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12/01/2023

Lío en los grandes almacenes ( Frank Tashlin, 1963)

 


El caos de las rebajas: De los telediarios a la genialidad de Jerry Lewis

Acabaron las fiestas. Para muchos es un alivio; para otros, el fin de la magia. Sin embargo, el calendario es implacable y nos dicta que ya estamos en plena época de rebajas. Al ver las noticias, es inevitable recordar aquellos telediarios de antaño que abrían con una multitud ansiosa esperando la apertura del centro comercial. Siempre aparecía la misma mujer en primera línea, una imagen que llegué a aborrecer y que me remitía, inevitablemente, a una escena icónica del cine: aquella avalancha de mujeres entrando sin piedad en los almacenes de la gran comedia de Jerry Lewis, "Lío en los grandes almacenes" (Who’s Minding the Store?, 1963).

Un año de gracia para el "Rey de la Comedia"

Detrás de las cámaras se encontraba el genial Frank Tashlin. 1963 fue un año clave para Lewis; ya había demostrado su pericia como director en El botones o El terror de las chicas, y ese mismo año estrenaría su clásico más recordado, El profesor chiflado. En esta cinta, el apodado "Rey de la comedia" —como nos recordaría Scorsese años después— interpreta a Norman Phiffier, un personaje honrado pero patoso.

La trama nace de un conflicto de clase: Norman está enamorado de la hija de una millonaria propietaria de unos grandes almacenes. Para boicotear la relación, la suegra le asigna los trabajos más extenuantes y disparatados, lo que desencadena una sucesión de gags que hoy son historia del cine.

Gags para la retina y crítica social

Permanecen en el recuerdo escenas magistrales como aquella en la que Norman simula tocar una máquina de escribir invisible al son de la música de Leroy Anderson, o su accidentado intento de pintar la bola del mástil de la bandera (un homenaje directo al cine de Harold Lloyd). Tampoco podemos olvidar el aspirador voraz que, tras tragarse medio mobiliario, acaba explotando bajo el cuchillo de un Lewis al límite.

Sin embargo, más allá de la bofetada física (slapstick), la película escondía una crítica mordaz hacia el matriarcado y el consumismo desbocado. Aunque la Paramount obligó a Tashlin a suavizar el tono, el retrato de las mujeres es implacable:

  • La dueña (Agnes Moorehead): Una interpretación excelente de la arrogancia y el poder.

  • Las compradoras: Presentadas como una horda enloquecida que, en su ansia por los saldos, llega incluso a "violar" el espacio personal del protagonista.

  • Incluso la novia (Jill St. John): Quien, a pesar de su bondad, oculta su identidad trabajando como ascensorista, participando del engaño general.

En el contrapunto encontramos a los personajes masculinos, víctimas del dominio femenino: un comprensivo John McGiver (inolvidable dependiente de Tiffany’s en Desayuno con diamantes) y un Ray Walston que vive totalmente anulado por las órdenes superiores.

Dónde rescatar este clásico

Si desean recuperar esta joya, actualmente se encuentra editada en DVD y Blu-Ray, aunque cabe advertir que algunas ediciones son algo descuidadas, con pistas de doblaje que se desincronizan (un error que, curiosamente, no aparecía en los pases televisivos). Para una experiencia óptima, la plataforma Filmin —una de las pocas que mantiene vivo el legado de Lewis— ofrece una calidad de imagen superior en su versión original.

Con esta película, Tashlin y Lewis confirmaron una de las mejores parejas creativas de Hollywood, una colaboración que cerraría su círculo poco después con Caso clínico en la clínica.


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