Avanti!: Billy Wilder, Jack Lemmon y el consuelo de volver cada verano a Italia
El verano como refugio secreto
Cada verano queda el consuelo de volver a Avanti!. Cuando el cine actual se pone demasiado ruidoso, demasiado urgente o demasiado calculado, la película de Billy Wilder aparece como una vieja habitación de hotel frente al mar: no promete grandes sobresaltos, pero acaba dejando una tristeza luminosa, una sonrisa amarga y la sensación de haber visto una comedia mucho más sabia de lo que parecía.
Estrenada en 1972 y conocida en España con el título más comercial de ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, Avanti! empieza con dos cadáveres y termina convertida en una de las comedias más extrañamente vitales de Wilder. Un ejecutivo norteamericano viaja a Italia para recoger el cuerpo de su padre, muerto en accidente de coche. Allí descubre que el respetable difunto viajaba acompañado de su amante inglesa, con la que llevaba años compartiendo un mes secreto de felicidad en Ischia.
La hija de ella llega también para hacerse cargo del cadáver de su madre. Y entonces la película se abre como una puerta de hotel: pasillos, maletas, funcionarios, criados, chantajes, desayunos, baños desnudos, viejas canciones italianas y una revelación incómoda. Los hijos han ido a enterrar a sus padres, pero terminan descubriendo que aquellos muertos habían vivido con más intensidad que ellos.
Ese es el secreto de Avanti!: bajo su apariencia de comedia pícara y mediterránea, Wilder habla del tiempo perdido, de la felicidad clandestina y de esos paréntesis que algunas personas se conceden cuando la vida oficial ya no les da oxígeno.
Un Wilder crepuscular frente al nuevo Hollywood
Billy Wilder dirige Avanti! en un momento delicado para el cine clásico norteamericano. Hollywood estaba cambiando de piel. Llegaban otros ritmos, otras violencias, otros rostros, otros desencantos. El cine de los setenta caminaba hacia territorios más ásperos, más políticos, más nerviosos. Frente a ese paisaje, Wilder entrega una película larga, dialogada, elegante, con aire de vieja comedia sofisticada y sabor mediterráneo.
El guion, escrito junto a I. A. L. Diamond, parte de una obra teatral de Samuel A. Taylor, autor vinculado también a Sabrina. Wilder toma la situación de partida y la convierte en territorio propio: un escándalo familiar, un muerto respetable, una amante secreta, un hijo puritano, una mujer inglesa llena de pudor y un hotel italiano donde cada empleado parece conocer mejor la vida que los propios protagonistas.
El material promocional español insistía en esa mezcla de comedia, picardía y choque cultural. Presentaba a Wendell Armbruster Jr. como un alto ejecutivo norteamericano, prepotente e insensible, y a Pamela Piggott como una muchacha inglesa rubia, redondita y encantadora. La promoción intentaba vender una comedia de enredo con su punto atrevido, aunque la película tiene mucha más hondura.
Wilder filma una comedia moral sobre la vida que se escapa entre obligaciones, reuniones, matrimonios respetables y entierros cuidadosamente organizados.
El título español y el equívoco de la picaresca
El título original, Avanti!, tiene una elegancia que el título español pierde. “Avanti” significa adelante, pase, continúe. Hay en esa palabra una invitación a cruzar una puerta, a seguir viviendo, a no quedarse atrapado en el duelo ni en la vergüenza. El título español, ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, buscaba la curiosidad inmediata, el morbo familiar, la comedia picante.
La crítica de ABC, firmada por Lorenzo López Sancho en 1973, lo vio con claridad. Reconocía que el título español podía ser más taquillero, pero mucho menos adecuado al espíritu de la película. Para él, Wilder había hecho una demostración admirable: la comedia cinematográfica al antiguo modo seguía viva, refinada y llena de posibilidades.
Ese contraste entre título y película resulta muy revelador. La distribuidora parecía prometer un vodevil de padres pillados en falta. Wilder entregaba una fábula amarga sobre la respetabilidad, el deseo y la posibilidad de vivir unos pocos días al año con verdadera libertad.
Jack Lemmon: el americano que quiere organizar hasta la muerte
Jack Lemmon interpreta a Wendell Armbruster Jr., ejecutivo norteamericano recién ascendido, cargado de tensión, úlcera, llamadas, obligaciones y esa seguridad antipática de quien cree que el mundo entero debería funcionar como una oficina. Llega a Italia para resolver el traslado del cadáver de su padre con eficacia empresarial. Quiere identificar el cuerpo, firmar los papeles, evitar el escándalo y regresar cuanto antes a Baltimore.
Italia le responde con otra lógica: almuerzos, demoras, propinas, burocracia, sonrisas, favores, chantajes, habitaciones de hotel y empleados que conocen todos los secretos. Wendell cree estar gestionando una muerte. En realidad está entrando en una educación sentimental.
Lemmon construye el personaje desde la rigidez. Aquí resulta más seco, más crispado, más desagradable al principio. Esa contención hace que su transformación tenga más peso. Primero se irrita. Luego se desconcierta. Después empieza a escuchar. Finalmente comprende que su padre era algo más que un empresario respetable: un hombre que durante un mes al año escapaba de su propia estatua.
ABC resumía esa doble vida con una frase magnífica: once meses en Baltimore como hombre de empresa y un mes en Ischia como perfecto enamorado romántico. La reseña veía en la película una protesta fina contra ciertas costumbres norteamericanas y un canto al amor, al sol, a la naturaleza y a la sonrisa frente a las convenciones.
Ese es uno de los grandes hallazgos de Avanti!: Jack Lemmon llega a Italia para recoger un muerto y acaba descubriendo que el muerto había sabido vivir mejor que él.
Juliet Mills: Pamela Piggott y la dulzura herida
Juliet Mills es uno de los grandes encantos de la película. Hermana mayor de Hayley Mills e hija del gran Sir John Mills, encontró en Avanti! uno de sus papeles cinematográficos más hermosos. Después no tuvo en el cine la carrera que este trabajo podía anunciar, aunque siguió muy activa en televisión y teatro. Viendo la película, cuesta no lamentarlo.
Su Pamela Piggott entra con una mezcla preciosa de pudor, inseguridad, ironía y ternura. Es la hija de la amante muerta. También ella llega a Italia para hacerse cargo de un cadáver, aunque pronto deberá enfrentarse a algo más incómodo que la muerte: la verdadera vida de su madre.
Pamela tiene complejos, vergüenza, sensibilidad y una dignidad tranquila. Wilder la mira con una ternura especial. Su cuerpo, su timidez y su manera de relacionarse con Wendell permiten que la película se aleje del simple chiste de adulterio y alcance una melancolía mucho más profunda.
La crítica española fue muy generosa con ella. ABC llegó a decir que Juliet Mills era un descubrimiento, y no exageraba. Su trabajo sostiene buena parte del tono emocional de la película. Ella suaviza al personaje de Lemmon, lo descoloca, lo obliga a mirar aquello que preferiría despachar como un asunto vergonzoso.
Pamela comprende poco a poco que su madre fue algo más que “la amante”. Fue una mujer que durante años compartió un ritual secreto de felicidad. Un mes al año, en Italia, lejos del juicio de los demás. La película observa esa relación como una forma imperfecta, clandestina y profundamente humana de resistir a la vida oficial.
El baño desnudo: una escena atrevida con alma de comedia clásica
Una de las escenas más recordadas de Avanti! es el baño desnudo de Wendell y Pamela. Ella entra en el mar sin ropa. Él, escandalizado al principio, acaba siguiéndola. La escena tenía un evidente atractivo promocional y el pressbook español la subrayaba con descaro, pero Wilder la utiliza con inteligencia.
La escena funciona como un desarme. Los dos personajes se desprenden de la ropa, de la rigidez, de la vergüenza, del luto mal llevado y de esa moral heredada que les impide entender a sus propios padres.
Y cuando la película podría abandonarse al romanticismo, Wilder mete el aguijón cómico: Bruno, el criado del hotel, los fotografía con una Polaroid. Después intentará cambiar esas imágenes comprometedoras por un pasaporte americano. El deseo se convierte de pronto en chantaje, papeleo y enredo. Puro Wilder: el momento íntimo nunca queda a salvo de la maquinaria cómica.
Clive Revill: el hotelero que conoce todos los pecados
Clive Revill interpreta a Carlo Carlucci, director del hotel. Es una de esas creaciones secundarias que acaban sosteniendo una película entera. Carlucci posee elegancia, paciencia, picaresca y una cortesía llena de doble fondo. Dirige el hotel y administra secretos.
Wilder había pensado en actores italianos como Nino Manfredi, Alberto Sordi o Romolo Valli para el papel, pero necesitaba a alguien con dominio del inglés y ritmo suficiente para enfrentarse verbalmente a Jack Lemmon. Eligió a Revill, neozelandés, actor de enorme oficio teatral, capaz de dar a Carlucci una italianidad estilizada, eficaz y encantadora.
Carlucci entiende la historia de los amantes muertos mejor que nadie. Observa, protege, arregla, demora y empuja los acontecimientos con suavidad. Representa una Italia flexible, discreta y emocionalmente mucho más sabia que el mundo del que procede Wendell.
ABC lo elogió como actor cómico sobrio, fino y convincente. La definición encaja perfectamente. Cada aparición suya mejora el ritmo de la película. Carlucci es el sacerdote laico del hotel, el hombre que sabe que la vida se compone de habitaciones cerradas, favores, mentiras piadosas y sonrisas oportunas.
Edward Andrews y la llegada del establishment
Edward Andrews aparece como J. J. Blodgett, diplomático americano y representante de la autoridad oficial. Su presencia introduce de golpe el mundo que Wendell empieza a dejar atrás: la embajada, la reputación, el traslado del cadáver, el orden institucional, la voz del poder.
Wilder explicó en el material promocional que veía a Blodgett como parte del establishment y que lo había estilizado casi como un personaje de dibujo humorístico. Su función resulta clara: traer de vuelta el mundo de la oficina, el helicóptero, el cargo y la respetabilidad.
Blodgett llega cuando Wendell empieza a sentirse atraído por Pamela y por la filosofía vital que respira el hotel. Su aparición recuerda que toda aventura tiene fecha de regreso. La vida oficial aguarda al otro lado del mar, con su esposa, sus negocios, sus cargos y su fachada respetable.
Los secundarios italianos: picaresca, burocracia y humanidad
Los actores italianos dan a Avanti! su sabor popular. Gianfranco Barra como Bruno, Franco Angrisano, Franco Acampora, Pippo Franco, Giselda Castrini y otros rostros secundarios convierten la película en una pequeña comedia coral de funcionarios, empleados, hermanos chantajistas, criados listos y testigos silenciosos.
Hay tópicos italianos, desde luego: la propina, la demora, el papeleo, el almuerzo, el arreglo por debajo de la mesa. Wilder juega con ellos con placer, aunque la sátira apunta con más fuerza hacia el americano rígido que pretende dominarlo todo. Italia aparece caótica, interesada y teatral, también más viva, más sensual y más comprensiva.
Los italianos de Avanti! funcionan como contrapunto moral. Frente a la eficiencia fría de Wendell, ellos introducen tiempo, ceremonia y elasticidad. Frente al escándalo, ofrecen discreción. Frente a la muerte, rutina. Frente al amor clandestino, comprensión práctica.
Rodaje: Ischia, Sorrento, Capri y una Italia de postal con veneno
Aunque la acción se asocia sobre todo a Ischia, el rodaje construye su Italia emocional con Sorrento, Capri, la costa amalfitana, Roma y estudios italianos. El hotel funciona como gran escenario de comedia: recepción, pasillos, habitaciones, teléfonos, puertas, camareros, ascensores y maletas. Wilder conserva algo del origen teatral de la historia, pero lo abre al paisaje mediterráneo.
El sur de Italia se convierte en un personaje más. La luz, el mar, las terrazas, las rocas y la música empujan la transformación de Wendell. El protagonista llega con prisa, pero el espacio lo obliga a respirar. Llega para cerrar un expediente y acaba descubriendo una emoción.
La fotografía de Luigi Kuveiller aporta una calidez decisiva. Es una luz de postal setentera, sí, pero una postal atravesada por la muerte, el adulterio y la sátira. Wilder coloca cadáveres bajo el sol. Ese contraste resulta fundamental. La película habla de ataúdes, certificados y cuerpos trasladados, pero la imagen respira verano, mar y deseo.
La dirección artística mantiene ese equilibrio entre realidad turística y decorado de comedia clásica. El hotel parece real y teatral a la vez. Cada espacio está preparado para que el diálogo avance, para que el equívoco circule y para que los personajes entren y salgan como en una pieza de relojería.
La música de Carlo Rustichelli: canciones italianas, vacaciones y despedida
La música de Carlo Rustichelli resulta esencial para que Avanti! no quede en simple comedia turística. No subraya el chiste ni aplasta la emoción. Crea una atmósfera italiana de canción popular, romanticismo suave, melancolía y ligereza. Suena a vacaciones, aunque en el fondo acompaña una despedida.
La crítica de ABC ya destacaba en 1973 que la película tenía una música “felicísima” y “adecuadísima”, y no era un elogio menor. En Avanti!, la música ayuda a sostener ese tono tan difícil: cadáveres, adulterio, burocracia, chantaje y, al mismo tiempo, sol mediterráneo, baños en el mar, terrazas y deseo tardío.
Rustichelli trabaja con una sensibilidad muy italiana, apoyándose en melodías que parecen venir de la canción popular, de la canción napolitana, del hotel junto al mar y de esas radios que suenan en verano como si el mundo no tuviera prisa. Entre las canciones asociadas a la película aparecen temas como “Senza fine”, “Un’ora sola ti vorrei” y “Palcoscenico”, que encajan de maravilla con la historia.
“Senza fine” tiene algo de amor suspendido, de relación que parece resistirse a terminar. Es perfecta para esa historia de los padres muertos, que durante años repitieron el mismo ritual secreto en Italia. “Un’ora sola ti vorrei” parece escrita para el corazón melancólico de la película: solo una hora contigo, solo un pequeño margen de felicidad antes de volver a la vida oficial. Y “Palcoscenico”, con esa idea de escenario, encaja muy bien con el hotel de Wilder, convertido en teatro de secretos, entradas, salidas, mentiras y revelaciones.
La banda sonora funciona casi como una memoria sentimental. Los amantes muertos ya no pueden hablar, pero la música parece hablar por ellos. Cada melodía sugiere que aquel adulterio tuvo la forma de una costumbre amorosa, un calendario secreto, una fidelidad escondida que solo existía durante unos días al año.
Ese contraste es precioso. La música invita al paseo, al vino blanco, al baño, al almuerzo lento y a la terraza frente al mar. Pero la historia gira alrededor de dos cadáveres y de una revelación familiar. Rustichelli entiende el tono de Wilder: la muerte puede estar bañada por el sol, el duelo puede tener ritmo de comedia y una canción italiana puede hacer más comprensible un pecado que cualquier sermón moral.
Por eso la música de Avanti! parece música de vacaciones, aunque en realidad es música de despedida. Mientras Wilder coloca ataúdes, certificados y funcionarios, Rustichelli recuerda que aquellos dos muertos tuvieron una vida secreta quizá más viva que la de quienes han ido a enterrarlos.
La banda sonora de Avanti! acompaña el recuerdo de una felicidad clandestina. Sus canciones suenan ligeras, casi veraniegas, pero debajo llevan la tristeza de quienes solo pudieron vivir de verdad durante un mes al año.
Una duración generosa para una comedia a contracorriente
Avanti! ronda las dos horas y media. Es mucho para una comedia romántica. En su momento, esa duración pudo jugar en contra. Algunos la vieron lenta, demasiado relajada, incluso algo anticuada. El Wilder de Con faldas y a lo loco, El apartamento o Uno, dos, tres parecía moverse con una precisión más afilada.
Aquí el ritmo es otro. La película se toma tiempo para que el hotel respire, para que las comidas se alarguen, para que los trámites se acumulen, para que el deseo aparezca sin prisa. Ese tempo puede desconcertar a quien busque una comedia de gag continuo. Pero también constituye su encanto. Avanti! habla de un hombre que aprende a dejar de tener prisa. La forma acompaña esa transformación.
Vista hoy, esa lentitud tiene algo de lujo. Wilder permite que el espectador se instale en la película como en un hotel antiguo. Uno entra, deshace la maleta y acepta el ritmo de la casa.
La recepción española: comedia deliciosa con alfileres
La reseña de ABC fue entusiasta. Hablaba de una historia tiernísima e ingeniosa, de diálogo burbujeante, de gags verbales, ironías y sorpresas. También destacaba la pintura de Ischia, los tipos italianos, el personaje del director del hotel y escenas como el entierro acompañado por violines y guitarras napolitanas.
Lo más interesante llega al final de esa crítica: bajo la sonrisa, Wilder habría instalado “alfileritos” de sátira contra las nalgas respetables de la organización burguesa-capitalista occidental. La imagen es estupenda. Resume muy bien el mecanismo de la película. Avanti! sonríe, pero pincha. Acaricia, pero deja marca.
El artículo de Filmoteca de Catalunya, años después, la presentaba bajo una idea muy certera: secretos de familia. Esa lectura ilumina el centro de la película. Wendell y Pamela descubren una vida oculta de sus padres, una intimidad que contradice la imagen oficial que tenían de ellos.
Secretos de familia y felicidades clandestinas
La película tiene una tristeza muy particular porque el gran amor que la sostiene ya nos llega muerto. Apenas vemos a los amantes. Los reconstruimos a través de habitaciones, empleados, rutinas, objetos, canciones, comentarios y cadáveres. Es un romance contado desde sus restos.
Wendell y Pamela heredan una revelación. Sus padres tenían una doble vida. Durante años se encontraban en Italia, repetían rituales, ocupaban el mismo hotel, compartían baños, comidas, noches y amaneceres. Esa constancia convierte el adulterio en algo más complejo que una simple aventura. Había rutina amorosa, fidelidad secreta, una forma de matrimonio paralelo sin papeles.
Wilder mira esa relación con ironía, ternura y comprensión adulta. La pregunta que deja flotando es incómoda: ¿qué ocurre cuando la vida respetable se vuelve tan estrecha que la felicidad solo puede existir a escondidas?
Esa pregunta da a Avanti! su melancolía. Los muertos no pueden explicarse, pero su historia transforma a los vivos. Pamela entiende mejor a su madre. Wendell empieza a entender a su padre. Y el espectador comprende que la película habla de una felicidad imperfecta, discutible, clandestina, pero verdadera.
Una comedia antigua con una herida moderna
Avanti! parece una comedia clásica colocada en pleno cine de los setenta. Tiene diálogos cuidados, secundarios deliciosos, equívocos, ritmo teatral, música sentimental y una estructura de transformación moral. Bajo esa apariencia elegante asoma una herida muy moderna: la sospecha de que la vida oficial puede ser una impostura.
El matrimonio, la empresa, la reputación, el apellido familiar y la respetabilidad aparecen como decorados sociales. Frente a ellos, el hotel italiano ofrece un espacio provisional donde los personajes pueden permitirse otra identidad. Durante unos días, las reglas se aflojan. La muerte abre una grieta por la que entra la vida.
Por eso la película gana con los años. Quizá no tenga la perfección geométrica de los grandes Wilder. Quizá su duración pese en algunos tramos. Quizá su Italia resulte por momentos tópica. Pero su tono, su tristeza soleada y su defensa de los momentos robados la convierten en una obra mucho más valiosa de lo que indica su fama secundaria.
El muerto que enseña a vivir
El gran chiste de Avanti! es amargo: los vivos llegan a enterrar a los muertos, pero son los muertos quienes les enseñan a vivir. El padre de Wendell, que parecía una figura respetable y convencional, escondía una vida secreta más luminosa que la de su hijo. La madre de Pamela, reducida en apariencia al papel incómodo de amante, había construido una historia de amor que sobrevivía en las rutinas del hotel, en la memoria de los empleados y en las canciones italianas.
La película empieza con un trámite funerario y acaba convertida en una invitación a respirar. Wilder coloca cadáveres, sellos, chantajes, diplomáticos y maletas, pero deja al fondo una pregunta dolorosa: ¿cuánta vida auténtica cabe dentro de una existencia respetable?
Avanti! es una comedia de verano con sombra de cementerio. Una película larga, cálida, imperfecta, elegante y profundamente humana. Una obra que cada año apetece recuperar cuando llega el calor, porque su Italia imaginaria sigue ofreciendo algo que el cine actual rara vez concede: tiempo para mirar, para escuchar, para sonreír con tristeza y para recordar que a veces la felicidad llega tarde, escondida y durante muy pocos días.
Por eso seguimos volviendo a ella. Porque Billy Wilder empieza con dos cadáveres y termina hablándonos de la vida. Porque Jack Lemmon viaja a Italia para recoger un cuerpo y encuentra una emoción. Porque Juliet Mills convierte la timidez en encanto. Porque Clive Revill administra secretos como quien sirve el desayuno. Porque Rustichelli hace que una despedida suene a canción de verano.
Y porque, al final, Avanti! nos deja una verdad incómoda y hermosa: hay muertos que han vivido mucho más que los vivos.


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