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28/03/2026

El Rey de Reyes (Cecil B., DeMille, 1927)

 

Aquí tienes un texto alternativo (Alt Text) detallado para la carátula o póster principal de El Rey de Reyes (1927), diseñado para mejorar la accesibilidad y el SEO de tu post en Blogger.  Este texto describe la imagen más icónica del póster original, donde se resalta la monumentalidad de la producción de Cecil B. DeMille.  Texto Alternativo (Alt Text) para la Carátula "Póster original de la película muda de 1927 'El Rey de Reyes' (The King of Kings), dirigida por Cecil B. DeMille.



El Rey de Reyes (1927): La catedral muda donde Cecil B. DeMille filmó lo sagrado

¿Era posible capturar la divinidad en un trozo de celuloide sin decir una sola palabra? En 1927, un hombre con botas de montar, un megáfono y una fe inquebrantable en el espectáculo decidió que sí. Cecil B. DeMille construyó una catedral de luz y sombra que, casi un siglo después, sigue dejando pequeños a los blockbusters modernos. 

Antes de seguir, te invito a que veas mi análisis en Youtube https://youtu.be/ee1ApzAgqGE?is=QZFD1EOtfHM1S_MW


1. El Cine Mudo: Un Lenguaje Sagrado Universal

Antes de que el sonido llegara, el cine mudo era el vehículo perfecto para la épica religiosa. Producciones como Intolerancia (1916) o Ben-Hur (1925) demostraron que las historias bíblicas permitían a los estudios experimentar con presupuestos astronómicos y decorados que desafiaban la gravedad. En esta era, la ausencia de diálogo era una ventaja: permitía que las películas fueran universales, eliminando las barreras del idioma para conectar con audiencias de todo el planeta a través de una simbología visual puramente espiritual.

2. DeMille: El "Sumo Sacerdote" del Set

DeMille entendía el cine como el "púlpito más grande del mundo". Durante la filmación de El Rey de Reyes, impuso un régimen de conducta casi monástico para preservar la atmósfera mística

  • Voto de conducta: Estaba estrictamente prohibido que cualquier técnico o actor utilizara lenguaje soez. DeMille creía que la energía del set afectaría el resultado espiritual de la cinta.

  • Aislamiento místico: El protagonista, H.B. Warner, fue sometido a un aislamiento total. Comía solo en una tienda privada y llegaba al set en coches con las cortinas cerradas para que nadie rompiera la ilusión de santidad.

3. Proezas Técnicas: Cuando el Cine se hizo Milagro

Para la época, los efectos visuales fueron auténticas proezas de ingeniería. DeMille no escatimó en gastos para lograr momentos que hoy consideraríamos imposibles sin CGI:

  • El estallido del Technicolor: Ver la Resurrección en tonos rosados y dorados gracias al Technicolor de dos componentes fue el equivalente al descubrimiento del fuego para los espectadores de 1927.

  • El Terremoto del Calvario: Se utilizaron plataformas hidráulicas reales para hacer vibrar el suelo y miniaturas magistrales para recrear la destrucción del templo.

  • El Carro de Cebras: Como preludio a su redención, María Magdalena aparece en un carro tirado por cebras reales. Puro exotismo DeMille.

4. El gran acontecimiento artístico en el Teatro de la Zarzuela

El estreno de El Rey de Reyes en Madrid no fue una simple proyección, sino un suceso de magnitud universal que se apoderó de todos los públicos. Tras cosechar un éxito arrollador y batir récords en América y Europa, la película llegó al Teatro de la Zarzuela precedida por una expectación máxima. Los técnicos de la época la calificaron como el "mayor prodigio cinematográfico realizado hasta la fecha", destacando el genio creador de DeMille.

5. El aval de la censura y las autoridades religiosas

Antes de su debut ante el gran público, la producción pasó por un riguroso filtro de fe para asegurar su adecuación a la ortodoxia:

  • Proyección en el Palacio Arzobispal: La cinta se proyectó de forma privada ante el Obispo de Madrid-Alcalá y otras autoridades eclesiásticas.

  • Aprobación entusiasta: La jerarquía religiosa otorgó su beneplácito, considerando que la obra respetaba la más rígida ortodoxia católica y trataba el drama del Calvario con un tacto insuperable.

  • Gesto de potencia artística: Frente a intentos previos que resultaban irreverentes, la visión de DeMille logró conmover al creyente sin desmerecer el espectáculo sacro.

6. Una acogida que marcó una etapa en el arte mudo

La recepción por parte de la prensa y los espectadores madrileños consagró definitivamente a DeMille:

  • La interpretación de H.B. Warner: Su personificación de Jesús fue descrita como "sencillamente sublime y bellamente humana", logrando que el público olvidara la audacia que suponía encarnar al Salvador.

  • Perfección técnica y emocional: Las crónicas de 1928, como las de Estampa e Informaciones, resaltaban que la película hacía vivir al espectador la "eterna ejemplaridad" de los últimos días de Cristo.

  • Legado incorruptible: Décadas después, en retrospectivas de 1989, se seguía recordando la cinta como un clásico fundamental del periodo mudo, a pesar de sus hoy evidentes decorados de cartón piedra.

7. El Duelo de los Mesías: H.B. Warner (1927) vs. Jeffrey Hunter (1961)

Es inevitable comparar la visión de DeMille con la de Nicholas Ray en 1961. Aunque ambas son piezas clave, la diferencia es abismal:

  • Madurez vs. Juventud: H.B. Warner aportaba una mirada de "viejo sabio", mientras que Jeffrey Hunter representaba la energía juvenil, lo que le valió el apodo de "I Was a Teenage Jesus".

  • Icono vs. Humano: En la versión muda, el silencio elevaba al personaje al estatus de icono intocable. En 1961, el Jesús de Hunter es un líder mucho más político y terrenal, propio de la psicología de los años 60.

8. El Desafío de verla hoy en España

En España es difícil encontrar una edición oficial en formato físico debido a temas de derechos. Mientras que el remake de 1961 es fácil de hallar, la joya muda de 1927 requiere recurrir a la importación o a plataformas como The Criterion Channel, que posee la asombrosa restauración en 4K.


Datos Curiosos

  • El "Milagro" de la cámara: Una rotura accidental en una lente creó un destello de luz sobre la cabeza del actor que DeMille consideró una señal divina y dejó en el montaje final.

  • Publicidad Aérea: Fue de las primeras películas en usar aviones que escribían el título con humo sobre el cielo de Los Ángeles.

  • Impacto Global: Se estima que, a lo largo de las décadas, más de 800 millones de personas han visto esta versión.

Fuentes consultadas


23/03/2026

Nazarín (Luis Buñuel, 1958)


Primer plano en blanco y negro de Francisco Rabal interpretando al cura Nazarín en la película de 1958 dirigida por Luis Buñuel. Muestra una expresión seria y cansada, con barba y vestimenta de clérigo pobre. Portada para el artículo sobre el centenario de su nacimiento.

Con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de Francisco Rabal, seguimos nuestro homenaje repasando su filmografía y resulta imprescindible volver la vista hacia Nazarín (1958): el encuentro entre la recia humanidad de Rabal y la mirada subversiva de Luis Buñuel. A través de este análisis, observamos cómo el actor logró dar vida al complejo misticismo galdosiano, convirtiéndose en el rostro universal de una de las piezas más audaces del siglo XX.

Antes de continuar, te invito a que veas mi análisis en mi canal de YouTube y que le des, muy importante, a suscribirse, por favor.😉      

1. El Paralelismo Cervantino: La Locura de la Bondad

La crítica histórica establece que Benito Pérez Galdós creó en Nazarín un paralelismo del Quijote en plena posesión de su personalidad literaria. Como señala la prensa de la época (ABC Madrid, 18/03/1947):

"A Don Quijote le guía el pensamiento que pone en Dulcinea y a Nazarín le guía la luz del Evangelio".

Mientras Don Quijote dispone de un "mediano pasar", Nazarín habita un "desmantelado cuarto" en Madrid y se lanza a la aventura sin poseer nada. Esta escena inicial del mesón enfatiza que para el clérigo la libertad nace de la carencia total. Octavio Paz, quien defendió la cinta con pasión en el Festival de Cannes, argumentó que esta bondad no es pasiva, sino una "crítica de la ilusión de Dios", donde la caridad de Nazarín, lejos de salvar al mundo, levanta reacciones agresivas en una sociedad estéril. Para Paz, el tema de Buñuel no es la culpa del hombre, sino la de Dios.

2. Estética y Fotografía: El Ascetismo de Figueroa

La adaptación, ganadora del Gran Premio Internacional de Cannes en 1959, definió un estándar visual basado en un estilo que "huye de cualquier complacencia y rechaza todo lirismo sospechoso".

  • El realismo sucio: Gabriel Figueroa recibió de Buñuel la orden de capturar la aridez del camino, huyendo del preciosismo. El historiador francés Georges Sadoul destacó en Cahiers du Cinéma la "pureza absoluta" de este filme, donde la iluminación plana y la atmósfera polvorienta subrayan cómo el idealismo del cura choca contra la urgencia física de la muerte.

  • El espacio como castigo: Los planos generales donde Nazarín parece diminuto frente a la inmensidad del paisaje refuerzan su soledad. Según el material de producción, Buñuel buscaba una "visión integral de la realidad" que incluyera la angustia social por encima del drama privado.

3. Francisco Rabal: El Actor frente al Ascetismo

Rabal siempre consideró que Nazarín fue el papel que le obligó a "vaciarse". La crítica destaca su "talla expresiva de rango internacional", lograda mediante una economía de gestos absoluta.

  • Anécdota de la "Cara de Nada": Rabal contaba que Buñuel le prohibía cualquier atisbo de interpretación psicológica. En una de las escenas más tensas, cuando Nazarín es insultado por los presos, Rabal intentó poner una expresión de "sufrimiento cristiano". Buñuel detuvo el rodaje y le dijo: "Paco, no me pongas cara de santo, pon cara de nada. Eres un hombre que camina, nada más". Esta instrucción permitió que Nazarín fuera un personaje enigmático, cuya bondad no nace del sentimentalismo, sino de una voluntad férrea.

  • La fisicidad del rodaje: El actor tuvo que caminar descalzo por terrenos pedregosos bajo el sol de Morelos. Esta fatiga real se traslada a la pantalla en su andar pesado y su mirada exhausta, lo que refuerza la veracidad del "atleta de la caridad".

4. Personajes Secundarios: La Sombra del Misticismo

El misticismo de Nazarín no se entiende sin las figuras de Andara y Beatriz. Buñuel utiliza a estas mujeres para representar las dos caras de la devoción. Max Aub, gran amigo del director, resaltó en sus famosas Conversaciones con Buñuel que no existe en toda su obra escenas de amor tan tiernas como las del enano Ujo y la prostituta Andara: "Nunca llegará a tanta ternura ni en diálogo ni en imagen".

En la escena del milagro del niño, la cámara no se centra en lo sobrenatural, sino en la reacción febril de las mujeres. Nazarín, fiel a su ascetismo, se muestra molesto por ser objeto de una adoración mundana, subrayando su independencia galdosiana frente al culto institucional.

5. El "Cristo que ríe" y el Malentendido Eclesiástico

Un elemento subversivo es el cuadro del "Cristo que ríe" en la habitación de Nazarín, que valida su alegría en la "locura moral". Aunque la obra fue recibida con recelo, en Cannes el jurado católico de la OCIC creyó ver en ella un posible camino de conversión. Buñuel recibió esto con ironía, manteniendo su "ateísmo agónico" (ABC Sevilla, 04/11/1977) y su convicción de que la caridad pura es invivible: "Se puede ser relativamente cristiano, pero el ser absolutamente puro, inocente, está derrotado de antemano".

6. Recepción y Legado: El Misterio de la Piña

La película culmina en una escena final calificada como "ambigua para muchos y luminosa para otros". Nazarín, derrotado y escoltado, recibe una piña de una mujer desconocida. Mientras resuenan los tambores de Calanda, la expresión de Rabal transita de la duda al llanto contenido.

El director John Huston llegó a decir: "Desde el fin de la guerra, las dos grandes películas que yo he visto son 'Ladrones de bicicletas' y 'Nazarín'. Me hubiera enorgullecido dirigirla". Es el momento en que el personaje comprende que la caridad no es un dogma rígido, sino un gesto humano inesperado; como señaló Aub, Nazarín ha perdido a Dios, pero ha encontrado la fraternidad humana.


Fuentes y Críticas Citadas:

  • ABC Madrid / Sevilla: Crónicas de Cannes (14/05/1959) y Ensayos (1977, 1984).

  • Paz, O. (2012): Luis Buñuel: El doble arco de la belleza y la rebeldía. FCE.

  • Aub, M. (1985): Conversaciones con Buñuel. Aguilar.

  • Sadoul, G. (1959): Críticas en Cahiers du Cinéma y Les Lettres françaises.

  • Huston, J.: Declaraciones recogidas en el Pressbook oficial de Peli-Mex.

15/03/2026

¡Qué me importa el dinero! (Frank Tashlin, 1962)


Primer plano de Jerry Lewis interpretando a Lester March con una expresión de sorpresa y confusión, vestido como técnico reparador de televisores.

 El eslabón perdido de la comedia visual 

A menudo, la historia del cine tiende a simplificar la carrera de Jerry Lewis dividiéndola entre sus años con Dean Martin y su explosión como director total. Sin embargo, en ese intermedio creativo se alza ¡Qué me importa el dinero! (1962) (It´s Only Money), una película que funciona como el puente de oro definitivo. Bajo la dirección del visionario Frank Tashlin y con un guion de John Fenton Murray, esta obra consolidó la independencia de Lewis, además de servir de laboratorio técnico para lo que sería, apenas un año después, El profesor chiflado. En el marco del centenario del nacimiento de Jerry Lewis (1926-2026), redescubrir esta cinta es entender la arquitectura misma de su genio.

Sinopsis: El detective por accidente

La trama nos presenta a Lester March (Jerry Lewis), un ingenuo reparador de televisores cuya verdadera pasión es emular a los duros sabuesos de las novelas pulp. Su vida da un vuelco surrealista al descubrir que es el único heredero de la inmensa fortuna de la familia Albright. A partir de aquí, la narrativa se convierte en un ingenioso juego del ratón y el gato: mientras Lester intenta ejercer de detective en la mansión familiar, el abogado corrupto de la familia (Zachary Scott) orquesta una serie de disparatados intentos de asesinato para eliminarlo. El film culmina en un prodigio de técnica visual donde Lester debe sobrevivir a una horda de cortadoras de césped radio-controladas, una secuencia que cristaliza la obsesión de Frank Tashlin por la rebelión de los objetos contra el hombre y que convierte una intriga criminal en una coreografía de caos absoluto.

La Estética del "Noir" en Blanco y Negro: La mano de W. Wallace Kelley

Uno de los aspectos más fascinantes y menos discutidos del film es su fotografía. Aunque Lewis era un ferviente defensor del color, la decisión de rodar en blanco y negro bajo la lente de W. Wallace Kelley fue una elección artística estratégica. Kelley, quien más tarde capturaría la explosión cromática de El profesor chiflado, utiliza aquí una iluminación de alto contraste que evoca las sombras del cine negro de los años 40. Este claroscuro sirve para enmarcar la elasticidad facial de Lewis en una atmósfera de misterio real. Como señalaba la crítica retrospectiva del ABC (07/03/1997), esta ausencia de color permite que la película se perciba como un "homenaje al cine mudo", donde la pureza del gag visual se impone sobre cualquier artificio decorativo.

Jack Weston y el Reparto de Contraste: La Seriedad como motor cómico

El éxito de esta producción reside en la sabiduría de Tashlin para rodear a Lewis de actores de un peso dramático incuestionable. Destaca por encima de todos Jack Weston, en el papel del mayordomo Leopold. Weston, un actor de una versatilidad extraordinaria que interpreta a un secuaz mayordomo que oscila entre lo amenazante y lo patético, creando una química de caos contenido frente a la energía desbordante de Jerry.

Acompañando a Weston, encontramos a Zachary Scott, cuya frialdad de villano clásico de la Paramount eleva la apuesta: cuanto más serio es el entorno, más hilarante resulta la torpeza de Lester March. No podemos olvidar a Mae Questel, la voz de Betty Boop, quien aporta esa energía de dibujo animado que tanto buscaba Tashlin.

El Guion de John Fenton Murray: La deconstrucción del Héroe

El guion de John Fenton Murray es una pieza de relojería que trasciende el simple sketch. Murray, conocido por su habilidad para situar a personajes inadaptados en entornos profesionales complejos —como haría más tarde en Su juego favorito para Howard Hawks—, construye aquí una sátira sobre la identidad. La premisa del reparador de televisores que aspira a ser detective es la excusa perfecta para parodiar la obsesión americana por la tecnología y la herencia.

Esta relevancia temática se vio reflejada en la ingeniosa campaña de marketing en España. El diario ABC (19/12/1964) publicó anuncios que simulaban una búsqueda real de un heredero llamado "Lester Marzo", ofreciendo recompensas de 100.000 dólares. Esta maniobra desdibujaba las fronteras entre la ficción y la realidad, convirtiendo el estreno en un evento social.

El ADN de la torpeza: De Lester March a la sombra de Clouseau, Drebin y Mr. Bean

El personaje de Lester March se erigió como el molde genético para los grandes detectives torpes que dominarían la comedia décadas después. Su mezcla de una confianza ciega en sus nulas habilidades y una asombrosa capacidad para sobrevivir al desastre por puro azar sentó las bases de lo que más tarde veríamos en el Inspector Clouseau de Peter Sellers, en la solemnidad ante el absurdo del Frank Drebin de Leslie Nielsen o incluso en la conflictiva relación con los objetos cotidianos de Mr. Bean y Johnny English de Rowan Atkinson. Esa lógica del error y la lucha física contra un entorno hostil son el ADN que Lewis y Tashlin legaron a la posteridad, convirtiendo a este reparador de televisores en el antepasado directo de los sabuesos más inútiles, queridos y universales de la gran pantalla

El Laboratorio de la Destrucción Mecánica

La película es recordada por su clímax: la persecución de las cortadoras de césped. Este ballet de destrucción fue un suplicio técnico en el set. Jerry siempre obsesionado con el timing, se enfrentó a máquinas que, debido a interferencias de radio, parecían cobrar vida propia. Esta lucha del hombre contra el objeto es el núcleo de la filosofía de Tashlin, quien veía en Lewis a un instrumento rítmico capaz de dialogar con la tecnología de forma cómica.

Conclusión

Al acercarnos al 2026, ¡Qué me importa el dinero! se reivindica como la declaración de principios de un autor que ya desarrollaba su madurez. Es una película que, sesenta años después, sigue demostrando que la risa es una cuestión de precisión, sombras y un poco de caos mecánico. Como bien resumió la crítica del ABC en su estreno en Sevilla: "un sorprendente clima cómico durante toda la proyección".

Bibliografía y Fuentes para el Blog:

  • Hemeroteca Histórica ABC (Ediciones 1964, 1965, 1997, 2001).

  • Neibaur, J. L. (1995). The Jerry Lewis Encyclopedia.

  • Lewis, J. (1971). The Total Film-Maker. Random House.

  • Entrevistas de Peter Bogdanovich a Frank Tashlin (1962-1970).

09/03/2026

Pan Tadeusz (Andrzej Wajda, 1999)

Póster de la película 'Pan Tadeusz' (1999) dirigida por Andrzej Wajda


Este 6 de marzo de 2026 se celebra el centenario de Andrzej Wajda e invita a revisar una filmografía que es la historia de la resistencia y la identidad europea. Desde la crudeza de la guerra en Kanal (1957) y la icónica Cenizas y diamantes (1958), hasta el pulso político de El hombre de mármol (1977) o Danton (1983), Wajda consolidó un lenguaje visual donde la ética y la estética siempre fueron de la mano. Mención aparte merece su obra maestra de 1975, La tierra de la gran promesa un fresco brutal sobre la revolución industrial y que comenté en el blog aquí. En este marco, Pan Tadeusz (1999) se levantó como su proyecto más ambicioso: la transformación de un poema del siglo XIX en un testamento visual imperecedero.


✍️ Adam Mickiewicz: El bardo del exilio

Para entender la magnitud de la película, hay que entender a su autor, Adam Mickiewicz (1798-1855), fue el máximo exponente del romanticismo polaco y un símbolo de libertad. Escribió Pan Tadeusz en 1834 desde su exilio en París, consumido por la nostalgia de ver a su patria repartida entre imperios. Creó este poema como un refugio espiritual donde reconstruye una Polonia idealizada para que los exiliados no olvidaran sus raíces. 


🎭 El peso del elenco

Lo que la crítica polaca bautizó como el "reparto del siglo" no fue una estrategia de marketing, sino un acontecimiento histórico en pantalla. Wajda logró reunir a tres generaciones de actores que representaban el alma del país:

  • Daniel Olbrychski (Gerwazy): El actor fetiche de Wajda, cuya interpretación del sirviente fiel movido por la venganza dota al film de una fuerza arrolladora.

  • Bogusław Linda (Padre Robak): El rostro del cine polaco moderno, que dotó al monje redimido de una profundidad melancólica y contenida.

  • Michał Żebrowski (Tadeusz): Encarnó al joven heredero con la mezcla justa de ingenuidad y fervor.


🎥 Estética controvertida: El "Cine de Mármol"

La película es un ejercicio de virtuosismo que el diario ABC, en su crítica del 15 de septiembre de 2000, definió con el término "cine de mármol". Esta etiqueta, usada con un matiz irónico y algo peyorativo, hacía referencia a la "monumentalidad clásica y majestuosa" de una obra que, para ciertos sectores de la crítica española, resultaba demasiado académica y estática en su perfección.

Sin embargo, esta es la que permite que la fotografía de Paweł Edelman capture los horizontes lituanos con una luz pastoral, y que la música de Wojciech Kilar eleve la célebre "Polonesa" final a la categoría de himno de reconciliación.


⚠️ Estrenada en España sin V.O.

A pesar de su magnitud, la recepción en España se vio empañada por la decisión de proyectarla únicamente en versión doblada. El crítico Esteve Riambau, en las páginas del diario Avui, tildó de "disparate" e "insensatez comercial" este hecho. Al prescindir de la versión original, se perdió irremediablemente el ritmo de los alejandrinos polacos y la musicalidad inherente al texto de Mickiewicz.


🏛️ Conclusión: El Arte como Unificador

La relevancia de Pan Tadeusz radica en su función como preservación cultural. Lograr que seis millones de polacos acudieran al cine a ver poesía demuestra el poder del arte para movilizar sociedades. Cien años después de su nacimiento, la visión de Wajda demuestra que el cine sigue siendo la mejor herramienta para mantener viva la memoria colectiva.

Puedes ver mi análisis en mi canal de YouTube "El coleccionista" y acuérdate de darle a "suscribe" : 

🔍 Referencias bibliográficas:

  • ABC (15 de septiembre de 2000). Crítica de cine: "Pan Tadeusz". Sección de Espectáculos/Cine. Madrid, España. (Referencia al concepto "cine de mármol").

  • Riambau, E. (2000). "Un disparate comercial". Diario Avui, sección de cultura. Barcelona, España. (Crítica sobre la ausencia de V.O.S.E.).(Repositori de la Filmoteca de Catalunya)


01/03/2026

Confesiones verdaderas (Ulu Grosbard, 1981)

 


Recientemente, el mundo del cine ha despedido a una de sus figuras más íntegras y respetadas: Robert Duvall. Tras su fallecimiento, volver la vista a obras como "Confesiones verdaderas" se vuelve un acto de justicia y memoria necesaria. Duvall era capaz de dotar de una humanidad desgarradora a hombres endurecidos por el destino. En esta cinta, su interpretación del detective Tom Spellacy se erige como un testamento de su talento: un recital de humor ácido y desgarro dramático que sirve de ancla moral a toda la historia. Hoy, su pérdida deja un vacío que solo podemos llenar revisitando estas actuaciones, donde nos recordaba que el cine, en su expresión más pura, es la captura de un alma frente a la cámara. 

Les recomiendo antes que visiten mi canal de YouTube "El Coleccionista" para un análisis en vídeo del film:

   

 Esta obra, estrenada en España en diciembre de 1981, fue recibida por la crítica de la época como una propuesta policiaca original y apasionante. Según la crónica publicada en ABC Sevilla el 23 de diciembre de 1981, la película logra renovar el género negro sin perder su sabor tradicional, comparando su atmósfera con la del inolvidable  Chinatown de Polanski.  El director Ulu Grosbard, con su sólida formación teatral, trasladó a la pantalla una maestría especial en la dirección de actores, permitiendo que la intriga criminal fuera casi lo de menos frente al denso juego psicológico entre los protagonistas. No obstante, como apuntaba Pedro Crespo en ABC Madrid el 20 de diciembre de 1981, al conjunto podía faltarle algo de brío, resultando en ocasiones una obra fría o distante, pero de un refinamiento extraordinario en su encuadre.

La solidez de la película descansa en un guion meticulosamente construido por el matrimonio formado por Joan Didion y John Gregory Dunne. La narrativa utiliza un crimen horrendo —una joven dedicada a la "vida fácil" que aparece cortada en dos como una res— como el catalizador necesario para que afloren las tensiones familiares y las pequeñas indignidades del pasado. Entre las secuencias más comentadas, destaca la escena de la autopsia, donde la crudeza visual se trata con un rigor casi documental, subrayando la falta de piedad del mundo que habitan los hermanos. Asimismo, el primer encuentro en el despacho arzobispal entre Tom y Desmond resume la tensión del filme: mientras el sacerdote (De Niro) se mueve entre la seda y el poder, el policía (Duvall) irrumpe con el cinismo de quien ha visto lo peor de la calle, creando un contraste eléctrico que define el resto del metraje.

Resulta imposible no ver en esta cinta un eco melancólico de "Ángeles con caras sucias" (1938). Al igual que en aquel clásico, se nos presenta el destino divergente de dos compañeros de infancia —aquí hermanos de sangre— donde uno abraza la ley o la fe y el otro sobrevive en el fango. Sin embargo, Grosbard subvierte el mito: aquí no hay una redención clara ni un heroísmo romántico. El sacerdote está tan manchado por la ambición como el policía por el escepticismo. Este enfoque desmitificador es lo que otorga a la película su pátina de modernidad, mostrando que, en el Los Ángeles de la posguerra, la línea que separa el confesionario de la comisaría es tan delgada como peligrosa.

Visualmente, la cinta destaca por una estética de contrastes capturada por la fotografía sobria y sugerente de Owen Roizman. Se contrapone de forma fascinante la luminosidad y suntuosidad de los interiores del palacio arzobispal con la atmósfera opresiva y escuálida de los barrios bajos. Roizman logra retratar lo horrendo con una belleza pictórica casi perturbadora; las críticas de la época destacaban cómo las escenas en depósitos de cadáveres se presentaban con un mimo que recordaba a los bodegones de las postrimerías de Valdés Leal. Esta atmósfera se ve reforzada por la música de Georges Delerue, cuyas melodías estilizadas y evanescentes subrayan la melancolía de una historia donde la fe y el fango se dan la mano.

El retrato de la institución eclesiástica es otro de los puntos fuertes del film, mostrando una Iglesia que actúa como un poder político y financiero. Junto a él, secundarios de gran prestancia terminan de armar un fresco social de una honestidad brutal: Cyril Cusack otorga una dignidad excepcional al Cardenal, retratado como pastor y político a un tiempo, mientras que Charles Durning borda su encarnación del promotor inmobiliario de pasado escabroso. Mención especial merece la presencia de otro gigante, Burgess Meredith, conocido por el gran público como el entrenador de Rocky, quien aquí encarna al padre Seamus Fargo. Su escena compartida con De Niro, donde el viejo sacerdote Fargo es apartado por su falta de visión financiera, es uno de los momentos más tristes y reveladores de la película, mostrando el sacrificio de la fe genuina ante la ambición institucional.

Finalmente, el impacto de la película en festivales como la Mostra de Venecia confirmó la magnitud del enfrentamiento entre De Niro y Duvall, quienes recibieron los premios de La Fenice. Si bien De Niro realizó un trabajo minucioso y obsesivo, la crítica de ABC Madrid destacó la ventaja final de Robert Duvall. Su capacidad para dotar de brío y verdad a un policía desencantado demostró que contaba con mayores bazas dramáticas, dejando una huella imborrable que hoy, tras su partida, se confirma como un legado eterno para la historia del séptimo arte.


Fuentes bibliográficas:

  • Colón, A. (23 de diciembre de 1981). Cine: "Confesiones verdaderas". ABC Sevilla, p. 103.

  • Crespo, P. (20 de diciembre de 1981). Crítica de cine: "Confesiones verdaderas". ABC Madrid, p. 77.

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