Óscar (Una maleta, dos maletas, tres maletas) (Édouard Molinaro, 1967)
Óscar (Una maleta, dos maletas, tres maletas), como se estrenó en España, es una de las comedias más emblemáticas protagonizada por el legendario Louis de Funès. Es un ejemplo perfecto de la comedia de enredos (vaudeville) llevada al extremo físico y gestual. La historia se desarrolla en una mañana caótica en la casa del industrial Bertrand Barnier, su empleado, Christian Martin, lo despierta para pedirle un aumento de sueldo y, acto seguido, la mano de su hija. El conflicto central gira en torno a dos maletas idénticas: una contiene una fortuna en joyas y dinero; la otra contiene ropa interior femenina. A medida que las maletas se intercambian por error una y otra vez, Barnier entra en una espiral de desesperación, descubriendo mentiras sobre embarazos falsos, criados que renuncian y una hija que no es quien él cree.
La actuación de De Funès es considerada una de sus mejores interpretaciones. Su capacidad para pasar de la calma a la histeria total en segundos, junto con sus famosos tics faciales, es el motor de la película. Hay un momento icónico donde Barnier, al borde del colapso nervioso, comienza a jugar con su nariz y a estirarla como si fuera de goma mientras emite sonidos extraños; es una clase maestra de mimo y comedia física. Se dice que durante los ensayos, el actor estaba tan inspirado que empezó a improvisar ruidos y gestos tan absurdos que el equipo técnico y el resto de los actores (incluida su "esposa" en el cine, Claude Gensac) no podían dejar de reír. El director Édouard Molinaro tuvo que detener el rodaje varias veces porque los técnicos hacían vibrar la cámara de tanto reírse, lo que obligó a repetir la toma hasta que todos recuperaron la compostura.
A pesar de ser una adaptación teatral, se utilizó el formato Panavision (2.35:1). Este permitió capturar el caos que ocurría en los laterales de la escena sin necesidad de cortar constantemente la toma, manteniendo la sensación de urgencia. Casi toda la acción ocurre en el salón de la mansión Barnier. Técnicamente, esto se resolvió con una iluminación constante y brillante (típica de la comedia de la época) que permitía a los actores moverse libremente por todo el set sin preocuparse por sombras complejas. El montaje es extremadamente rápido, la película depende de la entrada y salida de personajes por múltiples puertas. El equipo debía asegurar que el timing fuera perfecto: si una puerta se abría medio segundo tarde, el chiste se perdía. Los efectos de sonido (portazos, golpes, maletas abriéndose...) fueron enfatizados en la postproducción para darles un toque casi de caricatura (slapstick), lo cual complementaba la actuación elástica de De Funès.
Para la fotografía de Raymond Le Moigne (Orfeo negro) se utilizó una estética muy vibrante y saturada, propia del cine europeo de los 60. Esto no solo servía para atraer la vista, sino para diferenciar rápidamente los objetos clave (como las maletas) frente a los fondos decorados de la mansión. Molinaro rompió la "cuarta pared" teatral usando primeros planos extremos de Louis de Funès. Esto permitía que el espectador apreciara detalles técnicos de su actuación, como los espasmos musculares y el sudor, intensificando la sensación de estrés del personaje.
Louis de Funès tenía una conexión muy profunda y personal con Oscar, ya que no era solo un proyecto cinematográfico para él, sino una obra que dominaba a la perfección. El actor ya había interpretado la obra de teatro original de Claude Magnier en múltiples ocasiones (en 1959, 1961 y 1971). Consideraba la historia como su vehículo ideal, no se limitaba a seguir el guion; ideó gags icónicos como la famosa escena de la nariz antes mencionada. A pesar de la apariencia de improvisación, era extremadamente meticuloso con el ritmo, consideraba que la comedia era una cuestión de precisión técnica, casi como un mecanismo de relojería.
El éxito fue tal que la película de 1967 se convirtió en la segunda más taquillera en Francia ese año con más de 6 millones de espectadores. Solo fue superada por Las grandes vacaciones, que curiosamente también protagonizaba él mismo. Aparte de Oscar, Louis de Funès y Édouard Molinaro colaboraron en Hibernatus (1969). Aunque fue un éxito, la relación técnica y personal fue muy compleja: no se llevaban bien. Molinaro era un director muy técnico y serio, mientras que De Funès era una explosión de energía que exigía libertad total. Édouard Molinaro (1928–2013) fue un director fundamental, un artesano que demostró que podía rodar teatro filmado sin que pareciera estático. Su película más conocida fue La Cage aux Folles (La Jaula de las Locas o Vicios pequeños como se estrenó en España). Con el paso de los años, ha sido reivindicado como un director con un sentido del ritmo y composición superior a la media de su tiempo.
La recepción crítica de Oscar fue curiosa: el público la amó, pero la crítica especializada se dividió. Algunos compararon la precisión de De Funès con Charlie Chaplin o Buster Keaton, mientras que los críticos más intelectuales la tildaron de histriónica o anticuada. En España, la película tuvo un recorrido muy exitoso bajo el título Oscar (Una maleta, dos maletas, tres maletas)y fue repuesta varias veces. "Retrata con ironía el estilo de vida burgués de los años 60 clásico y ye-yé a un tiempo, multiplica su comicidad y hace que pase a nuestros días como una pequeña joya de la comedia en la que sus anacrónicas referencias la hacen aún más deliciosa" (J. Mendoza en "Cinemanía"). Para que el humor funcionara aquí, el doblaje fue crucial. Su voz habitual fue Josep Maria Angelat, quien logró replicar con precisión asombrosa la rapidez y los gritos del actor francés.
En los escenarios españoles, la obra también dejó huella. La protagonizó Antonio Garisa, el gran maestro del vodevil en España, cuya vis cómica natural y capacidad para pasar de la calma a la indignación lo convirtieron en un referente de este género. Del mismo modo, en Barcelona, Joan Pera la protagonizó con su dominio del timing y su conexión con el público catalán, el actor declaró que tenía estructura de gran comedia con raíces de texto de Molière y que le recordaba El Avaro o El Enfermo imaginario.
Aunque Louis de Funès acapara la atención, el éxito también radica en un reparto de secundarios que funciona con precisión de reloj suizo: Claude Rich (el contrapunto calmado), Claude Gensac (la esposa eterna de él en el cine, única que sabía calmar sus "ataques" en pantalla), Agathe Natanson (la hija), Mario David (el masajista) y Paul Préboist (el criado de caras inolvidables). Casi todos venían del teatro, vital para aguantar las tomas largas y las improvisaciones del actor. La música, compuesta por Jean Marion con toques de jazz y aportaciones de Georges Delerue, actúa como un metrónomo para la acción. Los títulos de crédito son una pieza de diseño gráfico muy representativa de la estética de los años 60 y cumplen una función narrativa inmediata: preparar al espectador para el caos que está a punto de presenciar. Utilizan colores vibrantes y formas geométricas muy de la época.
La premisa fue tan exitosa que en 1991 se realizó un remake estadounidense: ¡Oscar! ¡Quita las manos!, protagonizado por Sylvester Stallone y dirigido por John Landis. .A diferencia de la original, esta se sitúa en el Nueva York de los años 30, durante la época de la Prohibición, convirtiendo al protagonista en un gánster, Angelo "Snaps" Provolone que intenta "reformarse". Fue maltratada por la crítica en su momento y muchos no aceptaron a Stallone haciendo comedia pura con un fracaso también en taquilla. En Europa, los puristas consideraron que le faltaba la "chispa" y el ritmo maníaco que Molinaro y De Funès lograron en la original.
Landis mantuvo la estructura de vodevil, pero le dio un aire de homenaje al Hollywood clásico, mucho más lujoso. La película es visualmente mucho más lujosa y recargada que la versión de 1967. El vestuario diseñado por la ganadora del Óscar Deborah Nadoolman juega un papel técnico vital para diferenciar a los personajes en medio del caos: los gánsteres con trajes de rayas, el profesor de dicción impecable y la hija con vestidos pomposos. Sylvester Stallone estaba tan obsesionado con hacer justicia al trabajo de De Funès que, durante el rodaje intentó replicar el famoso gag de estirarse la nariz como si fuera de goma. John Landis, con buen criterio técnico, le sugirió que no lo hiciera de la misma forma, ya que el rostro de Stallone no tenía la misma "elasticidad de dibujo animado" que el de De Funès. En su lugar, decidieron que el humor de Stallone vendría de su mirada de absoluta incredulidad.
La banda sonora se basó en El Barbero de Sevilla de Rossini adaptada por Elmer Bernstein como ya hiciera con Las bodas de Figaro de Mozart para Entre pillos anda el juego (1983), funcionando como un metrónomo para que los actores se movieran como en un dibujo animado de acción real. El reparto, entre otros, incluyó a Ornella Muti, Marisa Tomei (que fue nominada junto a Stallone a los Premios Razzie (los "anti-Óscar", irónicamente ganó el Óscar al año siguiente por otra comedia, Mi primo Vinny),Chazz Palminteri, Linda Gray (la famosa Sue Ellen de Dallas) y un brillante Tim Curry como el profesor de dicción y elocuencia extremadamente refinado, pedante y algo distraído. Es contratado por "Snaps" Provolone (Stallone) para que le ayude a hablar como un hombre de la alta sociedad y crea un contraste cómico dinámico entre la brutalidad ruda de Stallone y la delicadeza casi musical del otro.
Destaca también Kirk Douglas como el padre moribundo que abofetea a Stallone. Poner a una leyenda del Hollywood clásico junto a la gran estrella de acción del momento ayudaba a dar a la película ese aire de "comedia de la época dorada" que Landis buscaba y que aquí también contó con la colaboración de Don Ameche.
Ambas películas son una oda al enredo perfecto: un caos de maletas, puertas y diálogos afilados. Y a todo esto, más de uno se habrá preguntado: ¿Y quién es ese Óscar? Pues es el personaje que, irónicamente, menos aparece, es el chófer. Es lo que en guion se llama un "MacGuffin": un motor de conflicto externo cuya ausencia provoca que el protagonista busque soluciones desesperadas, desencadenando el desastre de las maletas.
Biblioografía:
Dicale, B. (2009).Louis de Funès, grimace et gloire. París: Grasset
Monceau, A. (2005).Louis de Funès: Le petit baigneur. París: Éditions Chronique.
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