Hamelín (1968): Miguel Ríos, Camilo Sesto y un curioso cuento musical
Hamelín (1968), dirigida por Luis María Delgado al que recordamos por su centenario, es una de esas curiosas películas españolas de los años sesenta que hoy llaman la atención por todo lo que reúnen: un joven Miguel Ríos como protagonista, Los Botines —con Camilo Sesto entre ellos—, música pop, una historia fantástica y unos exteriores rodados en la provincia de Segovia. La película toma como punto de partida la conocida leyenda del Flautista de Hamelín, pero la transforma completamente para convertirla en una película infantil y musical muy propia de su época. El reparto, además de Miguel Ríos, incluye a Margaret B. Peters, Roberto Camardiel, Luchy Soto, Miguel Ligero y Matilde Muñoz Sampedro.
Franz, un joven que abandona su casa en busca de fortuna ayuda a un anciano y recibe como recompensa una guitarra mágica. Cuando llega a Hamelín descubre que el pueblo está sufriendo una terrible plaga de ratones. El burgomaestre promete una recompensa a quien consiga acabar con ellos y este utilizará su guitarra para solucionar el problema.
El cambio respecto a la historia tradicional es evidente: aquí el Flautista ya no toca una flauta, sino una guitarra. La película convierte así una leyenda medieval en un vehículo para la música juvenil de los años sesenta. Hoy resulta curioso ver a Miguel Ríos en Hamelín porque todavía estaba muy lejos de convertirse en la gran figura del rock español que sería después. Había comenzado su carrera con el nombre de Mike Ríos y ya había tenido alguna experiencia cinematográfica, pero todavía estaba construyendo su imagen artística, la película está claramente planteada alrededor de él. Para Hamelín, Miguel Ríos grabó cuatro temas: «Donde», «Linda chica», «Ya lo pagarán» y «Mi ilusión de vivir».
Uno de los mayores atractivos actuales de la película está en Los Botines. El grupo aparece en la película y entre sus componentes se encontraba entonces Camilo Blanes, que todavía no había adoptado el nombre artístico de Camilo Sesto. Por tanto, Hamelín permite ver juntos a dos artistas que pocos años después tendrían carreras completamente diferentes y enormes: Miguel Ríos y Camilo Sesto. Los Botines estaban vinculados a la discográfica Sonoplay, que aprovechó la película para mostrar también a otros de sus artistas como Los Impala y The Mode.
Aunque el título nos lleve directamente a Alemania, la película no se rodó allí. Los exteriores se realizaron en la provincia de Segovia, concretamente en la zona de San Rafael y La Garganta, en El Espinar. Los bosques de esta zona proporcionaban el paisaje necesario para las escenas fantásticas y de aventura. En cambio, buena parte del pueblo de Hamelín fue recreado mediante decorados. Gil Parrondo, responsable de los decorados desarrollaría después una extraordinaria carrera internacional y acabaría ganando dos Oscar por Patton y Nicholas and Alexandra.
Uno de los elementos más difíciles de defender hoy son los efectos especiales. La historia necesita mostrar una enorme cantidad de ratones y su posterior desaparición, y estas escenas resultan bastante ingenuas vistas con los ojos actuales. La crítica posterior ha señalado precisamente las limitaciones de estas secuencias. Sin embargo, forman parte del encanto de una producción de este tipo, realizada en España en los años sesenta y destinada principalmente al público infantil.
Lo más curioso de Hamelín es probablemente la mezcla de épocas. La historia se desarrolla en un supuesto mundo medieval, pero los personajes cantan canciones propias de los años sesenta y aparecen grupos de música pop. La guitarra de Miguel Ríos tiene además poderes mágicos, es una forma muy particular de actualizar el cuento tradicional: en lugar de intentar recrear fielmente la leyenda, la película la adapta a los gustos del público joven de su momento.
La película no ha disfrutado precisamente de una buena consideración crítica con el paso del tiempo. Se le han reprochado su guion ingenuo, la mezcla de estilos, los efectos especiales y algunos de sus números musicales. También se ha señalado que funciona principalmente como vehículo para Miguel Ríos. Sin embargo, hay aspectos que sí resultan interesantes, especialmente los exteriores de San Rafael y la participación de los grupos musicales.
A pesar de las críticas, Hamelín no fue un fracaso comercial. El ICAA registra 320.156 espectadores, una cifra considerable para una producción española de estas características. Además, fue calificada como especialmente recomendada para la infancia. La película consiguió, por tanto, llegar a su público aunque posteriormente haya quedado bastante olvidada y su única visión es a través de una copia de su pase por TVE con mala imagen
Hamelín no es una gran película. Su principal interés está en todo lo que permite descubrir alrededor de ella. Es una producción infantil española que intenta modernizar una leyenda tradicional, utiliza la música pop como reclamo y reúne a un Miguel Ríos todavía muy joven con Los Botines y un Camilo Blanes que aún estaba empezando su carrera.
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