¡Gracias, Spielberg!

Esta semana he ido a ver Los Fabelman de Spielberg, gran acierto el del director al evocar su infancia con aquella primera vez que fue al cine para ver El mayor espectáculo del mundo de Cecil B.DeMille, a aquel niño le impactó la escena del tren y la quiso rodar con uno de juguete, de ahí salió su pasión por querer hacer cine. Personalmente, le tengo mucho cariño a aquella película, la cual ya me viene de infancia, mi abuela y mi madre me contaban que la iban a ver a un cine de reestreno en el barrio de Gracia de Barcelona que se llamaba Comedia (no confundir con el del Paseo de Gracia). Por la descripción que recuerdo, era una sala muy modesta, pero aquello no era tenido en cuenta, la magia del cine hacía olvidar sus pobres condiciones y el recuerdo de poder tener contacto con el séptimo arte es lo que perduraba. La ilusión con la que recordaban siempre el espacio quizá me hicieron aficionar a querer las buenas películas y el cariño por el recuerdo de mi barrio. La nos...