/ } }

06/05/2021

El flashback de José Luis Garci con TVE

 


                                                                

Hace tres semanas en el programa "Cowboys de medianoche", unas declaraciones de José Luis Garci ante una pregunta de por qué no hacía más cine, se convirtieron en tendencia, aquello que llaman “trending topic” para entendernos. Bajo la etiqueta “#YoapoyoaGarci” impulsada por Juanma de la Poza en Twitter, bastantes seguidores en la red mostraron su apoyo al realizador de El Crack después de que dijera en el citado espacio que dos proyectos suyos habían sido ninguneados por TVE, a ello señaló que lo peor es que ni los debieron leer y cree que eso pasa porque él no fue uno de los que hizo lo de la ceja (campaña publicitaria a la que se unieron nombres de la Cultura para apoyar al por entonces Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero). El director remarcó que él siempre se ha sentido independiente. Puso como ejemplo las etapas de su programa "Qué grande es el cine", el cual se lo ofreció Jordi García Candau y Ramón Colom en la etapa del PSOE en 1994.

   
                                        Primer programa de "Qué grande es el cine"

 Pero cuando el PP ganó en 1996, la nueva directora de TVE, Mónica Ridruejo, lo quitó enseguida. Unos meses más tarde en una cena coincidió con el Vicepresidente del Gobierno, Francisco Álvarez Cascos, que le preguntó por qué no hacía ya ese programa y él contestó que fueron ellos los causantes, entonces intercedió para que el programa volviera. Pero cuando gana el PSOE las elecciones en el 2004, la nueva directora Carmen Caffarel decide no renovarle el contrato y el programa desaparece un año después

                                              Último programa de "Qué grande es el cine"

El director lamentaba en el programa de Cowboys que una cosa es tener una ideología y otra bien distinta ser un sectario y que a él no le podrán llamar nunca fascista, ya que dedicó varias de sus obras a José Luis Gallego o a Pedro Dicenta, o que en su programa ha habido gente de todas las ideologías y que un director cuatro veces nominado como él ha de pasar una criba de otros 60 títulos en la Academia de Hollywood para que te elijan. 

A mí siempre me ha gustado el cine de Garci, y esa faceta de cinéfilo tan cercana con la que uno aprende, aparte de ser un gran escritor, se nota mucho en sus guiones, algo de lo que carece bastante el cine español. No hace mucho me programé un miniciclo con las películas de su primera etapa y me sorprendió que a partir de Sesión continua (1984) hubiera un corte en su carrera. Leyendo la hemeroteca, hallé un conflicto que tuvo con el entonces Director General de RTVE, José María Calviño, y que me recuerda en parte a esto que le ocurre en la actualidad, una especie de flashback como le pregunta el personaje de Jesús Puente al de Encarna Paso en el citado filme: ¿Pili, sabes qué es un flashback?.

  Garci estaba en su mejor momento con el primer Oscar para una película española, su debut fue todo un éxito de público y crítica, no sin antes pasar algunos apuros para que la produjeran, no la quería ninguna productora y fue José Luis Tafur quien acabaría adoptando el papel de productor, pero su capital era escaso por lo que Garci, González Sinde y los actores trabajaron como en una cooperativa repartiendo los beneficios en caso de que los hubiera.

 

Sus siguientes películas como director funcionan bien: Solos en la madrugada, Las verdes praderas y El crack. Entre estas escribe, produce y hasta se reserva un pequeño papel en Viva la clase media dirigida por José María González Sinde, pero que fue un fracaso.

   

 En 1982 estrena Volver a empezar que pasa inadvertida y las críticas apenas la elogiaban, más bien lo contrario. La nominación a los Oscars y su victoria produjo un reestreno en el que pudo recuperar la inversión.

.  

Se embarca entonces en una película muy personal, un sentido homenaje al cine como era Sesión continua que contaba en el guion con Alfredo Landa o José Sacristán de protagonistas, pero que por divergencias entre quien debía ocupar el primer puesto en los créditos, decidió sustituirlos por Jesús Puente y Adolfo Marsillach. La película contaba con un presupuesto de 60 millones de las antiguas pesetas, la producción corrió a cargo del propio Garci y de José Esteban Alenda y para recuperarla tendría que hacer una taquilla de 200 millones. El problema se agravaba al no poder contar con los beneficios de los derechos de exhibición en TVE, el ente público rechazó la película argumentando que se tenía que cambiar el guion al sustituir los actores previstos.

 El director contestó que una cosa era reescribir alguna página, pero no todo y que si ese comité de selección hubiera estado en los años gloriosos de la Warner, Bogart jamás hubiera rodado Casablanca porque inicialmente la película estaba destinada a Ronald Reagan y Ann Sheridan. Tanto disgusto le provocó que decidió abandonar el cine: “Con mi currículo debería ser un director de Primera División y en cambio ya ves, no creo que un director que ha ganado un Oscar y cuyas películas han funcionado más o menos bien tenga tantos problemas en ningún país para seguir trabajando, pero aquí no existe una industria y yo me siento cansado de luchar durante tantos años en solitario y pegándome contra el muro y es que esto del cine con los tinglados entre exhibición distribución producción es una mafia tremenda que no se aclara” (El Periódico, 13-09-84) “Estoy cansado, amo demasiado el cine como para aguantar todo esto también, estoy hasta el gorro de dirigir una película y tener que ir al banco, estar montándola y volver al banco, en este país para hacer cine te pasas la vida en el banco” 

 Al serle negados los derechos de antena para Sesión continua, Garci que ya había empezado a rodar el filme, se puso en contacto con la directora de cinematografía Pilar Miró y con el ministro Javier Solana. “Pilar me dijo que la postura de Televisión Española le parecía demencial pero que no podía hacer nada por tratarse de un ente autónomo. (…) Gracias a una gestión de amistad logré ser recibido por Calviño en su despacho. En aquella conversación, acepto mis argumentos y me dio la razón, (…) me hizo un planteamiento que yo acepté a pesar de los riesgos que entrañaba, debía mostrarles la primera copia de la película a los 4 miembros del comité y si a su juicio reunía el mínimo de calidad exigible me concederían los derechos de antena, en caso de no gustarles el filme, el asunto quedaría entre nosotros y yo me abstendría de realizar ningún tipo de declaración. (…) Calviño me aseguró que recibiría en la productora una carta por la cual Radio Televisión Española se comprometía a visionar Sesión continua y concederle los famosos derechos si reunía el no menos famoso mínimo de calidad, esta carta nunca llegó, hice nueve llamadas a Calviño, pero siempre estaba reunido (…) (BONET MOJICA, Lluis, La Vanguardia 13-09-84)

   

José Luis Garci matizó, sin embargo, lo de su retirada en un programa de Ángel Casas en TV3 “no puedo decir que será definitiva porque no sé qué voy a hacer dentro de 5 años, pero seguro que por lo menos en 3 años no dirijo otra película, puede que escriba algún guion o produzca algún filme de otro, no sé, pero la decisión de alejarme está bien tomada desde hace meses” Aunque la taquilla no fue nada bien para la película en cuestión, por lo menos pudo ver cómo era seleccionada y nominada para los Oscars otra vez, algo que podría ayudarle en pagar los 25 millones que adeudaba con esta, pero añadía que tampoco le haría variar su decisión de abandonar el cine temporalmente. 

Y así fue, Garci no volvió a dirigir hasta tres años después con Asignatura pendiente (1987), el director declaraba lo siguiente: “Dije que estaría mucho tiempo sin hacer cine, después de Sesión continua, entré en una crisis personal profunda y ahora estoy en otra mucho mayor de la que he decidido salir a través del cine “Yo no quería firmar con un estado de rencor, sentía agresividad y estaba tenso. En este tiempo he podido descansar del ritmo asfixiante que suponía hacer una película por año. Trabajar en la radio me ha enriquecido y pienso seguir en ella”. (NOGUEIRA, CHARO La Vanguardia 11-7-86)

   

El fracaso de la película también le provocó otra “retirada” en la dirección, aunque escribió para Mercero el guion de El tesoro (1990), adaptación de la novela de Miguel Delibes y comenzó un proyecto ambicioso como fue dirigir la serie Historias del otro lado. También produjo en ese tiempo las películas Biba la banda de Ricardo Palacios, La gran comedia de Juan Pinzas o El río que nos lleva de Antonio del Real. En opinión del director, el futuro del cine estaba en la televisión “hace falta el apoyo de la televisión para producir series tan maravillosas como La forja de un rebelde y el cine con mayúsculas necesita el apoyo del Departamentos de cultura, no quiere decir que un Ministerio tenga la culpa de la decadencia del cine, pero su visión en una época de crisis sería esforzarse en mantener el cine al igual que se ha esforzado en mantener el circo” (El Periódico, 22-04-90) Tanto apostaba por el medio que el director de Tele 5, Valerio Lazarov, le llamó para que elaborara un especial sobre la serie Twin Peaks a raíz del éxito de audiencia de su emisión donde decía que la serie de David Lynch era uno de los ejemplos más claros de la televisión de autor. El programa no lo he encontrado entero, sino algunos trozos:

   

Ya en 1994 volvería a ponerse detrás de la cámara con Canción de cuna, en declaraciones comentaba que la razón era el fracaso de sus dos anteriores películas: “ He hecho nada menos que 13 capítulos de hora y media para televisión, pero sí son 7 años sin hacer cine y para mí ha sido como empezar otra vez, he vivido las mismas sensaciones que cuando rodaba mi primera película, espero que esto sea un buen presagio y funcione bien porque una de las razones por las que me embarqué tantos años en una serie de televisión fue un poco el fracaso de público de mis dos últimas películas asignatura aprobada y sesión continua. Me pareció que algo estaba ocurriendo, que había perdido un poco el secreto de mi buena relación con el público y el sentido popular que pudiera tener."

 

Como hemos podido ver José Luis Garci no tuvo fácil dedicarse al cine, a él le debemos mucho también nuestra cultura cinematográfica con sus programas, libros, etc. Esperemos que aun pueda realizar más películas y seguir enseñándonos y compartir ese amor por esa “vida de repuesto” como él dice  que es el séptimo arte y que comparto plenamente.

29/04/2021

La tierra de la gran promesa (1975). La Revolución industrial de Andrzej Wajda

Carátula oficial de la película "La tierra de la gran promesa" (Ziemia obiecana) de Andrzej Wajda, mostrando a los tres protagonistas, Karol, Moryc y Maks, frente al entorno industrial de la ciudad de Lodz a finales del siglo XIX.

Para quienes estudiamos la Revolución Industrial en el extinto COU, la Historia tuvo una cita ineludible en el Cine Verdi de Barcelona. Mientras muchos compañeros se distraían por no haber sido formados en el "séptimo arte", otros quedamos marcados por la reposición de La tierra de la gran promesa (1975). Esta obra de Andrzej Wajda demuestra que, aunque su cine trate temas locales de Polonia —su historia, política e identidad—, su lenguaje es universal.

El contexto de una obra maestra

Wajda ya había deslumbrado con su trilogía de la guerra (Generación, Kanal y la icónica Cenizas y diamantes), pero con esta adaptación de la novela de Wladyslaw Stanislaw Reymont (Premio Nobel por Los campesinos), alcanzó una nueva cima. Aunque compitió en un año difícil para los Oscars contra Dersu Uzala, su impacto es innegable.

Los tres protagonistas y la ambición sin límites

La película se sitúa en la ciudad de Lodz, donde tres jóvenes de distintos credos se unen para fundar una fábrica textil:

  • Karol Borowiecki: Un noble católico que rompe con su origen rural y se muestra inhumano. No le conmueve que un obrero pierda la mano triturada por una máquina; solo le preocupa que la sangre estropee los trozos de tela.

  • Moryc Welt: Un judío cuya interpretación magistral incluye momentos discutibles, como cuando ofrece una sonrisa socarrona a cámara tras una discusión con un banquero.

  • Maks Baum: Un alemán luterano cuya vida es monótona, marcado por un padre hostil a la modernización que conduce su fábrica a la bancarrota.

Una estética de terror industrial

Wajda utiliza un ritmo trepidante y una atmósfera que roza el cine de suspense y terror. Los contrapicados gigantescos y la cámara nerviosa subrayan el contraste entre la miseria y la riqueza. Al inicio, la nobleza rezando ante los cambios evoca la famosa frase de El Gatopardo: "Para que todo quede como está, es preciso que cambie todo".

Escenas imborrables y crudeza visual

  • Cinismo empresarial: Personajes como Bucholz y Kessler arrastran a las obreras a orgías y muestran una violencia inhumana (escenas "gore" que, curiosamente, atraían a los alumnos que se aburrían con el resto del filme).

  • El pánico en el teatro: Un palco convertido en centro de noticias mercantiles donde vemos incluso un suicidio.

  • El funeral de Bucholz: Moryc sentencia con ironía negra que necesita ganar dinero para "no tener ese entierro", mientras los asistentes comentan el precio del algodón junto al féretro.

  • Incendios y seguros: El recurso de los empresarios de incendiar sus fábricas para cobrar el seguro queda retratado con la imagen de obreros huyendo como antorchas andantes.

  • El Xanadú de Lodz: Un potentado exhibe su palacio lleno de tesoros extranjeros (al estilo Welles), pero confiesa que prefiere vivir en su casa humilde.

El legado y el esfuerzo de Wajda

Con la bellísima banda sonora de Wojciech Killar, la película cierra con un epílogo debatible sobre el sistema capitalista y sus leyes salvajes. El propio Wajda comparó el agotador rodaje con la ambición de sus personajes: un esfuerzo brusco para imponer un ritmo y dar forma a la obra en poco tiempo.

Gracias a este filme, en España pudimos disfrutar de obras posteriores como El hombre de mármol, Danton, Katyn o su testamento fílmico, Afterimage (2016). Es nuestro derecho seguir reivindicando el acceso a su filmografía completa, incluyendo joyas hoy difíciles de encontrar como Lady Macbeth en Siberia o Paisajes para después de una batalla.


Fuentes y Referencias:

  • Reymont, W. S. (1897). La tierra de la gran promesa.

22/04/2021

Fahrenheit 451, el punto de inflexión de Truffaut

 


Fahrenheit 451, el punto de inflexión de Truffaut

Un recuerdo cinéfilo en la semana del libro

En una retrospectiva dedicada al cineasta François Truffaut en la Filmoteca de Cataluña, se organizó una mesa redonda, de aquellas que duraban dos horas y que todo cinéfilo gozaba sin mirar el reloj. Hablo de ya hace algunos años, imagínense que era aún en el desaparecido Cine Aquitania de Barcelona. Me ha venido a la mente esta, pues al tratarse de la semana del día del libro, pensé que era buena idea elaborar un post de Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury que el cineasta francés adaptó y que significó un punto de inflexión en su carrera: por primera vez usaba el color, rodaba en inglés y trabajaba para una “major” como la Universal.

Una película que descolocó a parte de la crítica

En aquella mesa redonda, cuando llegaba el momento de opinar sobre esta, uno de los componentes dijo que era un filme “que en su momento nos descolocó”, ya que se imaginaban que seguiría los cánones de la Nouvelle Vague. Creo que es injusto que se diga que Truffaut la traicionó y que quiso apuntarse a lo comercial. El director francés supo analizar los tiempos y, sobre todo, respetar al público, que es quien paga y ve. Su cine siguió siendo notable, llegaba a todo tipo de públicos, algo que en Godard, por ejemplo, no sucedía ni sucede.

Los dos rivalizaban en esas fechas con una película de ciencia ficción: Godard con Alphaville y él con esta. El primero elaboró una película compleja, con un reparto atractivo, ahí teníamos al olvidado Eddie Constantine y a la recordada Anna Karina, pero poco se habla de ella por su pretenciosidad y por confundir al respetable con una sucesión de ideas caótica, apta únicamente para sus seguidores.

Truffaut, Bradbury y el respeto a la esencia

Truffaut, en cambio, optó por la novela mencionada y le salió una película que, aunque dividió a la crítica, uno la entiende y capta sin necesidad de recurrir a lo críptico. Bien es cierto que la novela es excelente. Bradbury también sabía conjugar los estilos, nos mostraba ese mundo futurista en el que los bomberos salen a quemar libros y, aparte de entretener, hallábamos más de una coincidencia con la nuestra contemporánea.

Como todo libro que es llevado a la pantalla grande, tendremos el típico comentario de que no acaba de reflejar la novela, ya saben: que esta es mejor que la película, que si le ha quitado un capítulo, que dónde está tal personaje, etc. Esto más de una vez lo he comentado, por lo que me ahorraré dedicar varios párrafos a lo que es el lenguaje literario y el cinematográfico, aunque sí quiero aclarar, antes de continuar, que Truffaut capta muy bien la esencia del mensaje de Bradbury, y eso es en definitiva lo que importa cuando un libro es llevado al cine.

Las contradicciones de Bradbury

El propio escritor, en una entrevista en 1988 de Sophie Darmaillacq para Libération publicada en La Vanguardia, decía sobre el filme: “Está muy logrado. En particular, el final es uno de los más bellos de la historia del cine, y eso es de Truffaut, no es mío”.

Sin embargo, años más tarde y al querer Mel Gibson llevar la novela de nuevo al cine, Bradbury escribió un guion de esta, y decía lo siguiente: “La película de Truffaut dejó fuera cantidad de cosas que estaban en mi novela, y que yo ahora volveré a introducir, así que esta versión será mejor. Truffaut era perezoso, torpe y arrogante, tenía ese defecto de los franceses que se creen que lo saben todo, y se pasan el día diciendo “yo lo sé”. Lo cual, por cierto, hace de mí una persona muy francesa” (La Vanguardia, 18-06-96).

Por cierto, Gibson al final la rechazó, el papel parece que iba para Tom Cruise; en 2018 se rodó una que no he visto, pero veo que en el guion no interviene Bradbury y los comentarios no son muy buenos. Lo cierto es que Bradbury no paró de contradecirse, algo normal cuando un escritor ve su obra en manos de otro.

En el estreno de 1966 le envió a Truffaut el siguiente telegrama alabando su película: “Qué raro es para un escritor entrar a una sala de cine y ver su propia novela fiel y excitantemente contada en la pantalla. Usted me ha devuelto el regalo de mi propio libro traducido a un nuevo medio conservando el alma del original. Estoy profundamente agradecido”.

El director francés le respondió muy humildemente: “Debo decirle con franqueza ahora que ha terminado nuestra larga y común aventura de Fahrenheit 451 que fue excitante, pero a menudo me sentí apabullado por el alcance del proyecto. Quizá fui muy ambicioso y temí que mi esfuerzo y talento no fueran iguales a los de su trabajo”.

Un rodaje difícil y el conflicto con Oskar Werner

Ciertamente, Truffaut no lo pasó nada bien durante el rodaje. Tener que rodar fuera de Francia y en inglés, idioma que no sabía, le provocó problemas. Pero lo peor fue el comportamiento del actor Oskar Werner. Según explica el director, fue el único actor a lo largo de su carrera con el que discutió; en más de un plano tuvo que utilizar a un doble ya que no aceptaba según qué situaciones, y para colmo se cortó el pelo expresamente para que se notara al final de la película un error de continuidad.

Ignoro si con los años harían las paces; lo cierto es que, si se fijan, en La habitación verde está en una de las fotos de sus muertos queridos, aunque Werner falleció en 1984.

Una novela y una película para despertar lectores

La película es excelente, así como la novela. Es de aquellas que van muy bien para que, en edad adolescente, uno empiece a aficionarse por los libros y meditar. Cuando estudiaba en el instituto, cada uno traía una novela y se iban intercambiando; yo opté por esta y tuvo bastante éxito entre mis compañeros, recuerdo que en la portada estaba Cyril Cusack, que hace de capitán Beatty.

Por aquella época, la película apenas se pasaba por televisión; he buscado y he encontrado solo un pase en TVE en 1974. Estaba editada en VHS y recuerdo que la compré con bastante ilusión en un videoclub que estaba en la calle Vergara de Barcelona, ya desaparecido. Luego apareció el DVD con un material extra sin subtitular; no es que sea una gran copia, pero respeta el formato y es mucho mejor que el Blu-ray —copia que pasan las plataformas—, con un abuso de haber limpiado excesivamente la imagen de grano.

Ya, al empezar, opta por unos créditos originales en los que no hay nada escrito, como referencia a ese mundo sin lectura.

Una distopía que no ha envejecido mal

Algún que otro crítico señala que la película ha envejecido mal. No estoy muy de acuerdo, incluso me atrevería a decir que ha pasado lo contrario. Sin ir más lejos, las televisiones que salen son idénticas a las actuales; la obsesión por un mundo que solo ve la “caja tonta” y programas de nula calidad está muy presente en este mundo actual.

La única pega, pero ya no es asunto del director, es que Bradbury no pensó que habría internet. Más de uno dirá que no salen las redes sociales; sin embargo, esas interacciones con esos programas, las charlas superfluas entre amigas, el aceptar como verdad lo que es falso sin ni siquiera comprobarlo, no deja de tener la misma raíz.

Julie Christie y el juego de las miradas

Truffaut jugó inteligentemente con Julie Christie al darle dos papeles: por una parte, la mujer del protagonista y, por otra, la profesora de la que Montag se enamora. Precisamente, es muy inteligente ese uso de las miradas por las que el bombero empezará a sentir atracción hacia ese mundo prohibido de las lecturas.

Hay un momento en el que a Montag le dicen que lo van a ascender; cuando va a ver a su mujer, esta ni siquiera lo mira, solo está pendiente de esa pantalla de televisión, incluso después le dice que con el dinero comprará otra. Con la maestra pasa todo lo contrario: empiezan a hablar y sí se miran; una pregunta de ella sobre si ha tenido la tentación de leer uno de los libros quemados es lo que le lleva a empezar la curiosidad.

Bernard Herrmann y la huella de Hitchcock

Truffaut contrató para la película a Bernard Herrmann, el músico habitual de Hitchcock en los 50 y 60. Pasaba por un mal momento, ya que habían roto su relación tras rechazar el mago del suspense su partitura para Cortina rasgada. Esto no pasó por alto para el director francés, que, como sabrán ya, era un devoto de sus películas y por eso tenemos ese magnífico libro de entrevistas que todo cinéfilo tiene en su estantería.

Su partitura, bellísima, le da un toque de gran lirismo y suspense. Hay momentos en que uno piensa que es de Hitchcock, ya que evoca sus constantes. Por otra parte, si se fijan, en anteriores películas de él ya había ese toque de suspense; el montaje de escenas y el ritmo de La piel suave, que a pesar de no ser de ese género lo parecía.

La quema de libros: belleza y estremecimiento

Momentos cumbre son la quema de libros. El departamento legal de la Universal le dijo que no utilizara ediciones verdaderas por posibles demandas; Truffaut no hizo caso, por suerte. Ver cómo se van quemando esos títulos provoca una de las sensaciones más extrañas que un espectador pueda tener: por una parte, está rodado con una belleza absoluta y, por otra, te pone la gallina de piel, como diría Johan Cruyff, al ver cómo van desapareciendo.

Por cierto, el primer libro que se ve escondido en una lámpara es El Quijote.

La carencia como tema truffautiano

Muy recomendable este Fahrenheit 451, donde Truffaut también trata el tema de la carencia. En Los 400 golpes, Doinel crecía sin cariño; en El pequeño salvaje, el niño carecía de lenguaje; aquí carecemos de libros y de cultura, y si siguen con su filmografía verán que el tema aumenta.

Qué mejor idea que recurrir a su cine para no carecer tampoco nosotros de lectura y, de paso, amar más la literatura. Nunca se sabe si en un futuro también seremos hombres-libro.

15/04/2021

La Familia Vila de Iquino, un antecedente de El mundo sigue de Fernán Gómez

 


Acostumbro a escuchar el podcast de "Cowboys de medianoche", el espacio que presenta Luis Herrero y que tiene como contertulios a José Luis Garci, Eduardo Torres-Dulce y Luis Alberto de Cuenca, en este tienen una sección que se llama “La prueba del algodón” http://www.radio-espana.es/podcasts/cowboys-de-medianoche en el que repasan la filmografía de un actor y comprueban si tiene más de 15 obras maestras, en el del día 9 de abril le tocó el turno al gran Pepe Isbert y la pasó (pueden escucharlo en el enlace a partir de 1:06:32). Claro está que los cowboys no son muy exigentes a la hora de definir los criterios de lo que es una obra maestra, películas como Ella, él y sus millones o Un caballero andaluz que están muy bien, son por ellos calificadas con las cinco estrellas, algo que creo exagerado.  Garci lo argumenta diciendo que hay que reivindicar el cine español, una vez acabado el programa consulté la filmografía del gran actor porque quise recordar una que ni siquiera citaron La Familia Vila, me hubiera gustado saber la valoración de esta...

Se encuentra la película en YouTube, al parecer no hay más copias, no se ha visto mucho en televisión, un pase lejano en Antena 3 TV el 28 de junio del 91 y luego ya hubo que esperar 24 años hasta que la Betevé la rescatara en su espacio de "Barcelona i acció" un 5 de julio de 2015, la programó con un aviso de que la copia no se veía muy bien, pero que por su interés histórico se emitía, no recuerdo más pases. El estado de la película de Ignacio F. Iquino no es el mejor, pero no por ello ha de caer en el olvido, también me pregunto por qué no se mejora y restaura, es del año 1949, y narra las andanzas de una familia de clase media humilde que vive en la casa de la  C/Petritxol esquina con la Plaza del Pino de Barcelona. El padre (Pepe Isbert) es un hombre honrado con unos principios muy marcados que tiene cuatro hijos, una de las cuales (Elvira) es lo que antes se decía “la oveja negra” y huye de esa familia "chapada a la antigua" como ella misma define con su novio.



 Por el contrario, el polo opuesto está representado en su hermana Carmen que tiene una vida resignada, la relación entre las dos no es buena, la primera es presumida, tiene un trabajo, y se pasea por el barrio con el lujoso cadillac de su novio, lo cual llama la atención de los vecinos. ¿Les suena esto a otra película? Más de un lector creo que habrá contestado afirmativamente, sí El mundo sigue de Fernando Fernán Gómez de 1962, su película maldita. Evidentemente no son iguales, pero sí que tienen varios puntos de vista en común y no me extrañaría que hubiera servido de fuente de inspiración.


El mundo sigue fue escrita por el portugalujo Juan Antonio Zunzunegui, sus novelas se enmarcaban en un realismo que cierta crítica vio comparable al de Pío Baroja. Es un autor que no se estudia en la Universidad, doy fe de ello. En la Historia de la Literatura Española de la Editorial Ariel dedicada al siglo pasado, Gerald G. Brown lo califica de “muy zafio y pobre imaginación psicológica, aunque de cierta fuerza realista en sus escenas”. Mejor es la definición en la Enciclopedia de escritores españoles en Lengua castellana de Rosa Navarro Durán, no se oculta que nace en seno de una familia de origen acomodado y que en la Guerra Civil defendió la causa nacional, leemos que “su obra se caracteriza por hallarse vinculada a la corriente realista, desde la que denunció las costumbres morales y sociales de su tiempo. Está considerado un retratista de la burguesía madrileña de su época”.



Y así, efectivamente, la película de Fernán Gómez sigue estas características y es fiel a la novela de 1960. En La familia Vila, en cambio, la historia es del mismo Iquino en compañía de Juan Lladó que colaboró bastante con el director. También es un retrato que denuncia las costumbres sociales y morales, pero, claro está, que había que pasar por el "nihil obstat" de la censura y uno tenía que ser muy hábil para que el guion no se quedara archivado. Más de uno al verla aplicará ese adjetivo peyorativo de “moralista” y tendrá parte de razón. Pero valdría la pena preguntarnos qué se entiende por eso, El mundo sigue también lo es, incluso me atrevería a decir que más. ¿No está hablando Zunzunegui que la descomposición y pérdida de los valores tradicionales de una familia acaban por corromper los principios de las personas? ¿Y no son moralistas también películas recientes que defienden y hasta machacan con otro tipo de ideologías? Esto nos llevaría a un debate, en todo caso hay que observar  los ropajes con las que se viste cada producción.

 El guion de Fernán Gómez pasó el "nihil obstat", aunque se tuvieron que suprimir algunas escenas, en el informe del 3 de junio de 1963 encontramos que "contiene episodios cuya realización conviene cuidar muy especialmente y algunos que deben ser suprimidos”. A efectos de protección económica se la calificó con una discreta “Segunda A”, incluso José Luis Borau que pertenecía entonces a la comisión de la rama de Clasificación le quiso dar una categoría inferior. La junta revisó el filme una vez suprimidas algunas escenas y la calificó como Primera B, sin embargo, no se le vio carrera comercial y no llegó ni a estrenarse en Madrid. Una vez pasado el Franquismo, tampoco se reestrenó y por televisión se pasó una única vez, ha sido en el 2015 que casi con carácter de estreno se ha podido ver gracias al trabajo de "A contracorriente" y de Juan Estelrich hijo. 

Iquino también tuvo sus problemas, La Junta Superior de Orientación Cinematográfica encuentra que la figura de la hermana mayor (la resignada) resultaba antipática, lo cual perjudicaba la intención general del argumento y se podía leer la siguiente frase: “No es ejemplar la bondad si no se acompaña de un mínimo de comprensión y amabilidad”. El director decidió entonces cambiar el reparto previsto y contratar a Maruchi Fresno de la que escribió que era “de una mayor dulzura de expresión y sosiego de ademanes que la antes por nosotros elegida”. La sucesión de problemas en el argumento no era bien vista y en algún que otro informe remitido al Ministerio como el del delegado provincial en Cuenca se reflejaba que “deja caer tal número de desgracias que lejos de provocar lástima mueve a hilaridad”.

 Estamos, pues, en una prueba palpable de lo que he dicho antes, el tema de cómo se viste la historia, Ignacio Ferrés Iquino es uno de los mejores directores que hemos tenido y por favor no se me lleven las manos a la cabeza, él supo crear una industria, dar de comer a muchos que trabajarían luego en el cine y como buen catalán calculaba muy bien lo que podía gastar y ahorrar, se dijo de él que era el Roger Corman español. En esta producción que fue la primera que produjo en solitario empleó todas sus habilidades para que no pasara por una película cruel y de aquellas que te dejan clavado en la butaca una vez finalizada, como sí pasa en la de Fernán Gómez, son dos estilos diferentes.

 Por ejemplo, en las dos tenemos el tema de la rivalidad y envidia entre hermanas, En La familia Vila, esta se muestra más de manera implícita, ya sea por la situación en la que están en la mesa o en la frase que suelta Elvira (Juny Orly) sobre ella. Fernán Gómez, en cambio, utiliza diálogos muy fuertes de enfrentamiento, incluso recuerdan a los programas basura de corazón de Tele 5, algo que le da un toque actual a la producción y es que poco hemos cambiado en verdad. Ustedes recordarán el final de El mundo sigue y lo que pasa con las hermanas, me permitirán que no lo diga por si alguien no la ha visto, pero en la de Iquino tenemos una escena  que recuerda, en parte, aquella. Sin embargo, el director de Valls para evitar que se le tache de folletinesco la convierte en una pesadilla de la que la protagonista despierta, algo que hará que la escena que vendrá a continuación, ya real, tenga una intensidad emotiva fuerte.

El coche lujoso, que en la de Fernán Gómez se pasea Luisa (Gemma Cuervo) para presumir y dar rabia a su hermana resignada (Lina Canalejas), tiene también su borrador en la Familia Vila, salvo que Iquino evita que la familia se lo critique, aunque implícitamente sí está el rechazo a esa actitud y para evitar el diálogo de enfrentamiento utiliza un Pepe Isbert bajando del tranvía y viéndolo sin que se sepa muy bien si así ha sido realmente, luego una malévola pregunta de una vecina, enfocada en un primer plano anterior, provoca el chivatazo.



En la película de Iquino encontramos a un sacerdote que es quien guía y que se aplique la doctrina del "hijo pródigo", la figura del “director espiritual” era antes muy apreciada y respetada en las familias católicas y constantemente se le pedía consejo y su palabra era lo que guiaba. En El mundo sigue hallamos a uno de los hijos que estudió para cura, pero que tuvo que dejar el seminario y que constantemente está rezando, tal personaje está muy maltratado, sus padres le reprochan que esté dando sermones y lecciones morales, probablemente les choca que ellos estén cometiendo el pecado de omisión al permitir que su hija se prostituya. Aquí puede haber dos lecturas, una crítica por parte de Zunzunegui a la pérdida de valores religiosos o de vivir un cristianismo teórico, pero no puesto en práctica, o por otra parte la creación de un personaje totalmente desfasado que es incapaz de enfrentarse a cualquier situación, incluyendo la suya personal ya que no consiguió la ordenación episcopal. También la actitud es diferente a la de los padres en La familia Vila, Isbert no acepta la huida de Elvira y le comunica que para él está muerta. Sin embargo, el perdón que es una de las bases del catolicismo acabará guiando su actitud

La Familia Vila empieza con unas imágenes en tono casi documental del barrio del Pino (El Pi en catalán) de Barcelona, la voz en off nos adentra en un espacio agradable, en el que se elogia la sencillez de sus vecinos, los valores cristianos son presentados al enfocar la bella Basílica del Pino “cuna y raíz de los barceloneses” como se nos resalta. Isbert forma parte de una asociación de vecinos que  que incluso le querrán ayudar a él económicamente cuando pierde el trabajo. En El mundo sigue la cámara enfoca el barrio de Maravillas de Madrid, pero no hay ningún elogio al barrio, no hay la voz en off que nos lo presente, la crueldad incluso llega a niveles altos, las mujeres son seguidas y acosadas en plena calle. Iquino también retrata el tema del machismo, pero para evitar que la censura le dijera algo, lo pone en el tren en el que va Elvira donde un personaje algo siniestro y sin palabras empezará a fijarse en ella. 

La Familia Vila empieza y acaba con una sardana (Per tu ploro de Pep Ventura), era una tradición antiguamente la de ir a escucharlas y bailarlas quien supiera, para ello escoge el parque de la Ciudadela un domingo y eso le servirá para mostrar a la familia unida, algo que gustaría mucho a la censura del momento y que le evitaría disgustor de tener que cortar alguna escena, para rematar la jugada sale la voz en off con el timbre del momento (el sonido en el vídeo falla) y que se encarga de explicarnos los valores de la familia por si a alguien no le había quedado claro. Este recurso era algo típico en las produciones de la época, a Rovira Beleta en Hay un camino a la derecha le obligaron a poner una al final.





 En El mundo sigue, en cambio, no hay ningún momento alegre de familia unida que permita planos de un Madrid acogedor, el pesimismo lo impide. Iquino muestra un gran homenaje a Barcelona, aparte del ya descrito del barrio, con esos planos en los que vemos incluso el desaparecido Casino-Restaurante de 1916 derrumbado en 1964 para que el parque recupera el diseño ochocentista.

En cuanto el tema del arrepentimiento, Fernán Gómez si que opta por aplicarlo en el personaje de Gemma Cuervo tras lo que sucede, pero de modo forzado, sin embargo Iquino se decanta por enfocar el Cristo de la Sangre de la Basílica del Pino en la procesión del Viernes Santo, resulta interesante la imagen de este Cristo ya que era el que acompañaba a los condenados cuando iban a ser ejecutados en Barcelona, Elvira se arrodilla con una mirada emocionada hacia el balcón donde su familia está arrodillada.


La Familia Vila y El mundo sigue son películas con la misma raíz y con la misma tematica, pero Iquino premia quien sigue los valores ético/cristianos mientras que Fernán Gómez los castiga (véase el papel de Lina Canalejas), la primera respira optmismo y esperanza, en la segunda apenas hay hueco para esta. Las instituciones para el director de Valls son necesarias: La Iglesia con el sacerdote que he comentado, el Estado con ese Consejo de Ministros que acaba arreglando todo, etc. En El mundo sigue no hay apenas papel para estas, si bien la de Iquino solo se puede enmarcar en la fecha en que está rodada, la de Fernán Gómez es más atemporal, a pesar de que muchos la ven como una crítica al Franquismo, creo que Zunzunegui la escribe atacando más la falta de valores y el egoismo de una sociedad más que cargando contra el Régimen

En el plano técnico, La Familia Vila es una película muy rica en planos, a menudo los retrata desde arriba, algo que también sucede en El mundo sigue, Iquino consigue momentos muy conseguidos como cuando el padre acompaña a dos de sus hijos a estudiar y pasa por diversas calles, entre ellas una Plaza San Jaime con la Generalitat que en aquellos tiempos era la Diputación. Para la emotiva escena de la muerte del abuelo juega con la luz de las persianas de librillo tan típicas en edificios barceloneses, también tenemos un juego con las escaleras del piso, no tan trabajado como en la de Fernán Gómez, pues ahí conseguía toda una maravilla, pero Iquino le saca bastante jugo con esa sombra y ese momento dubitativo de llamar a la puerta con el juego de la pesadilla y lo real, y la música de Josep Casas i Augé que consigue el efecto dramático deseado.



También destaca el momento en que comen juntos, queda patente la humildad de la casa con ese abuelo que va escondiendo los huesos o el hijo que quiere ser arquitecto y que nos hace pensar que es muy ambicioso, pero que sin embargo lo que está pensando es en mejorar su calle con esos jardines colgantes. También hay el detalle de que la puerta solo la abren las mujeres como dice en un momento, pero luego cambiará. El jefe de Isbert es interpretado por Juan de Landa, corpulento actor al que le saca provecho jugando con el físico y oscureciéndole la cara por el juego sucio que le ofrece.




 En la parte negativa creo que el final del personaje del novio de Elvira es algo apresurado, una lástima pues da bastante juego, representa por un lado un equilibrio entre ambas partes, probablemente para evitar lo que pudiera ser un posible embarazo y tratar el tema del aborto, Iquino prefirió que mejor era economizar y no desarrollar más ese noviazgo e iniciar la redención de ella. Pese a carencias como esta, La familia Vila es una notable película y un claro antecedente de El mundo sigue y vuelvo a remarcar que Iquino fue un realizador que merece un hueco importante en la historia del cine español. Por desgracia se vio obligado a dirigir un cine a partir d ellos 70 del todo olvidable y no pudo realizar proyectos que tenía y que hasta en sus últimos días soñaba con hacer. Murió sin hacer ruido, pidiendo que se publicara la noticia dos meses después, algo que se guardó, pero que uno teme que fue porque aquellos a los que alimentó le olvidaron por completo. Pueden ver la película en Youtube, por cierto, una curiosidad, aquí Pepe Isbert está doblado, aunque su nieto dice en Filmaffinity que es su voz, pero en películas anteriores a esta ya mostraa su voz típica. Una cosa, la Betevé la ofreció cinco días antes del reestreno de El mundo sigue  ¿Habrá quien piense como yo también? 

08/04/2021

Desfile de Pascua, un musical alegre para estos días

 




Es tradicional en los EEUU y más concretamente en Nueva York celebrar un desfile el Domingo de Pascua, aunque ha ido transformándose con el tiempo, sigue con su carácter festivo y alegre, siempre que los virus lo permitan... En un principio, tenía un carácter más religioso obviamente, la gente se vestía elegantemente y más de uno aprovechaba para estrenar ropa, algo que también aquí se hace o se hacía, pero en el Domingo de Ramos que marcaba, aparte de su significación religiosa, la primavera ya plenamente activa y el abandono de la ropa de invierno. Las iglesias de Nueva York se adornaban espectacularmente, especialmente la Iglesia Episcopal Trinity , la Catedral de San Patricio y la Iglesia Episcopal de Santo Tomás. Irving Berlin recogió la esencia del desfile en una canción “Easter Parade” para su revista musical estrenada en 1933 As Thousands Cheer. La había escrito originalmente en 1917,  y fue cantada por primera vez por Marilyn Miller y Clifton Webb:

   

 También Don Ameche en Alexander's Ragtime Band (1938) :

   

Bing Crosby  en la película Holiday Inn(1942) de la que hablamos en este blog:

 

En 1948, Judy Garland y Fred Astaire la interpretaron en la película musical Easter Parade (Desfile de Pascua) , que se construyó alrededor de la canción (algo parecido como con Navidades Blancas (1954) de Michael Curtiz y también con música de Berlin en este caso para la Paramount) y que fue el mayor éxito de la MGM aquel año.

 Curiosamente en España no se llegó a estrenar nunca y nos tenemos que remitir a pocos pases televisivos, uno el 1 de febrero de 1980 en la "Primera Sesión" de TVE; el 15 de diciembre de 1990 en el espacio televisivo de Antena 3 “Polvo de estrellas” (recordarán que era un espacio contenedor de películas que presentaba Carlos Pumares en el inicio de esta televisión y aprovechaba el tirón cinéfilo de su programa homónimo en la radio) y luego en una madrugada del 7 de septiembre del 92 en la misma cadena, para luego no tener noticia de la película salvo por canales ya no generalistas.

  Desfile de Pascua es un musical dirigido por Charles Walters, el director de Lilí (1953) para que lo vayan conociendo. Actor, bailarín y coreógrafo en Broadway, firmó en 1942 por Arthur Freed para la nueva unidad musical de MGM y trabajó como director de danza de 1943 a 1946, luego hizo la transición a director de cine, especializándose en musicales y comedias.

   

 Permaneció en la Metro desde 1947 hasta 1964. No hace mucho lo cité, pues cuando en Rey de reyes de Nicholas Ray se rodaron escenas nuevas, fue él quien se encargó, a pesar de ser una temática muy distinta a su especialidad. Su única película fuera de la compañía del león fue Walk Don't Run (1966) que aquí se tituló Apartamento para tres y que supuso la despedida de Cary Grant del cine.

   

Desfile de Pascua en un principio iba a ser dirigida por Vincente Minnelli, pero al contar con Judy Garland, la Metro prefirió que rechazara el proyecto, las relaciones de la pareja atravesaban un muy mal momento y Walters asumió la dirección. Tampoco Fred Astaire era el actor inicialmente previsto, sino que era un papel para Gene Kelly, pero se lesionó la clavícula y no pudo rodar la tercera aparición con la Garland después de For me and my gal (1942) y El Pirata (1948) de Minnelli. Dos años más tarde de Easter Parade pudieron reencontrarse y también de la mano de Charles Walters en Repertorio de verano. 

Desfile de Pascua cuenta con números excelentes como el "Drum Crazy" que baila Astaire en el comienzo en la tienda de juguetes:

   

Stepping out with My baby donde en el mismo plano se ralentizaba el baile de Astaire :

   

"A Couple of Swells" donde Astaire y Garland dan vida a un par de vagabundos y que es quizá el mejor número de la película:

   

O el "The Girl on the Magazine Cover "cantado por Richard Beavers y bailado por Ann Miller y desarrollado por Robert Alton, elegante y suntuoso.


Probablemente no gustará a quien no sea muy seguidor del género, hay un total de 17 números glamourosos bastantes de los cuales no participan directamente en la trama sencilla de un bailarín (Astaire) que tras ser abandonado por su pareja de baile (Ann Miller), encuentra a una bailarina (Garland) por la que siente atracción y de la que se enamora.
 
Supuso un reinicio de la carrera de Astaire que estaba algo olvidado desde el fracaso de Yolanda y el ladrón de Minnelli, y le permitió seguir otra buena senda de musicales con éxito en taquilla en los 50, recordemos Bodas reales (1951) de Stanley Donen, Melodías de Broadway 1955 (1953) de Vincente Minnelli, Papá piernas largas (1955) de Jean Negulesco, La bella de Moscou (1957) de Rouben Mamoulian o Una cara con ángel (1957) también de Donen. Luego ya dejaría el género para aparecer esporádicamente en comedias y algún que otro papel serio, aunque Francis Ford Coppola lo recuperó para el curioso musical El valle del Arco Iris.(1968).

En cuanto Judy Garland supuso uno de sus grandes últimos éxitos, la actriz ya mostraba por desgracia sus problemas de salud e intentó suicidarse tras rodar El pirata. La MGM acabaría cortando con ella tras Repertorio de verano (1950) y más de un rodaje posterior tuvo que abandonarlo, George Cukor le daría uno de los papeles de su vida en 1954 con Ha nacido una estrella, en el 61 la veríamos en un pequeño papel impresionante en Vencedores o vencidos (1961) y en 1963 se despediría del cine con Ángeles sin paraíso de John Cassavettes y la inédita, aunque recuperada en DVD, I Could Go On Singing (Podría seguir cantando) de Ronald Neame. El 22 de junio de 1969 muere en Londres a los 47 años de una sobredosis de barbitúricos.

Recomiendo que vean Desfile de Pascua, musical a medio camino entre el clásico y el que ya se estaba gestando, la vitalidad que irradia la podrán utilizar eficazmente para estos tiempos oscuros que falta hace.

30/03/2021

Homenaje a Antón García Abril

 

 
 Las Nenas del mini mini, una de las bandas sonoras más características de Antón García Abril.


   El pasado 17 de marzo fallecía víctima del COVID el compositor Antón García Abril, con él se iba uno de los grandes nombres del cine español. En más de una crónica se marginó que fue Pedro Lazaga quien le dio la oportunidad de estrenarse en el séptimo arte y ser su fiel colaborador nada menos que en 68 películas durante 22 años y que le llevó a una gran popularidad y a desarrollarse como músico.

Las comedias españolas de aquella época nos acompañaron a bastantes y sus melodías nos quedaban siempre bien grabadas, trabajo nada fácil y ahí está uno de los grandes rasgos de García Abril que sabía combinar lo popular con lo culto.

Elaboro este post de homenaje donde repaso algunas de sus bandas sonoras y que servirá también de viaje melancólico, también para aquellos que no lo conocían, pues verán que muchas las conocen. Obviamente, no puedo poner todas ni tampoco algunas que me hubiese gustado, pero que en youtube no se encuentran, por tanto me curo en salud y ya pido disculpas por si alguien echa en falta alguna.

 Y comenzamos con su debut: Torrepartida (1956) de Pedro Lazaga, película de bandoleros con 
ametralladoras

  

En 1957 consigue uno de sus primeros éxitos, componer la música de Las muchachas de azul, uniforme de lo que eran las "Galerías Preciados", para los más jóvenes decirles que fueron unos grandes almacenes bastante populares, algo así como el Corte Inglés, en 1995 desaparecieron. La película la dirigía Lazaga y estaba producida por Dibildos que iniciaba una serie de comedias blancas que venían a ser la respuesta de las comedias americanas de Negulesco.

   

 En 1959 consigue otro gran éxito, una música que quedaba perfectamente adaptada a la historia con exquisito toque popular y castizo, hablamos de Los tramposos también de Lazaga, una muy divertida comedia:

 

En 1961 compone su primer western Tierra brutal que es además el primero que se realiza en España, dirigido por un anodino Michael Carreras contaba en el reparto con Richard Basehart, Don Taylor, Paquita Rico, Fernando Rey o José Nieto entre otros:

   

 García Abril en pocos años ya se había convertido en el músico más popular del cine español, la banda sonora de Las nenas del "mini-mini"  (1964) con su dabadabada le convertiria en uno de sus signos característicos

   En 1966 trabaja para una coproducción hispano-alemana de terror cuyo título era La isla de la muerte dirigida también por un semidesconocido Erns von Theumer, la composición indicaba que Abril tenía muchos registros en su haber y su nombre ya cruzaba fronteras:

   

Los más aficionados y que reivindicamos las mal llamadas españoladas, sabemos bien que una de sus principales características son este tipo de introducciones que tan bien sabía construir Lazaga, La ciudad no es para mí (1965) es de las mejores, el gran éxito de taquilla de la película de Martínez Soria también ayudó a que se difundiera su banda sonora:

   

En 1967 le viene uno de sus grandes éxitos Sor Citroen, otro mítico "dabadaba" que estaba teniendo gran fuerza también en Francia con el tema de Francis Lai de Un hombre y una mujer. Abril ese año trabaja para 12 películas y lo que es más curioso, consigue que prácticamente en todas haya un tema pegadizo: Un millón en la basura, Las cicatrices, Los guardiamarinas, ¿Qué hacemos con los hijos?, Los chicos del Preu, Novios 68, Al ponerse el sol, Las que tienen que servir,  El turismo es un gran invento, incluso trabaja para Il cobra una película italiana que contaba en su reparto con Dana Andrews, Anita Ekberg y Jesús Puente

   

 Ese año compone otro western de los varios que hizo, Adiós Texas de Ferdinando Baldi con Franco Nero, su estilo intentaba alejarse algo del de Morricone y acercarse más al western clásico estadounidense:

 

En 1968 sigue con sus "dabadaba", y para Lazaga compone también otro éxito, el de Las secretarias

 

Con Dibildos fue también fiel colaborador, dirigida por Fernando Merino compuso esta partitura divertida de Los subdesarrollados en 1968 sobre las peripecias de Julio y Timoteo de la International Investigation Spanish Section, ahí teníamos a Tony Leblanc, Alfredo Landa, Manolo Gómez Bur, Laura Valenzuela, Lina Morgan, etc:

   

Saltamos ya a 1970, Abril seguía con Lazaga y su estilo de introducción seguida de los créditos, Verano 70 era otra buena muestra:

   

Ese año consigue nuevos propósitos con La noche de Walpurgis de Leon Klimovsky, inicio de las películas con nuestro admirado "Hombre lobo" Paul Nachy

   

Abril a pesar de haber abordado ya otros géneros, se siente a gusto con la comedia, la cual no deja, y en 1971 compone una de las canciones de las que dicen ahora "kitsch", se trata de una producción de Pedro Masó, Las ibéricas CF, que más de uno aunque reniegue de ella la habrá escuchado más de dos veces;

 

Con Mario Camus inicia otra fructífera colaboración y escribe la partitura de La leyenda del Alcalde de Zalamea  (1972) que le permite más registros:

  

Al año siguiente consigue un gran éxito para la serie de TVE Los camioneros con su estilo peculiar y pegadizo

 

1976: Curro Jiménez, la mítica serie de TVE, su tema principal y quizá el más famoso fue escrito por Waldo de los Ríos, pero García Abril escribió bastantes temas como este "Duelo de navajas" que tuvo su popularidad también.

 

  

A pesar de tales éxitos, en cine sigue con comedias populares como este Fin de semana al desnudo de Mariano Ozores de 1974

   

En 1976 con el inicio del cine de destape logra otro de sus grandes hits con La lozana andaluza, habitual mezcla de cine erótico y picaresco de la mano del inefable Vicente Escrivá adaptada de la obra de Francisco Delicado, la partitura le sirve también para seguir demostrando que se amolda a cualquier género:

 

A pesar de que el cine español va cambiando, García Abril sigue con comedias, ahí tenemos Rocky Carambola (1978) una película del llamado cine infantil que tan bien se le dio a Javier Aguirre y que en esta ocasión contaba con Torrebruno o La boda del señor cura de un Rafael Gil en horas ya bajas

   

Para Pilar Miró escribe El crimen de Cuenca en 1979:  

 A la directora le gustó su música y volvió a contratarlo para Gary Cooper que estás en os cielos (1980) En TVE compone varias de sus piezas más recordadas, como la que muchos es su obra maestra Fortunata y Jacinta  

Aunque para otros su gran tema es el de El hombre y la tierra, la inolvidable serie documental de Félix Rodríguez de la Fuente (1975)

   

En 1981 escribe la partitura de la serie Cervantes de Alfonso Hungría:

  

Y a esta le sigue la de Ramón y Cajal de José María Forqué:

   

En 1982 vuelve con Camus y le compone La colmena, adaptación de la excelente novela de Cela, música que el director utilizó excesivamente

   

Mucho mejor me parece la partitura igualmente con Camus para Los Santos Inocentes (1984)

 

En cine ya prácticamente desaparece, su último trabajo según el IMDB fue con El fraile (1990) de Francisco Lara Polop. Pero volvamos a los 80 y a su etapa en TVE, ahí escribe la música de Los desastres de la guerra y Anillos de oro (1983)

   

Un curioso trabajo que hizo para TVE fue el de componer las músicas de las cortinillas, lo podemos ver en El crack, Garci aprovechó muy bien el tono melancólico de estas y le pidió al músico si podía utilizar su música, algo que García Abril accedió sin ningún tipo de inconveniente:

   

 En 1985 compone la música de la miniserie Monsignor Quixote, escrita por Graham Green Y en 1986 compone para TVE Segunda Enseñanza, que venía a ser la precursora de las series ambientadas en institutos y que servían para que actores aun muy jóvenes se dieran a conocer

   

En 1989 escribe la música de la exitosa Brigada Central de la que escribiría también la segunda parte:

   

Entre estas dos, compuso este bello tema para la serie Réquiem por Granada, algo olvidada hoy en día, es uno de sus mejores trabajos:

   

En 1994 se reencuentra con Pedro Masó en la serie de Antena 3 TV Compuesta y sin novio, se trataba de una serie con Lina Morgan mezclando drama y comedia. Supuso para el músico una cierta vuelta a sus orígenes

 

 García Abril también tiene numerosos trabajos en el campo de la música clásica, su cantata Alegrías de 1979, Concierto Aguediano, Homenaje a Sor, etc. También escribió para obras de teatro como Mariana Pineda, Luces de Bohemia, La Celestina. En 1997 escribe una ópera Divinas palabras surgida al amparo del quincuagésimo aniversario del fallecimiento del dramaturgo Ramón María del Valle-Inclán y basada en su tragicomedia homónima. También escribió comedias musicales como Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores o Mata Hari, además de otros programas, documentales, etc En 2014 recibe la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España por su contribución a las bandas sonoras.

25/03/2021

El Rey de reyes (1961) de Nicholas Ray

Rey de reyes (1961), la personal visión de Nicholas Ray sobre la vida de Cristo


Rey de reyes de Nicholas Ray: un Jesús insólito y profundamente humano

Tiempo de Semana Santa, y excusa perfecta para revisar algún que otro título de los llamados péplums bíblicos, entre ellos los dedicados a la vida de Jesús, películas que, por otra parte, resultan interesantes en cualquier época del año. De todas ellas, hay una que cada vez gana más en mi estima: Rey de reyes, de Nicholas Ray.

A veces tengo la sensación de quedarme solo en esta elección. La crítica suele acoger con pasión la versión de Pasolini y acostumbra a subvalorar las demás. Tampoco parece entusiasmar demasiado a ciertos sectores de la Iglesia católica. Para Mn. Peio Sánchez, responsable del Departamento de Cine del Arzobispado de Barcelona, la película de Ray resulta limitada, y peor todavía es la valoración que hace de La historia más grande jamás contada, de George Stevens, a la que califica de mala en su análisis sobre Jesucristo en el cine.


De John Ford a Nicholas Ray: un proyecto cambiante

En un principio, la superproducción de Samuel Bronston estuvo pensada ni más ni menos que para John Ford. Después pasó a John Farrow, que pensaba titularla La espada y la cruz y planeaba utilizar únicamente palabras procedentes de la Biblia. Aquel guion resultó imposible de filmar y no se supo más del proyecto en esa forma.

Finalmente fue a parar a Nicholas Ray, que, al contrario que los directores mencionados, no profesaba al menos abiertamente una religión, aunque sí se sabe que su padre había pasado del catolicismo al luteranismo.


Jeffrey Hunter y la ruptura de un tabú

Ray barajó varios actores para el papel de Cristo. Keith Michell parecía una de las primeras opciones, pero, al no convencer a los productores, se pensó también en Christopher Plummer, Peter Cushing o incluso Max von Sydow, que años después lo encarnaría en la película de George Stevens.

Por consejo de John Ford, el elegido fue finalmente Jeffrey Hunter, que ya había trabajado con Ray en La verdadera historia de Jesse James. El actor tenía unos profundos ojos azules, y esa mirada era precisamente la que el director quería explotar en los primeros planos.

Conviene recordar que, salvo algunas excepciones —como la película muda de Cecil B. DeMille con idéntico título—, a Jesús no se le mostraba el rostro en el cine. Se pensaba que podía resultar ofensivo y perjudicar la acogida del filme. Por ejemplo, en Ben-Hur aparece de espaldas, mostrando solo la mano o visto de lejos, sin que lleguemos a contemplar su cara.

Aquí ese tabú se rompe, y naturalmente hubo reacciones en contra. Algunos consideraban que Hunter tenía un rostro demasiado joven. Incluso, en tono irónico, la película llegó a ser conocida como “Yo fui un Jesús adolescente”. Sin embargo, esas objeciones olvidaban algo esencial: Hunter tenía 33 años cuando comenzó a interpretarlo, exactamente la edad tradicionalmente atribuida a Cristo en el momento de la crucifixión. La polémica, por tanto, resultaba bastante estéril.

Además, Hunter se tomó el papel con enorme seriedad. Evitó toda exposición de su vida privada durante el rodaje, llevó una nariz postiza de masilla y se afeitó el pecho para adecuarse mejor al personaje.


Un Cristo rebelde entre la contemplación y la acción

Bronston no quería ninguna polémica que pudiera perjudicar la reputación del filme y llevó el guion nada menos que al papa Juan XXIII, quien lo aprobó. También quiso evitar conflictos con la comunidad judía, de modo que se eliminaron aquellas alusiones que pudieran presentar a los judíos como los grandes culpables de la historia, algo que, por cierto, la censura española echó de menos en sus informes.

Ray decía que no quería hacer una epopeya, sino una crónica que diera la impresión de ser contemplada por primera vez. Su intención era presentar a Cristo también como un rebelde, en clara consonancia con otros personajes de su filmografía, y relacionarlo con preocupaciones muy contemporáneas: el conflicto entre contemplación y acción, el inconformismo, la libertad y la violencia.

La tarea no era fácil, pero para ello contó con un guion hábil de Philip Yordan, que jugaba con la comparación entre Jesús y Barrabás: el primero como defensor de la paz; el segundo, como partidario de la violencia contra la opresión. También se introducía la idea de que Judas no lo traiciona por dinero, sino por intentar provocar una reacción que empuje a Jesús hacia una respuesta violenta.


Un guion supervisado entre Hollywood y la tradición católica

Ray Bradbury escribió la narración, y Diego Fabbri, secretario del Centro Católico Cinematográfico, supervisó los textos en relación con las Sagradas Escrituras. Fabbri gozaba de gran prestigio y acababa de colaborar con Rossellini en El general de la Rovere. La adaptación de la versión española corrió a cargo de Enrique Llovet, que seguiría colaborando con Bronston.


Carmen Sevilla y el esplendor del reparto español

Muchos recuerdan la película por la presencia de Carmen Sevilla como María Magdalena. Su relación con Nicholas Ray, según se cuenta, fue excelente. Se aprendió de memoria los diálogos en inglés y su voz no fue doblada en la versión original: ella misma viajó a Hollywood para doblarse. Curiosamente, en la versión española sería María Luisa Solá quien le prestara la voz. Su interpretación no pasó desapercibida, y la revista francesa Cinémonde le dedicó una portada.

En el reparto encontramos además a numerosos actores españoles: Conrado San Martín, Gerard Tichy, Antonio Mayans, José Nieto, Rubén Rojo, Félix de Pomés, Luis Prendes, Rafael Luis Calvo, Fernando Sancho o Paco Morán. También pueden verse, si uno se fija bien, a Frank Braña, Cris Huerta e incluso al mismísimo Paul Naschy. Fernando Rey llegó a interpretar al personaje de Abdul, aunque su presencia fue finalmente eliminada en el montaje.


Siobhán McKenna, Robert Ryan y los rostros internacionales

Entre los nombres internacionales destacan Robert Ryan como Juan el Bautista, Harry Guardino como Barrabás y Rip Torn como Judas. Personalmente, siempre me ha llamado mucho la atención la actriz que interpreta a la Virgen María, Siobhán McKenna, una intérprete relativamente poco conocida para el gran público, pero que compone aquí una figura de enorme calidez humana y de profunda inquietud ante lo que está por suceder.

Creo que, de todas las actrices que han encarnado este papel, es una de las que mejor lo ha entendido, ya sea por el guion, por sus dotes interpretativas o por la dirección de Ray.


MGM, cambios de montaje y la huella de Ray

El presupuesto se fue disparando a medida que avanzaba el rodaje y Bronston necesitó nueva ayuda financiera. La MGM se interesó por la película, aunque exigió algunos cambios: más escenas de lucha, que no fueron dirigidas por Ray sino por Charles Walters, y el control del montaje final. Asimismo, se cambió el cartel, que recuerda bastante al de Ben-Hur.

Aun así, no puede decirse que en el resultado final no se perciba la mano de Ray. Escenas como el prólogo con la entrada de Pompeyo en Jerusalén, la muerte de Herodes, el sermón de la montaña, la última cena o la crucifixión llevan claramente su sello. También ese cromatismo tan característico de su obra, donde el rojo de los romanos contrasta con el blanco asociado a Cristo y su entorno.


El sermón de la montaña y la fuerza visual de la película

Volviendo al sermón de la montaña, el operador Manuel Berenguer ató cables entre los olivos para permitir el desplazamiento de las cámaras. Ese travelling se ha convertido ya en una de las secuencias más célebres de la historia del cine.

Los decorados corrieron a cargo del gran Enrique Alarcón, y resulta inolvidable, por ejemplo, el diseño de la mesa de la última cena. Entre los ayudantes de dirección figuraba José López Rodero, quien años más tarde dirigiría la secuencia de los monos en 2001: una odisea del espacio.


Los estudios Bronston, La Pedriza y el Jordán español

La película se rodó en los estudios que hasta hace poco fueron los Estudios Buñuel de Madrid, en la avenida de Burgos, hoy convertidos en pisos de lujo. En su momento fueron los estudios más grandes de Europa. Primero se llamaron Sevilla Films, luego Chamartín y más tarde Bronston, cuando el productor los compró para rodar allí sus grandes superproducciones.

Fue en ellos donde se construyó el Templo de Salomón y buena parte de los decorados que vemos en pantalla. Para los exteriores se utilizó la zona de La Pedriza, en las afueras de Madrid, y el río Alberche pasó a convertirse en el Jordán.


Miklós Rózsa y una película mejor de lo que se dijo

Y, por supuesto, no podemos olvidarnos de la partitura del gran Miklós Rózsa, en la que destacan sobre todo los acentos místicos por encima de las marchas solemnes. Para más de un crítico se trata incluso de una de sus mejores obras.

Como decía al principio, la crítica no fue demasiado justa con la película. Bronston, que estaba preparando El Cid y había contratado a Mario Nascimbene para la música, acabó despidiéndolo y volvió a recurrir a Rózsa al comprobar que en muchas reseñas se repetía que lo mejor de Rey de reyes era precisamente la composición del maestro húngaro.


Una visión de Cristo que merece ser reivindicada

Rey de reyes no es solo una superproducción bíblica más, ni una simple película de Semana Santa para recuperar en estas fechas. Es una obra profundamente personal dentro de los márgenes del gran espectáculo, un intento serio de pensar a Cristo desde el cine, desde la sensibilidad moderna y desde las contradicciones del ser humano.

Quizá por eso sigue resultando tan valiosa. Porque detrás de sus decorados monumentales, de su música majestuosa y de su imponente reparto, late una mirada singular: la de Nicholas Ray, un director capaz de encontrar incluso en la figura de Jesús a uno de sus grandes personajes heridos, libres e incómodos.

Enseñar a un sinvergüenza (Agustín Navarro, 1970)

100 años de Alfonso Paso: 'Enseñar a un sinvergüenza', del fenómeno teatral a la postal de época en el cine Este a...