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28/06/2026

Los productores (Mel Brooks, 1967)

 

Cartel de Los productores, comedia de Mel Brooks con Zero Mostel y Gene Wilder, destacando el número musical “Primavera para Hitler”.
Mel Brooks cumple 100 años: la bomba cómica de Los productores

 

 En el centenario de Mel Brooks, recordamos Los productores, su debut como director: una comedia feroz con Zero Mostel, Gene Wilder y el mítico número “Primavera para Hitler”, retrasada en España por la censura y convertida con los años en obra fundamental de su cine.

El centenario de un genio incorregible

Mel Brooks cumple 100 años este 28 de junio de 2026, y pocas películas sirven mejor para celebrar su legado que Los productores (The Producers, 1967), su primera película como director. Brooks ha atravesado un siglo entero defendiendo una idea tan sencilla como peligrosa: la risa puede ser dinamita.

Los productores fue precisamente eso: una bomba cómica lanzada contra el buen gusto, contra la solemnidad teatral y contra el miedo reverencial a ciertos símbolos. Antes de El jovencito Frankenstein, antes de Sillas de montar calientes, antes de que Mel Brooks fuera una marca reconocible para el gran público, ya estaba aquí todo su mundo: el vodevil, el exceso, el humor judío neoyorquino, la sátira brutal y la música usada como arma de demolición.

Un debut que en España llegó tarde

La historia española de Los productores resulta especialmente reveladora. Aunque fue el debut cinematográfico de Mel Brooks, aquí llegó casi como descubrimiento tardío. La crítica de ABC Sevilla, en marzo de 1977, lo resumía con claridad: pocos directores habían tenido tan poca suerte en la distribución española como Brooks, porque su obra había llegado “a saltos” y sin orden cronológico. Primero se estrenó El jovencito Frankenstein y, al amparo de su éxito, llegaron después otros títulos como El misterio de las doce sillas, Sillas de montar calientes, La última locura y finalmente Los productores.

El retraso también tuvo que ver con la censura. Blanco y Negro, en enero de 1977, fue aún más explícito al señalar que la película no había podido verse antes en España por culpa de una censura “diligente y reticente”. Una película con productores judíos, ancianas seducidas por un empresario arruinado, personajes teatrales amanerados, un autor nazi perturbado y un musical titulado “Primavera para Hitler” difícilmente podía circular con normalidad en la España franquista.


Un fracaso calculado que sale demasiado bien

La premisa es una de las más brillantes de la comedia americana. Max Bialystock, productor teatral arruinado, y Leo Bloom, un contable neurótico, descubren que se puede ganar más dinero con un fracaso que con un éxito. Si recaudan una fortuna para montar una obra destinada al desastre, podrán quedarse con el dinero cuando el espectáculo se hunda en una sola noche.

Para asegurar el fracaso eligen lo peor imaginable: una obra titulada “Primavera para Hitler”, escrita por un nazi lunático que pretende rehabilitar la memoria del dictador. Pero el público interpreta aquello como una sátira tan descomunal que termina riéndose a carcajadas.

Los recortes españoles entendieron muy bien el mecanismo. ABC explicaba que Brooks construía una galería de personajes excéntricos —el director teatral y su ayudante, el actor pseudo-hippy, el autor nazi— y que la narración avanzaba como una sucesión cada vez más divertida, increíble y exagerada de tipos, gags y situaciones.


Zero Mostel y Gene Wilder: dos formas de la histeria

La película se sostiene sobre una pareja cómica extraordinaria. Zero Mostel interpreta a Max Bialystock como una fuerza de la naturaleza: sudoroso, teatral, manipulador, vulgar, inmenso. Cada aparición suya ocupa la pantalla como una avalancha.

Frente a él, Gene Wilder compone un Leo Bloom frágil, infantil, crispado, lleno de tics, miedos y estallidos de pánico. Wilder ya anuncia aquí al actor genial que luego explotaría en El jovencito Frankenstein: capaz de pasar de la ternura al grito en medio segundo.

La crítica española valoró mucho a ambos. ABC Sevilla definía a Zero Mostel como un actor cómico fabuloso, aunque le reprochaba cierto divismo y ansias de protagonismo absoluto, y destacaba también a Gene Wilder, Dick Shawn y Christopher Hewitt.

Blanco y Negro subrayaba asimismo el peso de Wilder y Mostel, y señalaba a Dick Shawn como el actor absurdo cuya interpretación convierte lo que debía ser un fracaso monumental en un éxito estruendoso. También citaba a Kenneth Mars como el autor nazi perturbado y a Lee Meredith como la secretaria sueca y sexy.

“Primavera para Hitler”: la canción imposible

El corazón venenoso de Los productores es “Springtime for Hitler”, traducida en la prensa española como “Primavera para Hitler” o “Primavera de Hitler”. La canción fue escrita y compuesta por el propio Mel Brooks, y funciona como una parodia explosiva del musical de Broadway.

La escena imita el tono luminoso, pegadizo y espectacular de un gran número musical, aplicado a un contenido deliberadamente monstruoso. Esa contradicción lo cambia todo: música alegre, coristas sonrientes, estética de revista y Hitler convertido en una caricatura grotesca.

La canción ridiculiza al nazismo desde la exageración más feroz. Brooks entendió que una forma de atacar a los dictadores consistía en quitarles solemnidad, arrebatarles la épica y reducirlos a puro esperpento. La entrada de Dick Shawn como Lorenzo St. DuBois, “L.S.D.”, remata la escena: Hitler aparece como un hippie descerebrado, una estrella pop ridícula, un pelele de musical barato.

Mal gusto, venganza cómica y libertad

La polémica de Los productores nace de su audacia central: convertir a Hitler en un número de Broadway. En 1967 aquello era dinamita. Apenas habían pasado dos décadas desde la Segunda Guerra Mundial, y una comedia con nazis bailando y coristas sonrientes resultaba demasiado fuerte para muchos espectadores.

La acusación era evidente: mal gusto. Brooks respondía con carcajadas, ritmo de vodevil y una tradición muy concreta: la del humor judío que convierte el dolor en sarcasmo y el miedo en burla. Su ataque iba contra el verdugo, contra su estética, contra su pompa y contra esa liturgia marcial que el cine tantas veces había revestido de gravedad.

Aspecto técnico: una película más teatral que visual

Técnicamente, Los productores todavía está lejos de la precisión formal que Brooks alcanzaría después en El jovencito Frankenstein, donde la parodia visual del cine de terror clásico está trabajada con una elegancia admirable.

Aquí la puesta en escena es más directa y más teatral, Esa aparente tosquedad juega a favor de la película. Los interiores, las oficinas, los camerinos y el teatro crean un mundo de mediocridad, ansiedad y fracaso. La cámara busca el ritmo del gag, la reacción del actor, el choque entre la pausa y el grito.

El gran despliegue visual llega con “Primavera para Hitler”, donde la dirección artística, el vestuario, la coreografía y la música convierten la escena en una parodia grotesca del espectáculo de Broadway. La película brilla por su timing cómico, por la dirección de actores y por la capacidad de convertir una idea ofensiva en un mecanismo perfecto de sátira.

Peter Sellers, el padrino inesperado

La película tuvo una recepción inicial difícil. Hubo quienes no supieron qué hacer con aquella barbaridad cómica. Entonces apareció un aliado inesperado: Peter Sellers.

Sellers quedó fascinado por la película y ayudó a recomendarla públicamente, hasta convertirse en una especie de padrino moral del film. La anécdota tiene gracia porque Brooks había pensado en él para el papel de Leo Bloom, que finalmente interpretó Gene Wilder. 

El Oscar que parecía imposible

Lo más irónico es que aquella película aparentemente suicida acabó ganando el Oscar al mejor guion original para Mel Brooks. Una comedia sobre una estafa teatral y un musical nazi obtenía así el reconocimiento de Hollywood.

Su camino fue el de las películas de culto: recepción difícil al principio y prestigio creciente con los años. La crítica española de 1977, pese a su llegada tardía, ya supo ver su importancia. Blanco y Negro concluía que Los productores era imprescindible para conocer la trayectoria de Mel Brooks como autor-realizador e innovador de la comicidad en el cine.

De película incómoda a fenómeno musical

Décadas después, Los productores tuvo una segunda vida espectacular en los escenarios. El musical de Broadway, estrenado en 2001, se convirtió en un fenómeno y ganó doce premios Tony, algo que Brooks recordaba con orgullo cuando presentó en España la versión cinematográfica musical de 2005, dirigida por Susan Stroman y protagonizada por Nathan Lane, Matthew Broderick y Uma Thurman.

En una entrevista publicada por ABC en marzo de 2006, Brooks explicaba que no quería que el espectáculo de Broadway se esfumara “en el aire”. Para él, muchos grandes musicales habían desaparecido dejando sólo la grabación de sus canciones, y quería conservar la vida de Los productores en el cine. También hacía una distinción muy lúcida: en el teatro era “espectáculo más comedia”, mientras que en el cine debía ser “comedia con música”.

Brooks en Madrid: contra lo políticamente correcto

En septiembre de 2006, Brooks vino a Madrid para asistir al estreno español del musical, protagonizado por Santiago Segura y José Mota. ABC recogía unas declaraciones muy útiles para entender toda su obra: “Hay que romper las ataduras de lo políticamente correcto”. Para Brooks, la corrección política levantaba obstáculos contra la libertad de la comedia. Su función, decía, era retroceder al pasado, decirle la verdad al rey y hacer que se riera.

También dejó otra frase muy brooksiana: nunca trabajó por dinero, trabajó por conseguir sonrisas; si haces reír, el dinero viene después.

Ese mismo reportaje recogía su entusiasmo por el montaje español. Brooks dijo que la producción española era más emotiva y más humana que la de Nueva York, y que en español sonaba más divertida.

La versión española del musical fue promocionada sobre todo por la presencia de Santiago Segura y José Mota, pero la crítica de ABC insistía en que eso era sólo la punta del iceberg: detrás había un gran musical con libreto ácido, mordaz e inteligente, envuelto en un magnífico espectáculo.

También se destacaba que Brooks había compuesto una partitura amable, de sonido Broadway, con canciones pegadizas y chispeantes, pensadas para el espectáculo puro. La producción española, fiel al espíritu original, convertía el Teatro Coliseum de Madrid en una fiesta teatral.


Conclusión: reírse del monstruo

En el centenario de Mel Brooks, Los productores conserva intacta su fuerza. Es una declaración de principios: Hitler convertido en número de revista, el fracaso transformado en negocio, Broadway convertido en campo de batalla cómico y la carcajada usada como forma de resistencia.


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