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28/01/2026

El pequeño príncipe (Stanley Donen, 1974)

El pequeño príncipe es una adaptación de la novela de Antoine Sant Exupéry El principito dirigida por Stanley Donen con Bon Fosse y Gene Wilder

En plena ya decadencia del género, llegó esta adaptación del inmortal libro de Antoine de Sant-Exupéry El principito (1943), el libro escrito en francés más leído y traducido de todos los tiempos y que ha vendido más de 140 millones de ejemplares en todo el mundo. La dirección fue de un Stanley Donen que llevaba cinco años alejado de las cámaras tras las duras críticas a La escalera (1969) de la que hablé en este blog y significaba también su retorno al musical tras Malditos yanquis (1958).

El proyecto era muy complejo, pero en él se hallaban las características de su momento creativo bañadas en el cariz europeo que tanto admiraba y que el texto tenía y unirlo al musical clásico, para ello contrató a Frederick Loewe y Alan Jay Lerner (My Fair Lady, La leyenda de la ciudad sin nombre) que escribieron unas canciones que sin ser de las más recordadas de ellos, se seguían con gran interés. No obstante, los músicos renegaron del film, Loewe se negó a visitar el rodaje para supervisarla por diferencias con decisiones creativas de la producción y Lerner la detestó y se enfrentó con el director con el que había trabajado en Bodas reales (1951).

Aunque sigue la estructura del libro (el desierto, los planetas, la rosa..), la película se centra mucho más en el sentimiento de asombro y la pérdida de la inocencia a través de la música. Se respetan los dibujos originales del libro al comienzo con esa boa comiéndose al elefante, el niño Steven Warner con el largo tabardo y su diminuta espada, pero luego ya va prescindiendo. De la animación se encargó George Dunning, el director de El submarino amarillo que fallecería prematuramente en 1979.


El diseño de producción corrió a cargo de John Barry (no confundir con el músico y cuya prematura muerte, también en 1979, dejó a Hollywood sin un gran talento creativo), en lugar de buscar un realismo desértico optó por un estilo estilizado y minimalista, muchos de los planetas que visita el Principito están representados por escenarios abstractos y vacíos que enfatizan la soledad de los personajes (como el rey o el hombre de negocios). La imagen del pequeño príncipe en su minúsculo planeta deshollinando sus dos volcanes está muy conseguida. El desierto se filmó en exteriores en Túnez, lo que otorgó una textura real y abrasadora que contrastaba con la artificialidad de los números musicales.


La  fotografía estuvo a cargo de Christopher Challis, un colaborador habitual de Donen que utilizó colores muy saturados para la Rosa y los encuentros espaciales, contrastándolos con los tonos ocres y dorados del Sahara. Para simular el vuelo entre planetas y el tamaño del Principito se recurrió a técnicas de composición de imagen (mate) y efectos prácticos de cámara que, aunque hoy se ven algo anticuados, en su momento buscaban mantener un aire de cuento ilustrado.

El director maneja la cámara de forma coreográfica, en el número de la Serpiente con Bob Fosse, la técnica se centra en el montaje y los ángulos de cámara para resaltar el aislamiento de su cuerpo, creando una sensación de movimiento reptiliano que es artísticamente impecable. Se acostumbra a decir que ese movimiento fue el que inspiró a Michael Jackson. La canción "A Snake in the Grass" es la pieza más rítmica y moderna de la película con un aire de jazz oscuro y sinuoso que rompe con el resto de la partitura. Se tuvieron que construir plataformas ocultas bajo la arena para que pudiera ejecutar sus pasos de jazz con la fluidez que él exigía. Su traje negro de lentejuelas absorbía todo el calor del sol convirtiéndose en un horno humano durante las tomas.


Aunque esa escena es la que se suele nombrar, a mí siempre me queda más para el recuerdo la que tiene con Gene Wilder como zorro que técnicamente es más sencilla, pero emocionalmente más efectiva. Resalta su timidez inicial utilizando lentes que permiten una gran profundidad de campo. Esto permite verlo escondido entre los arbustos, mientras el Principito permanece en primer plano. Esto visualiza físicamente la distancia emocional que hay entre ellos antes de ser "domesticados".


El diseño de vestuario de Shirley Russell para Gene Wilder fue brillante también desde un punto de vista técnico, no se utiliza un disfraz de animal literal, sino un  traje de terciopelo en tonos naranjas y amarillos con una estructura que recordaba un frac y un peinado que sugería las orejas de un zorro. Esto permitía que toda la expresividad facial de Wilder fuera visible para la cámara, confiando en el color y la textura para que el espectador aceptara la fantasía.

La canción que comparten es un vals suave. La cámara de Donen sigue a los dos personajes con movimientos circulares, imitando el juego de acercamiento y alejamiento. No hay cortes rápidos; el montaje es pausado para permitir que el diálogo —que es casi literal al libro— respire.

Para el papel del aviador se contó con Richard Kiley, una leyenda de Broadway (el Don Quijote original en El hombre de la Mancha) que con su técnica vocal le da a la película una seriedad y una potencia que eleva el material por encima de una simple película para niños. Le da un trasfondo de adulto amargado  más profundo a través de canciones como "I Need Air", convirtiendo la historia en una búsqueda de su propia redención personal, más que solo en el relato de las aventuras del niño. Frank Sinatra se había interesado, pero Donen lo vetó: "El papel requería a un hombre que debía dejarse llevar por un niño de 6 años. Es difícil para mí imaginar a Frank relacionándose con un niño de esa manera...No quería arriesgar la película con él"

Para el principito se realizó un casting internacional buscando una apariencia de querubín que recordara las ilustraciones originales, el elegido fue Steven Warner que tenía solo 7 años cuando fue elegido entre cientos de niños, aunque su actuación es recordada por su dulzura, no continuó con una carrera cinematográfica destacada, lo que ayudó a que su imagen quedara congelada en el tiempo. Intervino dos años después en El pájaro azul de George Cukor y en la serie The mayor of Casterbridge (1978). Se dedicó a los efectos espaciales según Wikipedia y colaboró en Gladiator (2000)

Donna McKechnie fue la Rosa, era una de las bailarinas más grandes de Broadway (estrella de A Chorus Line) y supo mezclar  arrogancia y fragilidad a través de movimientos de danza clásica. Los habitantes de los asteroides fueron interpretados por actores de carácter británicos de gran renombre: Joss Ackland como el Rey. Clive Revill como el Hombre de Negocios y Graham Crowden como el General.

La crítica fue beligerante con el film, en 1974, el cine estaba dominado por el "Nuevo Hollywood" (películas realistas, crudas y violentas) y un musical de fantasía con estética de Broadway se sintió, para muchos  como algo anticuado o fuera de lugar. Vincent Canby del New York Times, calificó la película de "pesada" y criticaron que el tono filosófico del libro se perdiera entre tantas canciones. El libro de Antoine de Saint-Exupéry es considerado casi sagrado en Francia y por los amantes de la literatura, los puristas criticaron duramente a Donen por convertir una fábula melancólica y minimalista en un espectáculo de Hollywood, sentían que los decorados y el estilo de las canciones de Lerner y Loewe rompían la sencillez del mensaje original

Él era consciente de que, hiciera lo que hiciera, iba a decepcionar a los puristas porque la magia del libro reside en lo que no se ve, mientras que el cine es el arte de hacer ver. Reconoció que quizás el tono de la película era demasiado sofisticado para los niños y demasiado infantil para los adultos. Recuerda mucho el final, aunque la película respeta el desenlace (la partida del Principito), el lenguaje cinematográfico hace que la "muerte" física del niño sea más explícita visualmente que en el libro, donde Saint-Exupéry la describe de forma muy sutil. No quería que fuera una película triste, pero tampoco quería traicionar el final agridulce del autor Al final, confió en la música final para elevar el espíritu del espectador y sugerir que el viaje continuaba.

La película producida por Paramount fue un fracaso en EEUU, aunque consiguió que la banda sonora y la canción "Little Prince" estuvieran nominadas al Oscar que no consiguió, pero sí en los Globos de oro. Aquí tardó dos años en estrenarse con una distribución modesta y una crítica que tanto la alababa como la repudiaba, en el ABC del 2-11-76 leíamos a Pedro Crespo escribir: "Donen mueve las escasas piezas de sus figuras por un tablero asimismo reducido, y lo hace con indudable maestría, sin grandilocuencias, consciente de lo insólito del argumento, de la rareza de la propia producción, logrando una pequeña obra maestra, una película absolutamente distinta". Jorge de Cominges en otra edición del diario : "El film es muy irregular. Las escenas cursis-la rosa-alternan con las francamente mareantes-e l historiador, el hombre de negocios-y algunos elementos de animación -las palomas- hacen recordar los peores momentos de Walt Disney" Posteriores pases televisivos en la década de los 80 y 90, su edición en VHS y luego en DVD la convirtieron en un objeto casi de culto por parte de muchos que la siguen admirando.


Bibliografía:

Silverman, Stephen M. (1996). Dancing on the Ceiling: Stanley Donen and His Movies. Alfred A. Knopf.

Casper, Joseph Andrew (1983). Stanley Donen. Scarecrow Press.

09/04/2024

Centenario de Stanley Donen: La escalera (1969)

 


Seguimos con la racha de centenarios míticos, esta vez le toca a Stanley Donen nacido un 13 de abril de 1924 en Columbia, Carolina del Sur (EEUU), su nombre va asociado principalmente al del musical como uno de sus grandes renovadores o al de la comedia, títulos como Cantando bajo la lluvia (codirigida con Gene Kelly), Indiscreta, Charada o Dos en la carretera forman parte de la historia, pero en este blog tengo tendencia a hablar de aquellas obras no tan conocidas o no muy valoradas.

Eli Walach y Milo O´Shea
(Fuente: Amazon)

Este es el caso de La escalera (1969) (Starcaise) en la que adaptaba una obra de teatro de Charles Dyer y que había sido producida por la Royal Shakespeare Company en 1966 y que contó entonces con Paul Scofield y Patrick Magee, dos años más tarde llegaba a Broadway esta vez interpretada por Eli Wallach y Milo O´Shea. En España, José Tamayo preparó una versión con Paco Rabal y Fernando Rey , los tres habían cosechado un gran éxito con el Becket de Jean Anouilh, pero no pasó la censura, al igual que la película de Donen que no se estrenó hasta 1976 en salas de las antes conocidas como de “arte y ensayo”

El film nos habla de la convivencia de una pareja homosexual: Charlie (Rex Harrison) y Harry (Richard Burton) llevan ya 30 años juntos y regentan una barbería de poca monta en Londres. El primero recibirá una citación judicial por haber atentado contra la moral al haberse vestido de mujer, el miedo a lo que le pueda suceder lleva a la pareja a analizarse y a quererse y odiarse por partes iguales.

Donen volvía a retratar una pareja como en Dos en la carretera rodada dos años antes, aunque en este caso que fuese una pareja gay motivaba un morbo especial y un tema tabú en aquellas fechas y que aumentaba al ver en pantalla nada menos que a estos dos actores, los cuales recibirían elogios o todo lo contrario. Es evidente que la forma de analizar un argumento así puede ser visto de distintas maneras y ser malinterpretada, suponía un riesgo para Donen llevarla al cine y que te llovieran críticas desde todos los lados, incluso las que consideraban el film como homofóbico.


 Uno de los que más cargó e influyó negativamente fue el crítico Roger Ebert que acaba de escribir muy bien sobre la anterior película de él, Bedazzled (1967), pero que aquí criticaba que Donen más que reflejar una película sobre homosexuales, hubiese accedido más a una película sobre Burton y Harrison en tales roles, calificó su interpretación de torpe, incluso las gesticulaciones del último las veía de tal manera que estaba queriendo decir que era tan heterosexual que no podía hacer de homosexual.

En mi opinión, La escalera, después de leer tantas críticas negativas (en el IMDB aprueba por los pelos con un 5,2), no está al gran nivel de su director, pero sí que es un film de esos que esconden mucho más de lo que en un principio pudiera parecer. A Burton y Harrison, más allá de ciertos tics y excesos verbales, me los creo y su ejercicio de metamorfosearse como esos seres limitados, decrépitos y temblorosos demuestran su categoría. Había que analizarlos como personas corrientes y eso es lo que pretendía Dyer con su obra, que los homosexuales fueran vistos como los demás, con todos las manías, defectos y virtudes que podía tener cualquier matrimonio convencional de entonces. Se nos ofrece toda una disección psicológica en sus personalidades que al espectador ya le tocará analizar y debatir.

Aspectos que llaman la atención son esos vendajes que lleva el personaje de Burton y que vamos sabiendo que es por la vergüenza que le da sufrir de alopecia, lo vemos calvo en algunas secuencias y con algún ridículo peluquín. Es un personaje el de Harry que esconde una represión ya desde la infancia, se muestra resignado, algo tímido, tiene a su madre enferma cuidándola en la habitación de arriba. En cambio el personaje de Harrison es más extrovertido, había sido hasta actor, nos muestra un anuncio que hizo y del que presume, pese a ello también esconde en su interior ciertas contenciones pasadas, es un personaje temeroso, no tan engreído como podría parecer. Probablemente, el lenguaje cinematográfico aquí empleado por Donen no facilita que lleguemos a conocerlos al 100% ya que se limita a trasladar solo el texto y se producen una serie de expectativas como qué le pasará en el juicio o la llegada de su hija que no vemos y provocan decepción.

La escalera rompía con ese optimismo tan propio del musical, aunque Donen lo comience con un número y a la mitad hablen de cierta escalera que hay que construir para subir al paraíso, referencia al número musical de Un americano en París de Vincente Minnelli. El esquema aquí seguido está más cerca de obras como ¿Quién teme a Virginia Wolf? Y es que en los 90 minutos de esta asistiremos a toda una serie de improperios y a una relación de amor/odio entre ellos, pero que a la hora de la verdad se necesitan.

El director también abandonaba el estilo de la comedia sofisticada elegante, estamos ante la incisiva visión de la vida matrimonial con sus relaciones crueles, la fidelidad, la soledad, la sumisión, la decadencia…Y todo ello rodado con la técnica del "feísmo", el colorido tan habitual en sus películas aquí es grisáceo, la fotografía apenas nos retrata el Londres más famoso y muestra una casa misérrima, los diálogos son agobiantes y malsonantes en bastantes ocasiones, apenas hay una música melódica bella tan habitual en anteriores obras…

Una de las mejores escenas es cuando Burton ha de subir a cuidar a su madre, se produce ahí también otra relación amor/odio, él la necesita y la quiere, pero no aguanta las inoportunas preguntas que le suelta, hay incluso un momento violento que es cuando le cambia el vestido sacándolo forzosamente por la cabeza, se suceden unos planos con el sufrimiento de ella. Hay otro contraste con la madre del otro personaje que la tiene ingresada en un hospital. Por otra parte, también se nos muestra un cambio de sábana en el que vemos la cama manchada por la orina, planos poco o nada habituales. No olvidemos también que estamos ante un análisis de una pareja cincuentona, de aquellas que ya no interesan, por lo tanto y a pesar de los errores del director al haber teatralizado demasiado y no haberle dado ese ritmo para que el espectador empatizara del todo, hay que aplaudirle y valorarle el atrevimiento que tuvo

Contar como anécdota final que la viuda de Richard Burton tuvo la película secuestrada durante bastante tiempo ya que no le gustaba la imagen que daba. Actualmente, La escalera no es un film fácil de ver legalmente, se editó en DVD por Resen en una copia no mejorada anamórficamente y no suele programarse, en Youtube de tanto en tanto se cuelga una copia. El fracaso de la película hizo que Donen tardara en volver 5 años y con otro fracaso El pequeño príncipe, luego vendría otro divorcio más con la crítica con Los aventureros de Lucky Lady (1975), la curiosa Movie, Movie (1978), la inclasificable Saturno 3 que hasta trató que no saliese su nombre y su canto de cisne con Lío en Río (1984) provocando otra controversia en la crítica que o bien recordaba demasiado aquel Donen brillante o tal vez consideraba que el paso del tiempo lo había avinagrado. 

07/03/2019

Hasta siempre Stanley Donen

Era el 23 F, esta vez el golpe no fue de estado pero sí a nuestro corazón cinéfilo: el gran Stanley Donen había muerto, parecía inmortal, siempre decía que aun nos quedaba él de aquel Hollywood que nos hizo soñar. Él ya decía que el cine era mentira, ahí te equivocabas querido Stanley, tu cine vitalista, ácido, entretenido, amargo y cómico cuando tocaba, es una de esas verdades por las que se puede decir que la vida tiene sentido.

   

 Fuiste un director curioso, haces la que es para muchos la mejor película de la historia Cantando bajo la lluvia y luego se olvidan de ti, hasta TVE que te dedicó un buen reportaje en "Días de cine" se ha olvidado de tus cintas en su espacio de los miércoles, algo que sí hicieron con Bertolucci, pero los cinéfilos, con todos los respetos al director de Novecento, sabemos quién sabía más.

   

 Algunos te encasillaron en que eras un director de musicales, y efectivamente así es, hasta en aquel homenaje a los programas dobles Movie Movie quisiste homenajear a Bubsy Berkeley y te salió muy bien, se nota que lo llevabas en el alma. Pero ya que te encasillan tanto con los musicales, yo soy de aquellos que ha disfrutado con tus comedias teatrales, de aquellas que determinados críticos dicen que no es cine. ¡Qué equivocados están! Solo un genio como tú podía rodar ese paseo de Cary Grant con Ingrid Bergman, de los minutos más elegantes de la historia de esto que antes se llamaba séptimo arte.Miren a partir del min. 31:

   

 Solo tú podías reunir a cuatro espadas en la magnífica Página en blanco y cuidar cada plano, el color de la ropa, insinuar, burlar la censura, ser mordaz con apariencia dulce. Y ahora que te encontrarás a Hitchcock por ahí, la verdad es que fuiste el único capaz de igualarlo y encima añadir tu toque con Charada, película que siempre me pongo cuando estoy algo desanimado, y me recupero...¡Y es que tus películas tendrían que recetarlas!

   

 Y obviamente Dos en la carretera, las notas musicales de Mancini que evocan ese amor/desamor, alegría/tristeza, encuentro/desencuentro, pero en definitiva la vida. En fin, Stanley, incluso nos has hecho sonreír con tu última broma, abandonar este mundo el día antes de la gala de los Oscars, que te menospreciaron siempre. Gracias por hacer cine en mayúsculas y alegrarnos este valle de incultura cinematográfica y poca sensiblidad que nos toca padecer.

 

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