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20/10/2026

La cera virgen (José María Forqué, 1972)

Cartel y fotograma de la comedia satírica La cera virgen (1972), dirigida por José María Forqué y protagonizada por Carmen Sevilla y José Luis López Vázquez.


Se celebra el centenario de Rafael Azcona, el genio indiscutible de las letras y del guion cinematográfico que supo retratar como nadie los claroscuros, las miserias y la entrañable picaresca de nuestra sociedad. Para sumarnos a este gran homenaje, hoy rescatamos una de sus colaboraciones más singulares, irreverentes y divertidas de su filmografía y menos nombradas: La cera virgen (1972), dirigida por José María Forqué.


Un punto de partida explosivo: del caciquismo al lupanar


La historia arranca en una típica y asfixiante ciudad de provincias donde la ley y la moral son dictadas a su antojo por Don Florencio (un magistral José Luis López Vázquez). Las víctimas principales de este caciquismo son un padre empobrecido y sus cuatro atractivas hijas (Paca, Paula, Pilar y Puri).

Acosadas por las presiones y el constante asedio moral del mandamás, las hermanas terminan marchándose a Madrid, donde se ven obligadas a trabajar en la barra de un club nocturno. Es entonces cuando la hermana mayor, María (interpretada por una rotunda Carmen Sevilla), decide plantar cara, regresar al pueblo y organizar una venganza por todo lo alto: montar su propio club de alterne.


La brillante jugada: de club nocturno a imperio de la cerería


Cuando el local se inaugura, se estrella contra el boicot vecinal: los habitantes del pueblo, aterrorizados y estrechamente vigilados por los tentáculos de Don Florencio, no se atreven a pisarlo. Es ahí donde el guion de Azcona da un giro maestro: aconsejadas por un amigo, las hermanas deciden camuflar el lupanar bajo un negocio mucho más respetable y casto: una cerería.

De la noche a la mañana, el pueblo se inunda de cirios y velas de todos los tamaños y colores para surtir a cada iglesia, a cada santo y a cada hogar. Esta ingeniosa guerra psicológica utiliza la ironía de la "cera virgen" —el símbolo litúrgico de pureza por excelencia, tan ligado a la tradición de los cirios procesionales— como tapadera para desatar el caos y derrumbar la falsa moral de las fuerzas vivas del lugar. El plan culmina en una trampa perfecta donde Don Florencio cae rendido ante una falsa actitud sumisa de María, propiciando una escena de amor tan pública que expone su hipocresía ante todo el vecindario.


El desmadre escénico: del striptease a la procesión satírica


Uno de los mayores atractivos y mayores desafíos a la censura del tardofranquismo radicó en los osados números musicales y visuales de la cinta:

  • El número de striptease: Ver a Carmen Sevilla atreverse con insinuantes números de cabaret y striptease sobre el escenario del local supuso todo un terremoto comercial y el puente perfecto hacia el inminente fenómeno del destape.

  • La procesión satírica: En un alarde de esperpento, la película culmina con pasajes de marcada carga subversiva donde se utiliza la iconografía sagrada y la mismísima procesión por las calles de Zafra para ensalzar de forma burlesca a la protagonista (llevada en andas como si de una virgen se tratara), dinamitando el puritanismo oficial de la época.


Virtuosismo técnico y puesta en escena: la mirada de Berenguer y Forqué


Lejos de ser un producto alimenticio menor, la factura técnica de La cera virgen destaca por un cuidado diseño de producción y un talento visual sobresaliente que supo articular el esperpento a través de la lente:

  • La fotografía y el uso expresivo del gran angular: Con Manuel Berenguer al frente de la dirección de fotografía —el operador más prestigioso de la industria española de entonces—, la película huye del academicismo plano y recurre intencionadamente a lentes de gran angular y planos deformantes. Esta solución técnica acentúa con maestría la fealdad moral, la caricatura y la opresión asfixiante de la atmósfera provinciana, distorsionando sutilmente los espacios para potenciar el tono grotesco de la farsa.

  • Ambientación y contraste cromático: Rodada en color y en formato panorámico, la dirección artística juega de forma brillante con la sordidez de los interiores cerrados frente al calor y la luz cegadora de los exteriores extremeños de Zafra, contraponiendo la estética de la España profunda con la irrupción estridente del local de las protagonistas.

  • La amalgama musical y coreográfica: La banda sonora compuesta por Adolfo Waitzman y enriquecida con las letras de Antonio Gala no solo subraya el tono de comedia, sino que funciona como un mecanismo irónico constante. A ello se suman las coreografías firmadas por Sandra Le Brocq, diseñadas tanto para los números de revista como para plasmar los delirios, los anhelos y los "sueños semieróticos" del reprimido Don Florencio.



De la censura a las anécdotas de distribución


El rodaje estuvo rodeado de la picaresca propia de la época. En los archivos de distribución de Mercurio Films se bromeaba abiertamente sobre el envío de clichés promocionales "tan sugestivos" de Carmen Sevilla que teóricamente estaban prohibidos por la censura pero que, aplicando la táctica de otras producciones anteriores ("como no pasó nada, ¡adelante!"), se lanzaban sin miedo a las revistas populares de gran tirada.

En el apartado de los colaboradores, merece también una mención Florentino Soria, cuya participación se suma al trabajo de un equipo que contribuyó a dar forma a esta peculiar comedia.

En este centenario de Rafael Azcona, recuperar La cera virgen es redescubrir una comedia negrísima, pícara y descarada que conquistó a los cines en 1972 y que hoy se alza como un documento sociológico e histórico imprescindible de nuestro cine.


  • Fuentes: Dossier de prensa original (Pressbook) de La cera virgen (Mercurio Films / Orfeo P.C., 1972); archivos de distribución y notas de producción de la época.

 

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