por la crítica en su momento, sus comienzos fueron como director de fotografía, había trabajado en la segunda unidad con David Lean en Lawrence de Arabia y le contrató para Doctor Zhivago, pero ahí no se entendieron y le despidió, su trabajo más popular fue con Truffaut en Fahrenheit 451. En su faceta de realizador destacan Performance (1970) protagonizada por Mick Jagger en la que se vio una clara influencia de Borges, Walkabout (1971), The Man Who Fell to Earth (1976) con David Bowie o Contratiempo (1980) con otro cantante Art Garfunkel, pero es Amenaza en la sombra su película más famosa, su cine tuvo un bajón acusado después.

Envuelta en la polémica por una escena de sexo en la que se decía que era real, estuvo censurada y consiguió el calificativo de morbosa, algo que probablemente la perjudicara a nivel de valoración artística, en todo caso ha quedado como una obra para muchos de culto. En España se estrenó con casi dos años de retraso en 1975 y fue vista por  338.103 espectadores.

Aparte de su argumento terrorífico y las inquietudes psicológicas que va destilando, destacaba por estar rodada en Venecia, pero esta no se presentaba en plan turístico, no obstante estaba en auge el éxito de Visconti con Muerte en Venecia donde ya la habíamos visto decadente y de forma distinta a la acostumbrada. Otro dato a tener en cuenta era que se trataba de una adaptación de Daphne du Marier, cuyo nombre sonará a más de uno por haber escrito Rebecca o Los pájaros.

Roeg opta por superponer planos, mover la cámara con nervio, tender trampas al espectador, aunque si este es atento las irá hilando bien, más de un susto nos provocará y también alguna que otra  controversia cuando la comentemos, habrá quien le parezca una maravilla, para otros un bodrio pretencioso o un ejercicio de estilo que en manos de un Hitchcock podía haber sido otra cosa. Pero aparte de todo esto, destacar al actor homenajeado Donald Sutherland cuyo papel le provocaría incluso cierto encasillamiento, recuerden La invasión de los ultracuerpos (1978) o incluso películas como Como plaga de langosta (1975) cuya media hora final se aproximaba al género de terror. Descanse un paz un actor con 169 películas y que sin el carisma de las grandes estrellas conseguía con cada aparición llenar la pantalla.

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