La historia de Orfeo negro (1959) comienza con la fascinación de un hombre por una tierra que no era la suya. Su director, Marcel Camus, un cineasta francés que procedía del campo de la pintura y la escultura, decidió alejarse de los estudios de París para buscar una narrativa más sensorial. Tras formarse con maestros como Luis Buñuel, encontró en Brasil la oportunidad de demostrar que los grandes mitos de la humanidad no pertenecen a los museos, sino que siguen latiendo en los lugares más humildes del mundo moderno.
Basada en la obra teatral Orfeu da Conceição de Vinícius de Moraes, la película se convirtió en una obra clásica del séptimo arte, impermeable al tiempo. Logró el histórico doblete de la Palma de Oro en Cannes y el Óscar a la Mejor Película Extranjera, situando a la cultura brasileña en el epicentro del prestigio internacional. La crítica de la época, reflejada en los archivos de ABC, la describió como una "asombrosa cinta" que recibió una de las mayores ovaciones recordadas en la historia del festival francés.
El argumento despliega una narrativa circular que comienza y termina con el sol sobre el morro. La historia sigue a Orfeo, un carismático conductor de tranvía, cuya vida cambia radicalmente al conocer a Eurídice, una joven campesina que llega a la ciudad huyendo de un destino oscuro. Su amor nace bajo la premisa mística de que sus almas ya se conocían desde tiempos inmemoriales, lo que eleva el romance a una dimensión metafísica en medio del caos festivo de Río de Janeiro.
En cuanto al reparto, Camus evitó a las grandes estrellas para buscar una veracidad que solo actores novatos podían aportar. El papel de Orfeo recayó en Breno Mello, un futbolista profesional descubierto por el director mientras caminaba por la calle. Sus palabras en el filme —"Mi corazón es como un pájaro saciado con una gota de rocío"— quedaron grabadas en la memoria de la crítica como símbolo de la sensibilidad del personaje.
Dentro del entramado sonoro, la banda sonora se sostiene sobre pilares emocionales opuestos y es considerada el legado más duradero del filme. Con composiciones de Antônio Carlos Jobim y Luiz Bonfá, la película fue la plataforma mundial de la Bossa Nova. Temas como "A Felicidade" plantean que la alegría del pobre es una ilusión fugaz, mientras que "Manhã de Carnaval" emerge como el corazón místico de la obra, una pieza que cautivó al mundo y se convirtió en un estándar del jazz.
Finalmente (spoiler), el legado de la obra se cierra con la música sobreviviendo a la muerte del héroe. Tras la caída de los amantes, los niños recogen la guitarra de Orfeo y, al ritmo de "Samba de Orfeu", una niña baila mientras un niño toca para convencer al sol de que salga una vez más. Este final transforma la tragedia en esperanza: el Orfeo físico desaparece, pero su espíritu renace en la infancia, asegurando que, mientras alguien pulse esas cuerdas, la luz siempre vencerá a la oscuridad sobre la favela.
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Fuentes:
Hemeroteca ABC Madrid: Crónicas de estreno (1959), análisis de Luis María Ansón (1971), obituario de Marcel Camus (1982) y retrospectiva en Filmoteca TV (1986).
Blanco y Negro: Reportaje gráfico de la visita de Marpessa Dawn a Madrid (1959).
ABC Cultural: Investigación sobre el mito de Orfeo y la tradición órfica (2010).

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