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10/08/2026

Lady Halcon (Richard Donner, 1985)

 

Rutger Hauer y Michelle Pfeiffer en Lady Halcón, película de Richard Donner en la que un eclipse permite que Navarre e Isabeau rompan su maldición.


Lady Halcón (1985): el eclipse que rompió la maldición

 

 El próximo 12 de agosto de 2026, España vivirá un eclipse solar que oscurecerá por completo el cielo en buena parte del norte y del este de la Península y en Baleares. En otras zonas, como Granada, será parcial, pero también alcanzará una magnitud considerable. El fenómeno llegará al atardecer, con el Sol muy bajo sobre el horizonte, lo que puede producir una de las imágenes más hermosas y extrañas de los últimos años. Será el primer eclipse total visible desde la Península Ibérica en más de un siglo.

Para un cinéfilo, resulta inevitable recordar Lady Halcón, la película de Richard Donner en la que un eclipse consigue lo que parecía imposible: reunir durante unos instantes el día y la noche y permitir que dos amantes malditos vuelvan a encontrarse bajo su forma humana.

Una película que recuerdo desde 1985

Lady Halcón se estrenó en el verano de 1985 y todavía la asocio a aquellos cines de Barcelona —el Alexandra, el Aquitania o el Waldorf— en los que esta clase de aventuras podían encontrarse con un público muy amplio. Parecía una película pensada para jóvenes, con caballeros, huidas, castillos y animales misteriosos, aunque su melancólica historia de amor también podía interesar plenamente a un espectador adulto.

Cuando volví a escribir sobre ella en 2021 lo hice de manera improvisada, poco después de la muerte de Richard Donner. Aquel texto era más un recuerdo agradecido al director que un verdadero análisis. Donner había firmado La profecía, Superman, Los Goonies, Arma letal y muchas otras películas capaces de llegar al gran público sin renunciar al oficio cinematográfico.

No todos los directores tienen que ser autores atormentados o maestros venerados en las filmotecas. Entre la obra maestra y la película desastrosa existe un territorio muy amplio: el del cine comercial bien narrado, con personajes atractivos, ritmo, emoción y sentido del espectáculo. Richard Donner conocía perfectamente ese terreno.

Dos amantes que nunca pueden encontrarse

La premisa de Lady Halcón continúa siendo magnífica. Navarre e Isabeau están condenados por el obispo de Aquila, consumido por los celos y por su deseo de poseer a la joven. Durante el día, Isabeau se convierte en halcón. Cuando llega la noche, recupera su cuerpo humano, pero Navarre se transforma entonces en lobo.

Viven juntos, recorren los mismos caminos y duermen casi uno al lado del otro, aunque nunca pueden mirarse plenamente como hombre y mujer. Apenas disponen de unos segundos durante el amanecer y el atardecer, cuando una transformación termina y comienza la otra

“Un día sin noche y una noche sin día”

Imperius, el viejo sacerdote interpretado por Leo McKern, encuentra una posible salida. La maldición podrá romperse cuando Navarre e Isabeau se presenten juntos ante el obispo como seres humanos durante “un día sin noche y una noche sin día”.

Navarre cree que se trata de una nueva locura del sacerdote. Sin embargo, durante el enfrentamiento final en la catedral, una abertura deja ver el cielo y aparece un eclipse solar. Durante unos instantes, el día se oscurece como si hubiera llegado la noche. Isabeau y Navarre pueden existir al mismo tiempo bajo su forma humana y enfrentarse juntos al hombre que los condenó


Michelle Pfeiffer, entre mujer y aparición

Michelle Pfeiffer posee en Lady Halcón una belleza casi irreal. Su Isabeau no necesita demasiadas palabras para transmitir tristeza, cansancio y una cierta serenidad. Aparece muchas veces como una figura observada por los demás, rodeada de luz, de bosques o de ruinas, aunque la actriz consigue evitar que el personaje se reduzca a una presencia decorativa.

Quizá uno de los defectos de la película sea que Isabeau dispone de menos desarrollo del deseable. Sabemos lo que Navarre sufre por ella, conocemos la culpabilidad de Imperius y acompañamos constantemente a Philippe Gaston, pero se nos permite entrar menos en el pensamiento de la propia Isabeau. Aun así, Pfeiffer es el centro emocional de la película. Cuando recupera fugazmente su forma humana, comprendemos todo lo que significa para Navarre volver a verla.

La noble rudeza de Rutger Hauer

Rutger Hauer aporta a Navarre una combinación de fuerza, autoridad y amargura. Su aspecto encaja perfectamente con el caballero medieval que lleva años sobreviviendo acompañado por un halcón al que ama, sabiendo que al llegar la noche será él quien deje de ser humano.

Hauer podía transmitir amenaza y fragilidad dentro de una misma escena. Su Navarre está endurecido, habla poco y en determinados momentos parece más interesado en la venganza que en la esperanza de recuperar a Isabeau. Su interpretación contrasta con la delicadeza de Michelle Pfeiffer y con la energía más ligera de Matthew Broderick.

Matthew Broderick y un héroe inesperado

Philippe Gaston, apodado el Ratón, es quien conduce al espectador por esta historia. Tras escapar de las mazmorras de Aquila, se encuentra con Navarre y termina implicado en una aventura que al principio no comprende.

Broderick introduce humor mediante sus conversaciones con Dios, sus huidas y su capacidad para sobrevivir a situaciones imposibles. En ocasiones, su interpretación parece demasiado contemporánea para el mundo medieval de la película. Sin embargo, esa aparente falta de solemnidad permite que el relato respire y evita que la historia de amor caiga en un tono excesivamente grave. Bajo su comicidad también hay cierta tristeza. Philippe está solo, no pertenece a ningún lugar y utiliza la palabra como defensa. Al ayudar a Navarre e Isabeau, encuentra algo parecido a una familia.

El obispo y la corrupción del poder

John Wood interpreta al obispo de Aquila como un hombre frío, autoritario y dominado por los celos. Su condición religiosa agrava su perversidad: utiliza su poder espiritual para castigar a Isabeau por no corresponder a sus deseos. Se sirve de su posición para satisfacer una obsesión personal y convierte el amor de la pareja en un delito contra su autoridad.

El personaje podría haber aparecido más y tener una presencia dramática mayor. Aun así, representa con claridad uno de los temas más oscuros de Lady Halcón: la facilidad con la que un hombre poderoso puede confundir el amor con la posesión y la autoridad con el derecho a decidir sobre la vida ajena.

Vittorio Storaro y la frontera entre la luz y la oscuridad

El gran valor técnico de Lady Halcón está en la fotografía de Vittorio Storaro. Pocos directores de fotografía podían resultar tan apropiados para una historia en la que el día, la noche y los instantes de transición determinan el destino de los protagonistas. El amanecer y el crepúsculo dejan de ser simples momentos del día para convertirse en los únicos puntos en los que los amantes casi pueden coincidir.

Los paisajes reales dan a la película una consistencia que muchas fantasías posteriores han perdido. Se perciben la piedra, el frío o el peso de las armaduras Donner crea un mundo fantástico que parece haber existido antes de la llegada de los personajes.

Una música que todavía divide

La banda sonora de Andrew Powell, vinculada al universo musical de "The Alan Parsons Project", fue y continúa siendo el aspecto más discutido de Lady Halcón. La partitura combina orquesta y sintetizadores. En determinados momentos románticos acompaña muy bien la melancolía de la historia. Durante algunas persecuciones, en cambio, los ritmos electrónicos parecen chocar violentamente con los caballos, las espadas y las fortalezas medievales.

Hay espectadores que consideran que esta música ha envejecido mal, otros creen que precisamente esa extravagancia da a la película una identidad única. Probablemente ambas cosas sean ciertas. Suena absolutamente a los años ochenta, pero también resulta imposible imaginar Lady Halcón completamente separada de ella.

Lo que dijo la crítica

La acogida crítica fue favorable, aunque estuvo lejos de ser unánime. Se valoraron la fotografía, las localizaciones, la historia romántica y la calidad del reparto. También se reprocharon el ritmo irregular, la dificultad para combinar la aventura, la comedia y el romance, y una música considerada anacrónica por parte de la prensa.

Algunos críticos vieron una hermosa fábula medieval. Otros pensaron que Donner no conseguía encontrar el tono adecuado y que la película avanzaba con más lentitud que sus propios caballos.  El tiempo, sin embargo, ha jugado a favor de Lady Halcón. No se convirtió en un gran clásico inmediato, pero fue encontrando un público que recordaba su argumento, sus paisajes, su pareja protagonista y, naturalmente, la imagen del eclipse.

Una película difícil de clasificar

Lady Halcón llegó en una época especialmente fértil para la fantasía cinematográfica. Durante aquellos años aparecieron títulos como Excalibur, Conan el Bárbaro, Cristal oscuro, Legend, Dentro del laberinto o La historia interminable.

La película de Donner era más romántica que algunas de ellas, menos oscura que otras y demasiado adulta para ser considerada únicamente una aventura infantil. Esa mezcla pudo dificultar su promoción, pero también explica su permanencia.

El eclipse de 2026 y una película que merece regresar

El 12 de agosto de 2026, la franja de totalidad atravesará España de oeste a este y pasará por numerosas provincias. En Barcelona, el sol quedará oculto casi por completo y en muchos puntos de Cataluña se alcanzará la totalidad. En Madrid la ocultación también rozará el 100 %, mientras que la mitad sur contemplará un eclipse parcial. El fenómeno sucederá al atardecer, por lo que será necesario buscar un horizonte occidental despejado.

Conviene recordar algo menos cinematográfico, pero imprescindible: el eclipse debe contemplarse únicamente con gafas provistas de filtros solares certificados. Las gafas de sol corrientes, los cristales oscuros, las radiografías y otros inventos caseros no protegen la retina.

 Mientras millones de personas esperen ese breve oscurecimiento del cielo, la película de Richard Donner volverá a recordarnos por qué los eclipses han sido interpretados durante siglos como anuncios, amenazas, milagros o puertas abiertas hacia otro mundo.

Cuatro décadas después, sigue siendo muy difícil mirar un eclipse sin recordar a Navarre e Isabeau. Durante unos segundos, el día parecerá noche. El Sol y la Luna ocuparán el mismo cielo. Y quienes amamos esta película podremos imaginar que, en alguna catedral perdida, un caballero y una mujer convertida en halcón vuelven por fin a encontrarse.

23/06/2026

La profecía (Richard Donner, 1976)


 

La profecía (Richard Donner, 1976): el Anticristo también puede vestir de etiqueta

Una película de terror con aire de gran producción

Hay películas de terror que buscaban el sobresalto, el grito fácil, la sangre o la criatura escondida en la sombra. Y luego estaba La profecía, dirigida por Richard Donner en 1976, una película que da miedo porque se toma su historia con una seriedad absoluta.

Aquí el horror aparecía en mansiones elegantes, embajadas, iglesias, hospitales, salones de poder y hasta la Casa Blanca..El mal ya está instalado dentro del sistema.

El terror religioso de los años setenta

La película llegó en plena fiebre del terror religioso de los años setenta. Después de La semilla del diablo y El exorcista, el cine comercial descubrió que el demonio podía ser un gran asunto.

Pero La profecía tiene una personalidad muy marcada. Resulta menos íntima y enfermiza que la película de Polanski, y menos visceral que la de Friedkin. Richard Donner propone otra vía: el terror de la fatalidad, de la conspiración apocalíptica, de la profecía que se va cumpliendo paso a paso mientras sus protagonistas intentan resistirse a lo inevitable.

Robert Thorn y el pecado original de la película

El punto de partida es muy potente. Robert Thorn, un diplomático estadounidense interpretado por Gregory Peck, pierde a su hijo recién nacido y acepta sustituirlo en secreto por otro bebé, sin decírselo a su esposa.Ese niño será Damien.

A partir de ahí, la vida familiar de los Thorn empieza a llenarse de señales inquietantes: comportamientos extraños, muertes inexplicables, advertencias religiosas, fotografías premonitorias y una presencia infantil que, sin hacer casi nada, va contaminando toda la película.

Damien: el niño que apenas necesita actuar

Uno de los mayores aciertos de La profecía es Damien. Harvey Stephens no interpreta al niño como un pequeño monstruo gesticulante. Donner lo utiliza con inteligencia: una mirada, una sonrisa, una aparición silenciosa bastan para sembrar la duda.

Damien da miedo porque apenas se expresa. La película deja que el espectador proyecte sobre él la sospecha. ¿Es realmente el Anticristo? ¿O son los adultos quienes empiezan a ver señales donde solo hay casualidades terribles?

Durante buena parte del metraje, esa ambigüedad mantiene viva la inquietud.

Gregory Peck: dignidad clásica frente al horror

Gregory Peck aporta a La profecía una gravedad fundamental. Su presencia de actor clásico, asociado a personajes nobles, rectos y moralmente firmes, eleva el material y evita que la película quede reducida a un simple relato satánico de consumo rápido.

Además, hay un dato biográfico que resulta difícil de separar de la impresión que produce su interpretación. En 1975, poco antes del rodaje y estreno de La profecía, su hijo Jonathan murió a los treinta años en lo que fue considerado un suicidio. Conviene mencionar este hecho con respeto, sin convertirlo en reclamo morboso, pero esa herida real añade una sombra inevitable a su interpretación de Robert Thorn, un padre enfrentado a una situación monstruosa y moralmente insoportable.

Con Peck, La profecía adquiere peso trágico. Robert Thorn es un padre, un marido, un hombre público y un racionalista obligado a aceptar una verdad imposible. La película funciona porque vemos cómo se rompe poco a poco una figura de autoridad. Lo terrible no está solo en descubrir que Damien puede ser el Anticristo; está también en asistir al derrumbe íntimo de un hombre que debe tomar una decisión incompatible con todo lo que ha sido.

También Lee Remick resulta esencial como Katherine Thorn. Su personaje introduce el miedo doméstico y físico: el rechazo instintivo hacia el niño, la sensación de que algo amenaza su cuerpo y su maternidad, la angustia de estar atrapada en una familia aparentemente perfecta. Frente al terror más institucional que rodea a Robert, Katherine vive el horror desde la intimidad.

El aspecto técnico: elegancia, suspense y fatalidad

En el aspecto técnico, La profecía es una película muy sólida. La fotografía de Gilbert Taylor apuesta por una imagen elegante, limpia, casi de thriller de prestigio. No hay una estética excesivamente deformada ni un abuso de sombras expresionistas.

Muchas escenas podrían pertenecer a un drama diplomático o familiar. Precisamente ahí está la fuerza: Donner introduce lo demoníaco dentro de un mundo reconocible, ordenado y respetable.

La puesta en escena es clara, clásica y eficaz. Donner no busca lucirse con movimientos de cámara caprichosos. Prefiere construir las escenas con calma, preparar el espacio y dejar que el horror irrumpa con una violencia seca.

Las muertes como mecanismo demoníaco

Las muertes de la película son inolvidables porque parecen accidentes y, al mismo tiempo, actos de una voluntad invisible.

La niñera en la fiesta, el sacerdote, la plancha de cristal, la caída de Katherine… Cada escena tiene algo de mecanismo fatal. Son piezas de una maquinaria demoníaca que avanza sin detenerse.

El montaje combina muy bien dos líneas: el drama familiar y la investigación. A medida que Robert Thorn y el fotógrafo Jennings siguen las pistas, la película se acerca al thriller detectivesco. Viajes, cementerios, fotografías, documentos, revelaciones y advertencias religiosas construyen una trama de conspiración apocalíptica.

Jerry Goldsmith y la misa negra del cine comercial

Y luego está Jerry Goldsmith. Su música es uno de los grandes milagros negros de la película.Ave Satani convierte La profecía en una especie de misa demoníaca cinematográfica, construye una liturgia. Los coros, el latín satánico y la solemnidad de la partitura dan a la película una dimensión bíblica con la que le arrébato el Oscar póstumo para Bernard Herrmann y Taxi Driver

La recepción española: una película llamada al éxito

La recepción española de la película resulta muy reveladora. En ABC, Pedro Crespo ya la presentó desde el Festival de San Sebastián como una obra llamada al éxito taquillero, campeona en Gran Bretaña y posible equivalente de Tiburón para la nueva temporada. La veía claramente como un fenómeno comercial en potencia, aunque también señalaba debilidades de guion y cierta irregularidad en la puesta en escena de Richard Donner. Aun así, reconocía que el conjunto estaba destinado a una aceptación mayoritaria porque la película era técnicamente hábil en líneas generales.

La crítica de ABC también destacaba algunos efectos muy logrados, especialmente la muerte de la niñera y la del sacerdote, aunque reprochaba a la película cierta pérdida de tensión en la parte italiana de la investigación. Sobre Donner, lo definía como un experto realizador de telefilmes que acertaba en la diana general de la película, aunque fallara en algunos blancos concretos. Es una observación muy útil: La profecía puede tener zonas irregulares, pero Donner comprende el tono global, la atmósfera y el avance inexorable de la amenaza.

ABC Sevilla fue más entusiasta

En Sevilla, Antonio Colón fue bastante más entusiasta. Para él, lo que en principio podía parecer otra consecuencia de la moda de El exorcista se convertía, gracias a Donner, en un inteligente film de suspense y terror. Señalaba que el director insistía más en el suspense que en el terror directo, y que precisamente por eso los efectos y sorpresas resultaban más impresionantes.

Colón citaba la incursión nocturna al cementerio y la decapitación en cámara lenta como momentos especialmente eficaces. También elogiaba el montaje clásico y sobrio, y la música de Jerry Goldsmith, con sus temas corales, como elementos decisivos para sostener la tensión.

Una película entre La semilla del diablo y El exorcista

Otros recortes de la época y revisiones posteriores ayudan a entender todavía mejor su lugar dentro del terror de los setenta. En algunos textos se la situaba a caballo entre La semilla del diablo y El exorcista: heredaba de la primera la idea del mal infiltrado en una familia aparentemente respetable, y de la segunda el impacto comercial del satanismo convertido en espectáculo de masas.

Pero La profecía añadía un elemento propio: el aire de investigación, de complot bíblico y político, donde las fotografías, los cementerios, los sacerdotes y los viajes funcionan casi como pistas de una novela negra apocalíptica.

El 666 como reclamo publicitario

También resulta muy expresivo el modo en que se promocionaba la película. El número 666, el regreso de los judíos a Sion, el renacimiento del Imperio Romano bajo la forma del Mercado Común, el cometa, el Armagedón y la llegada del Anticristo eran presentados como piezas de una maquinaria profética.

El terror se vendía con solemnidad bíblica, pero también con inteligencia publicitaria. La profecía no solo asustaba por lo que contaba, sino por cómo hacía creer al espectador que la historia podía encajar en los miedos políticos y religiosos de su tiempo.

Los miedos modernos convertidos en un niño

Vista con distancia, la película también puede leerse como una forma de convertir temores modernos en una figura reconocible. Los años setenta estaban marcados por la Guerra Fría, la desconfianza hacia las instituciones, las crisis políticas y la sensación de que el mundo podía irse al abismo.

El éxito de la película fue enorme. Costó relativamente poco para los estándares de una gran producción y recaudó muchísimo, convirtiéndose en uno de los grandes fenómenos del terror de 1976.

La campaña publicitaria supo explotar muy bien el número 666, el miedo religioso y la idea de que el Anticristo podía tener rostro de niño rubio y sonrisa inocente. Fox encontró su gran respuesta al impacto de El exorcista, pero con un tono distinto: más elegante, más diplomático, más apocalíptico.

Ese éxito abrió una saga y convirtió a Damien en uno de los niños más inquietantes de la historia del cine fantástico.

Las leyendas del rodaje

También ayudaron las leyendas alrededor del rodaje. Como suele ocurrir con este tipo de películas, La profecía fue rodeándose de historias sobre accidentes, rayos, tragedias y supuestas maldiciones.

Algunas pertenecen más al terreno de la mitología promocional que al de los hechos comprobables, pero forman parte del aura del film. El cine de terror necesita imágenes, pero también relatos alrededor de sus imágenes. Y La profecía los tuvo.

Conclusión: el mal también puede ser elegante

La profecía es una de las grandes películas de terror religioso de los setenta. Menos salvaje que El exorcista, menos psicológica que La semilla del diablo, pero quizá más implacable en su idea de destino.

Una película elegante, sombría, muy bien construida, con Gregory Peck aportando dignidad trágica y Jerry Goldsmith elevando cada amenaza hasta convertirla en misa negra.

Y eso, medio siglo después, sigue dando escalofríos.


08/07/2021

Recuerdo improvisado a Richard Donner y su Lady Halcon

 

Richard Donner (Fuente: Wikipedia)


El pasado lunes nos dejaba el director Richard Donner, de sus manos salieron títulos míticos para la denominada generación del EGB, ahí tenemos su Supermán, que a día de hoy es ya un clásico y probablemente la mejor película de superhéroes que se haya rodado, luego vinieron Su juguete preferido, Los goonies, Arma Letal, Los fantasmas atacan al jefe y mención aparte merecería su primer trabajo conocido La profecía, excelente película de terror y que personalmente siempre he preferido a los excesos de El exorcista, pues el film de él mantenía una tensión “in crescendo” sin necesidad de efectos especiales y el tan repelente gore, además de ese sorprendente e irónico final y el famoso triciclo que luego Kubrick copiaría.



 Entre estas hay Lady Halcon, película por la que siento un especial afecto, bien es cierto que me gustaba más hace algunos años, pero uno sigue disfrutando de ella a pesar de sabérsela de memoria. Volver la vista atrás y recuperar esa ingenuidad adolescente como la que tiene el personaje pícaro encarnado por Mathew Broderick supone un ejercicio incluso saludable, siempre que no se abuse demasiado de ello.



Fuente: Filmaffinity

 Lady Halcon
apareció en nuestras carteleras un verano de 1985, sin hacer mucho ruido ya que en EEUU no tuvo la resonancia esperada, en Barcelona fue en los cines Alexandra, Aquitania (la que fue posteriormente Filmoteca) y Waldorf. Los estrenos de verano antes no eran los más significativos, casi se diría que era una película para llevar a los críos al cine y así entretenerlos y gozar de dos horas de aire acondicionado.

 La película reunía la cualidades necesarias para que el público adulto no se aburriera, su espléndida fotografía de Vittorio Storaro te transportaba a esa Edad Media en los montes Apeninos con sus castillos y paisajes rembrandtianos, que luego supimos que habían sido propiedad de Luchino Visconti. 

(Michele Pfeiffer: Fuente: Filmaffinity)

 Michelle Pfeiffer que aun no se había asentado del todo en la industria con esa secuela de Grease tan odiada, nos mostraba una belleza incomparable, aunque a ella no le gustó mucho el papel. Ofrecía, además, un curioso contraste con el tosco Rutger Hauer.

 Su argumento ya lo conocerán, relata la diabólica venganza del Obispo de Aquila, que consiste en hacer imposible el amor entre Navarre (Rutger Hauer) e Isabeau Anjou (Michelle Pfeiffer). Aliándose con las fuerzas del mal, el Obispo consigue hechizar a los amantes: ella se convertirá en halcón durante el día, y él será un lobo por la noche. Eternamente unidos y separados, encontrarán un aliado en el joven lacayo Philippe Gaston (Matthew Broderick), que intentará ayudarlos a conjurar la maldición del obispo.

Rutger Hauer (Fuente: Filmaafinity)
La historia fue escrita por Edward Khamara, pero en la publicidad se dijo que estaba basada en una
leyenda popular, lo cual llevó al guionista a querellarse. Seguramente en esa historia tomara como fuente de inspiración otras como la de "Eloísa y Abelardo", "La bella y la bestia", etc En un principio el guion estaba lleno de monstruos y elementos fantásticos que a Donner no le convencían ya que veía el guion flojo y quería centrarse en la historia de amor imposible, llamó a David Peoples (Blade Runner) pero tampoco le convenció, finalmente Michael Thomas y Tom Mankiewickz redactaron la historia como pretendía el director. 

 A pesar de cierta apariencia superficial, la película va más allá, su historia de amor tiene un dramatismo que otras de esa época no tienen, reflexiona sobre un periodo de la historia y ciertos cabecillas de una Iglesia que tenía de todo menos caridad o tras el aparente papel simpático de Broderick hay una persona triste, de aquellos que parecen nacidos para perder siempre…

El propio Donner en una entrevista a “l´Ecran Fantastique” remarcaba que el principal problema era vender la película ya que ni era de magia y brujería, tampoco de hechizos, ni una comedia”. Lady Halcon, vista hoy cuatro décadas más nos puede seguir sorprendiendo, pero sobre todo el hecho de elaborar un cine comercial con ciertos toques de autor. 

 He querido hoy con este artículo improvisado homenajear a Richard Donner, y me llama la atención que más de uno que despreciaba su cine, ahora lo tilde de gran maestro, tampoco hay que exagerar. Tal como decía él mismo, sus películas eran previsibles con final feliz y para tal tarea, también son necesarias unas dotes de gran director. Hoy en día, parece que ya no exista el término medio, algo es malo o una obra maestra, situación que lleva a auténticos disparates. Tal vez la industria necesitaría más del talento de Richard Donner para esas películas actuales que nacen ya con fecha de caducidad...  



Lady Halcon (Richard Donner, 1985)

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